martes, 28 abril
Requena (27/04/26)- Redacción
“Mi hija se hace daño todos los días. Solo piensa en desaparecer». Con estas palabras, Rocío resume una situación que ha marcado la vida de toda su familia durante los últimos años. Una de sus hijas, adolescente, sufrió acoso escolar durante más de un año sin contarlo. «La insultaban constantemente, la llamaban gorda. En apenas cuatro meses perdió 30 kilos», explica.
La gravedad del caso obligó a un ingreso urgente en un centro especializado en trastornos de la conducta alimentaria en Barcelona, a 600 kilómetros de su hogar. La joven llegó con un peso muy por debajo de lo saludable y, tras once meses, apenas ha recuperado un 12 %. Permanece bajo vigilancia permanente por autolesión y riesgo autolítico, es decir, de suicidio. La madre nos cuenta muy apenada que «en un año, solo ha habido 2 días seguidos que ella no se ha autolesionado y tres intentos de suicidio en el hospital».
Los padres denuncian un sistema sanitario complejo y lento: derivaciones difíciles, falta de plazas y escasez de información y reclaman mayor implicación institucional para familias que atraviesan situaciones similares.
Los datos reflejan que no se trata de un caso aislado. Entre un 6 % y un 12 % del alumnado en España reconoce haber sufrido acoso. En 2025, se registraron miles de casos de ideación suicida en menores, además de numerosos intentos.
En casa, la vigilancia era constante: «No podíamos dejarla sola ni para ir al baño. Yo pasaba las noches despierta y luego tenía que ir a trabajar», nos cuenta la madre de la adolescente. Ante la falta de mejora, los médicos recomendaron su hospitalización.
Aunque el centro cuenta con estrictas medidas de control, la madre insiste en que el acceso a estos recursos es complicado: «Muchos padres se encuentran con obstáculos desde el principio».
A la carga emocional se suma la económica. La familia ha gastado alrededor de 18.000 euros en un año entre desplazamientos, alojamiento y tratamientos no cubiertos. «Cada fin de semana recorremos sobre 1.200 kilómetros para verla», relata.
Aunque la estancia está subvencionada, el resto de gastos corre a cargo de los padres. «Si dejaran de cubrirlo, no podríamos asumirlo. Son unos 5.000 euros al mes», afirman.
Además, denuncian falta de información administrativa al trasladarse a otra comunidad autónoma y retrasos en ayudas. «Llevamos meses intentando tramitar ayudas al transporte sin éxito».
Las primeras alternativas fueron insuficientes: ingresos breves en unidades con adultos y centros de día que no lograban controlar el riesgo. La unidad especializada más cercana tenía lista de espera de años. Finalmente, la derivación se aceleró en un contexto marcado quizás por casos anteriores (como el de Isabel, hija de Dolores y Rafael) que evidenciaron fallos en la atención a la salud mental juvenil. Ahora, estos padres se suman a iniciativas que reclaman mejoras urgentes: «Pedimos apoyo y recursos. Nos sentimos abandonados».
Desde el entorno cercano a la familia, así como vecinos y establecimientos del municipio requenense, se han puesto en marcha para organizar diversas recolectas solidarias a través de rifas (un jamón, una camiseta de fútbol…), huchas, venta de colonias, bolígrafos, galletas, postre solidario en un restaurante local, cositas de bebé para vender, mercadillo con productos nuevos donados … para poder ayudar altruistamente.
Desde nuestra web y redes sociales iremos informando de cómo se puede participar.