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LOS COMBATIVOS REQUENENSES. /Víctor Manuel Galán Tendero.

Desde tiempos medievales los concejos castellanos se habían dotado de poderosas milicias o huestes para plantar cara a los musulmanes o a otros enemigos cristianos. Todos los vecinos varones de una determinada edad tenían el deber de participar en la hueste en caso de defensa. Incluso las viudas contribuían a ello sufragando parte de los gastos.

Entre los siglos XV y XVI se verificó definitivamente un importante cambio en la forma de combatir de los europeos. Una infantería cada vez mejor organizada, bajo el modelo de las legiones romanas, y pertrechada se enfrentaba con gran éxito a las unidades de caballería. Los alabarderos flamencos, los arqueros ingleses y los piqueros suizos demostraron con enorme solvencia durante la Baja Edad Media que el soldado de infantería se encontraba preparado para coronarse el rey de los campos de batalla de la Europa Occidental.

En la península Ibérica los almogávares ya se habían acreditado como competentes soldados de infantería. No pocos concejos dispusieron entre los hombres de sus huestes a duchos almogávares, especialmente en las fronteras con la Granada nazarí. Bajo los Reyes Católicos los concejos todavía enviaron fuerzas militares a la conquista granadina, pero al final se prefirió contratar los servicios de los más capacitados hombres de armas, que se convirtieron en verdaderos profesionales del ejército, como los espaderos, rodeleros, piqueros, ballesteros o arcabuceros del Gran Capitán en tierras napolitanas.

Mientras tanto en los reinos hispanos se mantuvo la institución de la hueste concejil, que mostró toda su bravura durante la guerra de las Comunidades y las Germanies. Aunque no se encontró en primera línea de peligro de las posesiones españolas, como las tierras mediterráneas frente al Turco, Requena dispuso de su hueste o milicia en el siglo XVI.

Inicialmente cada vecino tenía el deber de aportar su propio armamento al llamamiento de la hueste. Según su aportación tendría derecho a una porción u otra del botín de combate, que también se empleaba para resarcirse de pérdidas y heridas. La pacificación interna de Castilla tras las Comunidades privó a muchos oportunistas de los ansiados botines, que ahora deberían de lograrlo en el servicio de armas a la Monarquía en el exterior.

En consecuencia las armas de muchos de los vecinos quedaron obsoletas o inadecuadas. Servían para dirimir peleas con algún rival del lugar o para seguir la bandera de algún poderoso local. Antes de la revolución causada por la introducción de las pistolas en la esfera particular, los famosos pedrenyals de los bandoleros valencianos, los requenenses dirimieron sus peleas con palabras subidas de tono, piedras o armas blancas.

Tal armamento era claramente inadecuado para una milicia que en un momento dado podía prestar ayuda a la Monarquía. Los concejos tuvieron que encargarse de proporcionar las armas a los vecinos en edad militar. Para ello tuvieron que disponer de su propia casa de armas o arsenal, no siempre bien abastecido por culpa de las circunstancias económicas.

En Requena se distribuyeron entre los vecinos picas y arcabuces en tiempos de Carlos V. También se intentaba formar a los vecinos en las nuevas formas de combatir en la infantería, la de las coronelías, como se llamaban en tierras alemanas, o entre nosotros la de los tercios por su combinación de armas blancas y de fuego.

El 31 de marzo de 1558 se descubrió que tales intenciones habían quedado burladas. Los vecinos pusieron a la venta sus picas y arcabuces, adquiriéndolos forasteros de perfiles que no quedan claros en la documentación. La milicia de Requena aparecía gravemente desarmada, pues el cálculo económico había pesado más que la obligación vecinal en el ánimo de unos cuantos.

Para evitarlo las autoridades municipales impusieron que se realizara un alarde el segundo día de Pascua de Resurrección, en el que los vecinos deberían de presentarse con sus armas bien aderezadas y limpias. La marcial España del Siglo de Oro imaginada por algunos no lo fue tanto.

Fuentes.

ARCHIVO MUNICIPAL DE REQUENA. Libro de actas municipales de 1546-59, nº. 2895.

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