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LA HISTORIA EN PÍLDORAS. IGNACIO LATORRE ZACARÉS.

Nos alegramos de la noticia del inicio de expediente para otorgar al geógrafo Juan Piqueras la distinción de hijo predilecto de Requena y aprovechamos la buena nueva para hablar de algunos de los hijos predilectos y adoptivos de la comarca.

Este fin de semana clausurábamos nuestro VI Congreso de Historia Comarcal que con su puntualidad ininterrumpida bienal prosigue cosechando frutos en una comarca donde se carece de muchas cosas, pero no de personas interesadas y estudiosas de su historia. Más de 3.000 páginas se han publicado ya como fruto de las investigaciones que durante dos años realizan entre congreso y congreso estudiosos comarcanos y foráneos que focalizan su conocimiento en algún aspecto de la comarca. Pero, a lo que íbamos, inaugurábamos nuestro Congreso y de pronto el alcalde de Requena da la noticia, no por merecida, menos gozosa: se abría expediente de declaración de hijo predilecto de Requena al geógrafo Juan Piqueras Haba.

Inmediatamente las caras de los miembros del Centro de Estudios Requenenses expresaban su enorme satisfacción. Juan (aún “Juanito” para su ya casi centenaria madre) es un enorme trabajador de la Geografía e Historia con un saber enciclopédico que va mucho más allá de lo que su disciplina científica le exige. Curtido en mil batallas, es un investigador inefable e infatigable que sabe que la ciencia exige estudio, buceo en los archivos y bibliotecas y mucho despacho; pero también tocar tierra, leer las huellas del pasado en el paisaje desde lo alto de un cerro, mensurar la envergadura de árboles que ya contemplaron nuestros tatarabuelos, hablar con el paisanaje, meterse en las “teinas”, recorrer viejas trochas con la gorra puesta, etc. Juan, que abarca y aprieta, es el gran geógrafo e historiador del vino (él que sabe directamente del duro trabajo de la viña); pero sus investigaciones también las dirige hacia mil campos más como sus trabajos de síntesis geográfica de la Comunidad Valenciana, geografía agraria, las vías de comunicación, política territorial, geografía urbana, cartografía islámica, etc. Lo mismo investiga sobre el antiquísimo transporte de madera de nuestros ríos que se pasa al tráfico actual marítimo de contenedores del Puerto de Valencia en una actitud permanente de aversión al “refrito”. Pero una de las singularidades de Piqueras es que a pesar de que su capacidad le ha llevado a objetivos de investigación de altas miras, nunca se ha desvinculado de su tierra a la que siempre ha dedicado parte de sus afanes investigadores y mucho de su escaso tiempo libre. Su relectura de la configuración urbana de Requena nos sacó en su día de ideas equivocadas; otea el paisaje y nos describe los cambios de propiedad de la tierra de una forma bien gráfica; enciende el ordenador y traduce su conocimiento en planos clarificadores; analiza papeles y papeles, suma almud tras almud y llega a conclusiones difícilmente rebatibles. Su “Geografía e Historia de Requena”, que sigue consultándose continuamente por estudiantes, curiosos e investigadores, no olvida a ninguna aldea de la comarca, por que los vínculos con la tierra, más poderosos con el avance de los años, le hacen profundizar en la microhistoria en la que está ahora embarcado (“Describe tu aldea y describirás al mundo” –Tolstoi-). Lean la recensión que al respecto escribió mi compañero de columna (el pérfido converso y ruiceño): http://requena.revistalocal.es/la-bitacora-de-braudel-de-libros-la-propiedad-de-la-tierra-y-la-familia/

