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LA BITÁCORA DE BRAUDEL.Por Juan Carlos Pérez García.

Los accidentes geográficos han constituido tradicionalmente tanto un obstáculo a la comunicación como un mecanismo estimulador de la misma. En este artículo de hoy me gustaría analizar algunos aspectos concernientes al protagonismo de las comunicaciones, de las incomunicaciones y aislamientos, pero centrando la visión sobre el río Cabriel, una artería muy importante para determinadas poblaciones de esta comarca.

La división administrativa vigente en nuestro país durante las últimas centurias ha consagrado al río Cabriel como divisoria provincial y también como límite autonómico. Esta realidad tiene doscientos años, o quizás más. Durante el período medieval, el significado del río fue ambivalente. Si sirvió para separar demarcaciones en la época musulmana, asunto y período histórico del conocemos poco y la magna investigación realizada por Francisco Piqueras permanece sin publicar, durante el período cristiano se tomó como línea para trazar los términos de aquellos primitivos concejos, que, dotados de una amplísima autonomía, sólo rendían cuentas ante la Corona. Eran otros tiempos, tiempos de los que olvidamos con demasiada frecuencia el potencial de estos concejos. Por ejemplo, olvidamos demasiado a menudo que Cuenca limitaba con Requena precisamente en este río, lo que permite comprender no sólo la envergadura de estos dos enormes concejos, sino también la capacidad de acción, económica, fiscal, política, de ambos.

Aún así, el Cabriel difícilmente puede ser tenido como una frontera. Si entendemos por frontera el punto en el que se inicia, desde el punto de vista cultural y social, otra sociedad, lo que queda claro es la semejanza entre las dos orillas. Es evidente que para las poblaciones rivereñas, las diferencias no pasan de ser detalles puramente administrativos. Los casamientos, la migración de gentes desde las poblaciones más alejadas del río, tanto como de las que están junto a sus aguas, han existido siempre. El río ha promovido la vida, y no precisamente en un sentido poéticamente romántico, sino en el sentido más práctico posible. La gente de las poblaciones rivereñas tenía asegurado el pan, el pescado, las legumbres, las frutas y las verduras. Qué más se puede pedir.

No sé si para las gentes del interior de La Manchuela, de la Serranía Baja, o del interior de la meseta de Requena y Utiel el Cabriel tiene algún significado adherido. Durante la infancia y la adolescencia, el río era un lugar de baño y de monas. En Villatoya se han congregado verdaderas masas de gente en el verano. Durante mi estancia en la Escuela Hogar de Requena, tenía compañeros de Villatoya; estábamos internados en el segundo ciclo de la EGB de entonces, lo que parecía propio de una época donde los sistemas de comunicaciones y las infraestructuras estaban más cerca del tercermundismo que de la Europa floreciente. El río era un límite relativo: el Estado acogía en la provincia de Valencia a los chavales del inmediato pueblo albaceteño de Villatoya.

El período histórico que inician los Reyes Católicos a finales del siglo XV es tan complejo que los esquematismos que hemos heredado quedan inservibles cuando se investiga sobre él. Sobreviven, es evidente, rasgos medievales, como una fiscalidad especial, la de los pontazgos, unas tasas que había que pagar por atravesar puentes. Pero el esfuerzo legislativo por unificar normas es ingente. Sería absurdo intentar ver aquí un objetivo dedicado a conseguir una uniformidad de mercado, porque esta no era la mentalidad de la época; más bien hay que ver en ello un esfuerzo por el pragmatismo económico y la superación de los obstáculos a los tráficos. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la comunidad de intereses culturales siguió siendo la misma. Los acontecimientos que tenían lugar al otro lado eran prácticamente sentidos como propios. Recordemos el caso de la batalla de Almansa, cuya repercusión en nuestra comarca fue muy importante. Pensemos también en los aprovisionamientos económicos y alimenticios en los que el río no representaba más que un pequeño pormenor del camino; evidentemente salvo que el bravo Cabriel tirase abajo los puentes: era entonces cuando el río demostraba su capacidad para aislar poblaciones e importunar a los comerciantes.

Vistas así las cosas, el hipotético obstáculo geográfico se convierte de inmediato en estímulo para la intensificación de las relaciones humanas. Pero unas relaciones de amplio radio, porque estaban implicados Valencia al Este y Toledo al Oeste. El paso de gentes a uno y otro lado ha sido permanente, especialmente en los períodos en que las diferentes zonas se convertían en bolsas de absorción de mano de obra. Sirvientes de La Manchuela y Cuenca para la Meseta servían la mesa y la casa de las elites industriales del siglo XVIII, siempre atenta a ostentar adecuadamente la riqueza recién adquirida. No hace falta más que ir a los archivos y a algunos libros de historia para comprobar la intensidad de las alianzas familiares.
En Los Ruices a 2 de abril de 2014.
Tierras ribereñas del Cabriel; tierras postergadas por el poder. ¿Acaso no hay aquí multiples deudas históricas, como se llama hoy a la nada o al menos a un espantajo de progenie nacionalista? El maltrato ferroviario alcanza cotas extraordinarias. Para privilegiar las áreas costeras valencianas se sacrificó nuestra Meseta. La línea a Cuenca, que fue un gran proyecto de la utopía liberal, fue instrumentalizado políticamente por el régimen de Franco, quien inauguró la conexión en los años cuarenta. El capitalismo depredador, nacional e internacional, usó el ferrocarril para manejar las ilusiones populares en su provecho. El AVE famoso aún tiene que demostrar su efecto benéfico; el supuesto maná celestial que caerá sobre estas tierras por ahora no ha hecho otra cosa que transformar el paisaje y con repercusiones muy discutibles.

Ruralidad, envejecimiento demográfico, bobal. He aquí nexos evidentes tejidos por la historia sobre el Cabriel.

Comparte: La carga de la memoria (V). El Cabriel y sus significados