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LOS COMBATIVOS REQUENENSES / Víctor Manuel Galán Tendero.

                El veraniego julio de 1936 quedó irremediablemente marcado por la tragedia en España, la del comienzo de la Guerra Civil. El presidente del consejo de ministros y ministro de la guerra Santiago Casares Quiroga no se tomó al comienzo muy en serio la insurrección de parte del ejército en el protectorado marroquí. Que se levantaran, que él se iba a acostar. La “humorada” ignoraba la gravedad de la situación, la de una tensión social cada vez menos contenida y la del claro desarrollo de la conspiración contra la República.

La presencia del general Riquelme en Requena evitó que la Guardia Civil se sumara al levantamiento, pero el golpe de Estado había quebrantado irremediablemente la autoridad pública y las fuerzas revolucionarias aprovecharon la oportunidad para ocupar el poder. Se formó un Comité de Huelga compuesto por personas de la UGT, el anarquista Sindicato Único e Izquierda Republicana, que entre el 20 y el 21 de julio se hizo con el control de una importante cantidad de armamento. A principios del mes de agosto el Comité Ejecutivo del Frente Popular resultante se había convertido en la principal autoridad de Requena.

El ayuntamiento había quedado completamente desbordado y postergado. Hasta el 17 de agosto el alcalde-presidente José García Tomás no manifestaría la condena del “movimiento revolucionario sin conciencia” iniciado el 18 de julio anterior.

Mucho se padeció durante aquel tiempo. También mucho se tuvo que deplorar. La correspondencia y los telegramas nos acercan a las preocupaciones individuales de muchas de las personas que tuvieron que sufrir aquella guerra, y la historiografía española comienza a interesarse por estas fuentes privadas, a veces conservadas por circunstancias en archivos públicos, al igual que la de otros países por la de las gentes que participaron en la II Guerra Mundial.

En la correspondencia de algunas personas religiosas de las semanas anteriores al estallido se llega a decir que el diablo parecía caminar por la tierra de España, en las antípodas de Casares Quiroga. Entre el 26 y el 28 de agosto del 36 el Comité ordenó registrar los telegramas recientemente enviados para conocer la situación de un país roto. Aquí no sólo se encuentran los mensajes militares de incorporación a filas o de petición de armas, sino algo quizá más valioso, más humano. Se consignan los telegramas de los que se preocuparon por conocer la suerte de sus familiares y allegados en la tormenta de julio-agosto. Nos encontramos ante un rasgo universal que nos convierte en personas por encima de todo. Muchos de los últimos mensajes de los pasajeros de los aviones del 11-S consistieron en cariñosas despedidas a sus seres más queridos. Esta carga sentimental es muy natural y ayuda a entender por qué la Guerra Civil todavía alienta determinadas pasiones entre no pocos españoles. También nos invita a acercarnos a ella con respeto y humildad.

Fuentes.

ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

Actas municipales de 1935-1936, número 2866.

Expedientes número  10.254/22, 10.714, 10.715,10.719, 10.720, 10.721, 10.722, 10.746, 10.760 y 11.050.

Un país roto.

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