Así pues, el campusino Piqueras se une a la nómina de estudiosos comarcanos que han sido reconocidos por sus poblaciones de origen. Todos ellos poseen en común haber dedicado mucho de su tiempo, inquietudes, desvelos e incluso patrimonio al estudio solitario, a veces ingrato y escasamente reconocido de nuestro pasado y presente. El magnífico historiador utielano Miguel Ballesteros, que escribió un verdadero monumento histórico, tuvo que esperar casi 100 años a que recibiera su reconocimiento (“sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!” Pedro Navaja dixit). El reconocimiento al cronista requenense Bernabeu le llegó casi al hilo de la publicación de su primera edición de la “Historia de Requena”. El utielano Martínez Ortíz, infatigable y metódico como pocos, también fue reconocido por su pueblo en 1968 como hijo predilecto. El maestro Feliciano Yeves, decano de todos los coetáneos, ha sido reconocido doblemente, en su pueblo natal (hijo predilecto de Venta del Moro) y en el adoptivo (Requena) con sendos nombramientos y calles y ahí sigue en la brecha, impartiendo en nuestros congresos sus amplios conocimientos en perfecta combinación con el gracejo propio de su pueblo de origen. Fermín Pardo, el gran recuperador y mantenedor de tantas cosas y siempre combativo en reivindicar lo que la comarca merece, le fue otorgada la predilección en 2011.

La más alta distinción que concede un ayuntamiento es el reconocimiento de hijo predilecto o adoptivo además de la medalla de oro. El de hijo predilecto sólo puede recaer en nacidos en el lugar y se otorga por haber destacado de forma extraordinaria por sus cualidades o méritos personales o servicios prestados en beneficio y honor de la Villa. El reglamento de honores y distinciones de Requena data de 1953, pero el nombramiento de hijo predilecto ya venía de lejos como el concedido al senador vitalicio José de la Cárcel Marcilla en 1883.

En la nómina de reconocidos comarcanos hay de todas las profesiones y ocupaciones: artistas y literatos (Rambal, Pérez Sánchez, Morencos, Tormo Ballester, Sánchez Roda, Jaime Lucio, Anzo, Esteban Alcantarilla, Rafael Requena, Alejandro García, etc., etc.), gentes de la enología (Janini, García Tena), políticos (Canalejas, Page, los Cánovas, los Lamo de Espinosa), eclesiásticos (Cañizares, el obispo Inocencio Rodríguez, Sor Plácida Molinos, el venturreño D. Brigidín) y así hasta un largo etcétera.

A veces la distinción viene por un hecho especial como cuando un poco antes de la inauguración de la vía férrea Valencia-Utiel en 1885 se declaró hijo adoptivo de Requena a D. José Jaumeandreu, gerente de la sociedad constructora del ferrocarril. Tras la victoria del político liberal García-Berlanga en su defensa de la reforma de la Ley de Alcoholes en 1908, el Ayuntamiento de Caudete le nombró hijo adoptivo (antes ya lo había hecho Venta del Moro- en 1906-). Utiel inauguró en 1926 su lavadero y matadero nuevo y entregó el título de hijo adoptivo de Utiel al Gobernador Civil García Trejo. La misma designación honorífica concedió el Ayuntamiento de Requena al Ministro de Instrucción Pública Sr. Callejo cuando se inauguró el Instituto de Requena en 1928.

Otros nombramientos están directamente vinculados al signo de los tiempos. Es entrar el General Varela con las tropas franquistas en Requena en el final de la Guerra Civil y al poco tiempo ser nombrado hijo adoptivo. Caso ¿curioso? es el de Franco que es nombrado casi simultáneamente hijo predilecto, adoptivo y alcalde honorario perpetuo en 1946 en Fuenterrobles (4 de diciembre), Venta del Moro (12 de diciembre) y Sinarcas (18 de diciembre).Lo mismo ocurre con el Gobernador Civil y Jefe del Movimiento Ramón Laporta que el 25 de septiembre de 1948 es nombrado en Sinarcas hijo adoptivo y alcalde honorario y perpetuo y un poco tiempo después recibe el nombramiento de hijo adoptivo de Fuenterrobles; mientras en el ínterin la Agrupación Guerrillera de Levante volaba la vía férrea en Requena y al día siguiente ocupaban durante cinco horas la aldea utielana de Estenas. Lo dicho: el signo de los tiempos.

Y así muchos más (concejales, sacerdotes, alcaldes) que no caben en esta “píldora”, pero Juan será el próximo.

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