jueves, 20 agosto
18. Página Cultural – Científica de la Fundación Lucio Gil de Fagoaga
Requena (20/08/26)- Artículo de José Manuel Martínez García, Arqueólogo colegiado 14.626.
Desde los años 80 del siglo XX se han venido realizando una serie de excavaciones en el Barrio de la Villa, siendo el que esto suscribe el iniciador y director de parte de los trabajos arqueológicos en el mismo. En prácticamente todas las intervenciones fue sorprendente, aunque de forma residual y en los estratos más profundos, el hallazgo de materiales cerámicos del Bronce Final-1ª Edad del Hierro, consistentes en cerámicas fabricadas a mano, de pastas y superficies rugosas o más cuidadas decoradas con incisiones, y del periodo Ibérico Antiguo, fabricadas a torno y decoradas con motivos geométricos simples. Estos hallazgos aparecieron en las iglesias de San Nicolás y Santa María, en la Cuesta y Capilla del Cristo, en la Fortaleza y en la Plaza del Castillo, lugar al que nos vamos a referir a continuación.
En la primavera de 1999 y durante siete meses, se comenzó la intervención arqueológica en la Plaza del Castillo, previa a su remodelación urbanística. Tras desmontar el pavimento de hormigón que ocupaba toda la plaza, comenzaron a aflorar los distintos niveles arqueológicos que nos iban a informar sobre los diversos asentamientos humanos en este lugar.
Distinguimos VI niveles estratigráficos distintos:
El nivel VI, correspondiente Primera Edad del Hierro (Siglos VII a finales del VI a.C). e Ibérico Antiguo (Finales siglo VI a principios del IV a.C.). Nivel inédito el primero en la Villa de Requena, se extendía prácticamente por toda el área excavada. Una gran habitación de la Primera Edad del Hierro, de planta rectangular, con muros de mampostería sin carear y alojo de postes que sujetarían la techumbre en el centro de la misma. Varios hogares circulares de arcilla muy calcinada se distribuían por su superficie, en cuya base aparecieron cerámicas del Bronce Final. Debajo de un pavimento de tierra apisonada apareció una inhumación en urna de un neonato casi completo de sexo femenino y de aproximadamente un mes de edad, un hallazgo excepcional de significación ritual, según se refleja en el estudio paleopatológico y antropológico de los doctores Miquel Feutch y Villalaín Blanco. En ese mismo estrato se recuperaron un gran número de cerámicas a mano, incisas, de superficies bruñidas, cuencos y escudillas de distintos tamaños, destacando una base de escudilla con una decoración de tres serpientes muy esquemáticas.
Merecen nuestra atención las cerámicas fenicio-occidentales, que llegan a la Península a partir del siglo VII a.C. y se localizan en la costa malagueña, aunque en nuestro caso pudieran tratarse de producciones locales. Se trata de ánforas, urnas/tinajas y boles trípodes, con paralelos en Los Villares de Caudete de las Fuentes.
Con respecto al Ibérico Antiguo, se compartimenta el espacio correspondiente a la Primera Edad del Hierro, se refuerzan los muros y se divide en dos con un muro transversal de mayor anchura. En el resto de la plaza afloraron muros de esta época, muy deteriorados por haber sido cortados por varias fosas medievales. Las estructuras y pavimentos de ambos momentos culturales asentaban directamente en la roca base del terreno o en arcillas pre-estériles.
Tras los descubrimientos arqueológicos aludidos en esta parte de la Villa, podemos afirmar con rotundidad que el origen de Requena no se encuentra en el periodo islámico como hasta hace poco se creía, sino que hay que relacionarlo con la fase inicial de la Cultura Ibérica, aunque sin continuidad, en el área excavada, en época Plena y Tardía, pasando directamente a época imperial romana. Posteriormente, el hábitat requenense se ha sucedido, a partir de época islámica almohade casi sin interrupción hasta nuestros días.