Adif localiza 65 puntos con daños en la línea Cuenca-Utiel
Leer más
Llega a Requena la segunda actividad dentro del proyecto "NaturaJoven"
Leer más
Cruz Roja y Cajamar impulsan un proyecto escolar para menores vulnerables en Requena
Leer más

LA BITÁCORA DE BRAUDEL / JCPG

La conspiración. He aquí un tema recurrente en el ser humano. Conspiraciones han existido probablemente desde la misma aparición del bipedismo del ser humano; quién sabe si no antes incluso. Cuando a César lo asesinaron, allá por los idus de marzo del 44 antes de Cristo, también se pensó en la conspiración. Calígula, un emperador romano pirado, fue asesinado en el corredor subterráneo que unía el Palatino con el Circo Máximo de la capital del Imperio. Sin ir más lejos, el general Prim, asesinado en la calle del Turco, fue víctima de una congregación de conspiradores; en realidad, Prim tenía tantos enemigos que cualquiera o muchos de ellos a un tiempo sacaron tajada del hecho. Yendo a nuestros días, dirijamos nuestra vista a la Venezuela bolivariana: también aquí el cáncer de Chávez se atribuyó a una conspiración de altos vuelos; no podía faltar en ello la acción de la CIA.

La conspiración es indudablemente un hecho viejo. Como ancestrales son los beneficiarios de las acciones de la conspiración. Para muchos lo que sucede hoy en el mundo, especialmente la crisis que nos estrangula, ha sido minuciosamente diseñado por lo que dan de comer a las palomas.

En un juego de transparencias de origen muy extraño, parafraseando a Muñoz Molina, me viene a la cabeza el fenómeno de este nuevo anarquismo, al parecer de tono marcadamente violento. Pienso en los orígenes históricos de los dos modelos de desarrollo social: el liberal-democrático y el anarquista. Paradójico parece; pero es cierto: ambos movimientos ideológicos germinaron en una centuria en la que se pensaba que la sociedad caminaba hacia el debilitamiento del Estado. Así, la genealogía del estado surgido de las entrañas del siglo XV desembocaba en su casi total desaparición en el siglo XIX. Hipótesis errónea.

Mientras que el liberalismo quería un estado mínimo que guiara a los ciudadanos de una manera casi imperceptible, sin que se notara, especialmente para que los dejara en paz en el terreno de los negocios; el anarquismo buscaba la muerte total del estado. Era una esperanza típica del siglo XIX que los dos movimientos soñaran con el fin de la explotación. Para los liberales, la desembocadura del proceso histórico sería la eliminación de la explotación por parte de las clases improductivas, el clero y la aristocracia. Para el anarquismo, la clave del futuro sería la organización de la sociedad en agrupaciones igualitarias que consumirían lo que ellas mismas produjeran.

La historia del siglo XX ha negado la validez de esta hipótesis de la eliminación del Estado. Los totalitarismo de la primera mitad de la centuria acentuaron el estatalismo. Por supuesto, especialmente en la Unión Soviética. El sueño anarquista apenas pudo brillar en la Ucrania del Ejército Negro, amargamente ensangrentada por las tropas del Ejército Rojo soviético.

Durante la segunda mitad del siglo, el Estado democrático se transformó gradualmente en un estado deudor. La deuda española es ya superior al 95% del PIB; ahí es nada. Tenemos un Estado monstruo; con una economía enana. Aquí hay algo que no funciona. Y no se me entienda mal; soy liberal, abierto y progresista, partidario de los servicios públicos; pero o hacemos algo pronto para que nuestro sistema económico marche o acabaremos por endeudar hasta a nuestros tataranietos.

En estas estábamos cuando hemos asistido a la detención de una serie de individuos supuestamente anarquistas, dispuestos a actuar mediante la violencia en diferentes ciudades. El Estado liberal nuevamente se encuentra con su movimiento “hermano”. Los conspiranoicos podrán empezar a hacer trabajar su neurona. La mano que da de comer a las palomas ha inspirado esta especie de ansia keynesiana por el endeudamiento que tenemos con el objetivo de instaurar el famoso e irreal gobierno mundial.

Conspiraciones a un lado. ¿Qué nos deparan la emergencia otra vez de fenómenos como el anarquismo violento? ¿Nos dirigimos nuevamente hacia una época de reducción del Estado, sin duda lo que los falsos liberales –aquellos amantes de las libertades económicas, pero no tanto las morales y personales- buscan desde hace tiempo? Todo está por escribir. Si la situación acabara por radicalizarse, como parecen anunciarse desde múltiples atalayas, el conflicto social masivo estaría servido. Un giro estaría a la vuelta de la esquina: el nacimiento de una era post-democrática.

En Los Ruices, a 17 de diciembre de 2014.

Comparte: La mano que da de comer a las palomas