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LOS COMBATIVOS REQUENENSES// Víctor Manuel Galán Tendero.

Vivimos tiempos excepcionales, en los que demasiadas personas padecen la enfermedad. Nuestros hospitales realizan un esfuerzo colosal para salvar al máximo número de pacientes de coronavirus. Con toda la razón, se celebra la sanación de alguien enfermo como una gran victoria, que lo es, especialmente cuando se trata de alguien de avanzada edad.

Quien debe de permanecer en un hospital inexcusablemente se debate en una fuerte tormenta, física y emocional. Cuando recibe el alta, vuelve a recuperar la vida plena. En la actualidad tenemos, afortunadamente, muchos testimonios de tal estado de gracia, pero no tantos de tiempos pasados. La entrega de limosnas nos brinda la oportunidad de conocerlos, particularmente en la Edad Moderna y comienzos de la Contemporánea.

Por entonces los hospitales no tenían los medios y la capacidad de los actuales. Los de la Inglaterra del siglo XVIII han sido conceptuados como nidos de infecciones, más capaces de mermar la salud que de procurarla. Atendían, como en el resto de Europa desde la Edad Media, a los pobres desvalidos, carentes de ayuda familiar o de cualquier medio para sobreponerse.

El santo hospital de pobres de Requena todavía no se albergaba en el convento de San Francisco, sino en el menos saludable arrabal, cercano al Carmen. Allí fueron a parar los errabundos soldados, al carecerse de hospitales militares al modo presente, más allá de los circunstanciales de campaña. Las guerras desatadas alrededor de la Francia revolucionaria provocaron graves problemas a la Monarquía española, como el de la atención de sus soldados.

Además de mozos quintados y vagos obligados a servir a la fuerza, las tropas del rey de las Españas todavía incluían a principios del XIX  a fuerzas mercenarias como las de procedencia suiza, originarias mayoritariamente de los cantones católicos de Soleure y Schwyz. En 1803, cuando las fiebres tercianas hacían de las suyas en nuestra comarca y en otras de España, fueron atendidos en el hospital de pobres requenense varios soldados suizos.

Encargado de gestionar la institución, Francisco Antonio Herrero se las tuvo que ver para poder cobrar de la administración real, corta de haberes y larga de exigencias, sus hospitalizaciones, antes de darles el alta. Sin embargo, uno de aquellos soldados, cuyo nombre no se consignó, ofreció una limosna a la institución de diez reales. No era gran cosa, pero era mucho para un modestísimo militar, que en aquel momento se consideró la persona más rica en salud del mundo con la ayuda celestial.

ARCHIVO HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN DEL HOSPITAL DE POBRES DE REQUENA.

Libro de cuenta y razón de 1802-03 a 1838.

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