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Requena (09/03/17).- LA BITÁCORA JCPG
Empeñado en algunas empresas propias de mi oficio, tropiezo con diversos materiales que me hacen pensar sobre cómo los grandes acontecimientos no únicamente es que influyen decisivamente sobre el futuro; es que pueden llegar a influir para cambiar el pasado. En realidad, el trabajo de estos grandes sucesos es marcar un antes y un después. Desde nuestro punto de vista tendemos a pensar que detrás de tales acontecimientos notables existe una larga preparación en el tiempo. Es como si todo pareciera que se viene preparando desde mucho antes para dar a luz a eso que llamamos acontecimiento.
Ha pasado con la guerra civil. Gerald Brenan interpretó la guerra como el desenlace, quizás inevitable, de un proceso largo de lucha entre las fuerzas inmovilistas y las modernizadoras. Sigue siendo recomendable la lectura de su obra, por más que el tiempo no haya tenido misericordia con muchos de sus extremos.

Ha ocurrido con el gran acontecimiento que es el episodio de la Gran Armada en 1588. Casi todo se dispone como en un disparadero en el período anterior, especialmente desde que el rey Felipe II asumió la Corona de Portugal, pensamos que todas las fuerzas se conjugan para conducir al gran suceso.

¿Qué ocurre cuando las obras literarias pensamos que suponen un anuncio, una anticipación o barrunto de los sucederá? Esto sí que engendra debates muy fuertes entre los estudiosos, porque representa niveles de análisis muy problemáticos. Se ha hecho con la obra de Cervantes, y a veces se ha llegado a realizar auténticos esperpentos, forzando hasta el extremo la palabra cervantina. Incluso ha habido autores que, en las vueltas y revueltas que le han dado a la palabra cervantina, han llegado a proyectar sus fantasmas personales, como convirtiendo la obra de Cervantes en un espejo de sí mismos.
¿Tendríamos que identificar al pícaro Guzmán de Alfarache o la complejísima sociedad que se desenvuelve en el Quijote con un fenómeno anticipador del atraso y la decadencia? Rafael Chirbes retrató son detalle y sutileza los entresijos de la sociedad de la burbuja inmobiliaria y las corrupciones diversas en su novela Crematorio.

La gente de crematorio se mueve en un mundo en el que parece, en medio de un boom económico, que lo más corriente es llevarse dinero de aquí y de allá. Un retrato social en toda regla de unos tiempos que ahora rechazamos. Unos tiempos hoy sometidos a juicio, con los Pujol, el 3 por ciento, la financiación del PP y una lista interminable de casos que ahora sería demasiado largo relatar.
¿Se atreve alguien hoy a identificar a nuestra sociedad como una sociedad corrupta. Prescindamos, por supuesto de juegos de tipo ético y filosófico. Así como, creo, todos o casi estaríamos de acuerdo en que nuestra sociedad está repleta de gente honesta y honrada que se gana el pan de manera justa. ¿No es adecuado y más util para la comprensión de nuestro pasado prescindir de las generalizaciones injustas y reconocer la misma complejidad social?
En Los Ruices, a 8 de marzo de 2017.

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