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LOS COMBATIVOS REQUENENSES.  / Víctor Manuel Galán Tendero.

Liberales y absolutistas se combatieron con dureza en la Europa de la primera mitad del siglo XIX. En 1823 Fernando VII fue repuesto como monarca absoluto gracias a la intervención francesa, bien auxiliada por las partidas realistas españolas.

Se restablecieron los ayuntamientos anteriores a la revolución de 1820, y el corregidor de Requena Miguel Martínez Delgado recuperó su mando tras dar cuenta ante el general Sempere a comienzos de julio de 1823. Pronto chocó con el comandante de armas, el ultrarrealista Baltasar Chico, capitán y capellán de la llamada División Bessieres. Esta vez los absolutistas moderados se impusieron a los más radicales, y en septiembre de aquel año se reconvino a Chico por extralimitarse en sus funciones.

Las aguas no se serenaron, y en enero de 1824 la formación paramilitar de la Milicia Realista ocasionó más de un sinsabor ante la falta de recursos para su dotación de vestuario, armamento, etc. El clima represivo se hizo especialmente sofocante durante la Cuaresma, prohibiéndose las comedias, y la Semana Santa de ese mismo año, cuando se llegó a temer a los penitentes encapuchados en procesión nocturna. Los excesos ultras no eran del gusto de los absolutistas más tibios, más vinculados a la oligarquía municipal que a los elementos populares de la Milicia Realista.

El 24 de mayo de 1824 se llegó a un punto crítico. El corregidor convocó urgentemente al ayuntamiento en su propio domicilio. Temía reunirse en la Sala Capitular ante la amenaza, nada baladí, de los voluntarios realistas de Utiel.

Comas, su comandante, había exigido sin éxito alojamientos, y ni cortos ni perezosos sus milicianos tomaron armados las vías de acceso de Requena, especialmente la Puerta de Alcalá. Hasta allí se dirigiría para cerciorarse el corregidor en compañía del escribano Francisco Moral. Dos milicianos le impidieron el paso, siguiendo órdenes de su comandante, y lo tacharon de liberal.

No menores apuros pasó su propia esposa, que en la entrada de Levante fue temporalmente detenida cuando acudía a casa de su hija… con unas cartas, cuyo contenido no conocemos pero que razonablemente podemos suponer.

El corregidor preguntó sin ditirambos a los regidores si habían orquestado tales acciones, extremo que negaron rotundamente. Respaldado por los prohombres municipales, se sintió más seguro, y ordenó al comandante de los voluntarios que se abstuviera de más demostraciones de fuerza. Las autoridades estrictamente militares de la Capitanía General de Castilla la Nueva tampoco simpatizaron generalmente con los voluntarios, y en junio les exigieron que hicieran sus peticiones por los conductos reglamentarios.

Dentro del absolutismo restaurado los ultras habían enseñado los dientes en Requena a sus rivales más templados. Al final no lograron la victoria, pero las espadas continuaban en alto en una lucha que se prometía larga.

Fuente. ARCHIVO MUNICIPAL DE REQUENA, Libro de actas municipales de 1823 a 1830, nº. 2730.

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