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LA BITÁCORA DE BRAUDEL/ JCPG

Ahora que se acabó el curso académico podemos echar un vistazo a la situación de nuestra educación. El sistema tiene muchos frentes abiertos, quizás demasiados. La política no ayuda a ir cerrando esos frentes con soluciones eficaces y duraderas. Quizás porque nuestro mundo político echa cuentas a cuatro años vista y sigue viviendo en cierto modo en un permanente frentismo cainita que nada nos ayuda. Por lo menos esta es mi opinión, pero sobre gustos…

Nuestro contexto cultural está permanentemente bombardeado, y nosotros también bombardeamos, de conceptos nuevos, atractivos para una civilización tecnológica. Que si la innovación, que si la “gamificación” (del inglés “game”, juego, para aludir a propuestas de metodologías que buscan el sentido lúdico del conocimiento), que si “survey monkey”, que si patatín que si patatán. Son tendencias, qué duda cabe, con glamur.

Si un profesor no manda tareas a los suspensos de junio para repasar de cara al examen de finales del mismo mes (de hecho, ¿es posible recuperar un curso en 17 días? No hay peor locura educativa que esta) se arriesga a que alguien piense, incluso le espete, que es un tradicionalista, que facilita poco el trabajo de recuperación, que es un reaccionario, vaya.

La recuperación de un sistema desgastado como el nuestro pasa por incorporar plenamente las nuevas pedagogías sin arrinconar las tradicionales; pasa por impulsar plenamente la cultura del esfuerzo, y no sólo en la palabrería políticamente correcto que está en uso; pasa por desarrollar la voluntad de trabajo, y, por supuesto, no arrinconar en un papel poco claro al profesor. ¿Qué es eso de que el profesor debe crear escenarios de aprendizaje? La estupidez del lenguaje político y mediático, veo, ha hecho mella entre los educadores.

La cuestión metodológica merece más de una reflexión. Y detenida. Parecemos estar poseídos por una insaciable ansia por la novedad. Es un contagio de una sociedad que vive azotada constantemente por la moda. ¿Tiene sentido adoptar sin más un nuevo método? ¿No vamos analizar bien la situación antes que nada? ¿Es que no recordamos esas muertes por atracón de power point? Antes que nada estudiar bien qué adoptamos y a quién lo dirigimos. ¿Pecar de anacrónicos y reaccionarios? No parece que las nuevas tecnologías y las nuevas pedagogías conduzcan a otra cosa que a sonoros fracasos.

No todo es pesimismo, por supuesto. Con el pesimismo no vamos a ningún lado. Bueno, sí, vamos a la inacción, al profesor escéptico con su labor. Hay que ser optimistas, porque, a pesar de todo, ¿quiénes son los que sacan adelante a tantos estudiantes a diario y cada curso sino los profesores, en lucha contra unas directrices políticas burocratizantes de su labor e incluso contra las situaciones adversas?

En Los Ruices, a 6 de julio de 2016.

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