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Requena(28/02/19)

LA BITÁCORA – JCPG

Era la culminación de una obra que llevaba gestándose durante todo el siglo XV. Para Portugal, una auténtica hazaña histórica, clave para colocarlo en los primeros lugares de la historia mundial. En 1498, el marino Vasco da Gama arribó, por fin, a la India. El gran sueño portugués de alcanzar la fuente de las especias, con el fin de competir con el monopolio veneciano, sometido a las exigencias otomanas, se había alcanzado. Seis años hacía que el veneciano Colón había llegado a una tierra nueva, pero en ella no aparecían las codiciadísimas especias.

Tumba de Vasco de Gama. En el monasterio de los Jerónimos. Lisboa.

La empresa de Vasco encontró una India rebosante de cristianos, aunque también muchas riquezas, que eran los objetivos que deseaban alcanzar. El primero de ellos no tenía nada de extraño, pues el Preste Juan, en un tiempo que se hundía en las tinieblas de la historia, había llevado la revelación primitiva a aquella humanidad. Es decir, Vasco encontró a los cristianos de la revelación primitiva. No en vano cuando penetró con sus hombres en un templo hindú, se arrodilló ante los dioses locales, pues contempló tres estatuas que asimiló nada menos que a la Santísima Trinidad.

Lo de Vasco, como lo de Colón, es el comienzo de una gigantesca operación de mestizaje que ha cambiado la faz del planeta. La mezcla con los hindúes creó el criollo-portugués. En el nuevo continente americano, el fenómeno del mestizaje ha sido de tal calibre que contrasta con el supremacismo blanco-protestante del poderoso vecino norteamericano. Con permiso de John Ford, el western ha sido asimilado a un gran operación de maquillaje de la historia del exterminio de apaches, comanches y demás tribus de aquellas tierras. No lo digo yo, sino la profesora Roca Barea. Quizás con un punto de exageración, pero la suficiente para estimular la curiosidad en un público amplio ( ver El País, 9-I-2019, “El indio Gerónimo hablaba español”).

Datos. En la Zamora del siglo XVII, la endogamia era nada menos que del 90%; en cambio, en la Cholula mexicana de la segunda mitad del mismo siglo, el mestizaje era masivo.

Zamora era una ciudad enmarcada en una extensa área rural, y quizás esta condición tenga mucho peso en su realidad social endogámica. Nuestra comarca es sustancialmente rural y agrícola. Vivimos inmersos en un tiempo problemático, cambiante y convulso, cuya amenaza más contundente y temida es la despoblación.

Desde hace años existen entre nosotros personas, familias enteras, procedentes de otros países y otras culturas. Algunas habitan en las aldeas. No voy a pensar que esto sea una salida al gran problema que se nos plantea con la despoblación. Sin embargo, me permite hacer algunas reflexiones, al menos para empezar.

Trabajar la tierra, las viñas. En otro tiempo, llegaron argelinos, marroquíes a vendimiar. Pasaban con nosotros unas semanas. Aquel tiempo ya pasó. Hoy se han instalado junto a nosotros. Me pregunto cómo sentirán la tierra estas gentes, cómo la sentirán sus hijos, que se criarán en ella. ¿La llevarán en sus venas como nosotros? ¿Cómo será su visión de la aldea que habitan?

Hoy pueden existir incomprensiones y desconfianzas. Es natural, es lo resultante de las misma naturaleza humana. La convivencia engendra desconfianza hacia el distinto. Algún tipo de mestizaje están poniéndose en marcha, quizás biológico, quizás cultural. Como venimos diciendo no es nuevo, sino un fenómeno histórico. Es probable que este mestizaje lleve a algunas transformaciones futura; quizás el abandono paulatino de algunas referencias de los recién llegados, referentes culturales que los identifican. Hay que adaptarse. Uno no puede vivir completamente aislado.

Ya durante el siglo XVI, las actas municipales de Requena revelan la impresionante familiaridad cotidiana con la que los moriscos se alojaban en casas cristianas de la villa. Era el preludio a la intimidad de los cuerpos, y con ello la posibilidad de la mezcla biológica. Ni qué decir tiene que también se debían producir todo tipo de intercambios culturales, consustanciales a la convivencia.

Puede que nosotros seamos tipos raros bajo sus parámetros. No les podemos pedir que se muevan por nuestros barrancos, nuestras ramblas y caminos como nosotros lo hemos hecho siempre. Puede que a nosotros también nos parezcan bichos raros, que no encajen muy bien en estos ambientes. Los vemos en Requena, en Utiel. Pero en estos casos se trata de ciudades. Las aldeas son otra cosa, su tamaño realza los contrastes.

En esta imagen de Centauros del desierto se esconde otra película, la que imaginariamente está inserta en la aventura del capote de Ethan Edwards.

El mundo sigue obrando la gigantesca obra del contacto y el mestizaje. Desde luego, a Ethan Edwards  (el protagonista de “Centauros del desierto”, el western de John Ford) no le agradaban en absoluto los mestizajes. Era natural en un hombre solitario y racista como él. Interacciones entre blancos e indios, entre anglosajones e hispanos, puro mestizaje; esto es lo que hay en la película de Ford; nunca Centauros acabará de dar todo su jugo, siempre hay nuevas perspectivas para una película antigua, aunque impresionante desde principio a fin.

La frontera, el mundo de las interrelaciones, de los intercambios, del contacto, del rechazo y la atracción. Hoy nuestra tierra vive una suerte de frontera en la que los habitantes tradicionales comparten solar con gentes de otras culturas.

En Los Ruices, a 27 de febrero de 2019.

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