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LA BITÁCORA/JCPG
El cansancio se adueña de cualquiera. Incluso en la fiesta. Cabe decir que sobre todo en la fiesta. Es lo que nos pasa en Requena. Por lo menos a algunos. A unos pocos. Cansancio de cada año lo mismo. Cada año una misma fiesta. Cada año 12 días. Cada año doce días del mismo recorrido, sin innovación alguna.

Los discursos de apertura, los de cierre. Hace años congregaban a una nutrida masa de gente. Últimamente pocos se sienten atraídos por un acto así. Puede que el discurso esté bien construido y que sea una pieza magnífica de estas lides. Pero pocos son los que conforman el auditorio.

Han pasado los tiempos de los pasacalles. Ya no hacen más que aburrir a la mayoría. Lo único sempiterno es la música, pero nada más.

Pasan las generaciones y esta Fiesta de la Vendimia es cada vez más una pieza de museo. Hace falta innovación y cosas nuevas. La fosilización está cercana. Y  a nadie beneficia.

Menos mal que el atractivo histórico y cultural sigue sempiterno ofreciendo su vigor.

En Los Ruices, a 1 de septiembre de 2016.

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