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EL OBSERVATORIO DEL TEJO / JULIÁN SÁNCHEZ

La reacción de Nicolás Maduro a la resolución adoptada y votada en el Congreso de los Diputados de España, como consecuencia de la presentación de una resolución no de ley, que es como ahora se le suele llamar eufemísticamente a la tradicional moción, ha venido a ser del calibre con el que siempre han alcanzado a ser tratados estos requerimientos cuando se dirigen a gobiernos de dudoso talante democrático. De ésta guisa, nadie puede darse por sorprendido de la serie de improperios o ludibrios que el máximo dirigente bolivariano profirió contra organismos y personalidades españolas, únicamente por solicitar de forma democrática y civilizada mediante los votos de los grupos parlamentarios de PP, PSOE, CiU, PNV y UPyD, la aprobación de dicha iniciativa, mediante la que reprueban al Gobierno de Nicolás Maduro por la detención sistemática de líderes de la oposición y piden la puesta en libertad de los mismos. O sea que, como siempre, la llamada al respeto de los derechos humanos y la democracia siempre es mal aceptada por parte de los defensores y practicantes de la denominada democracia “orgánica” o institucionalmente “arreglada”.

Tampoco deviene extraño que los grupos políticos de Izquierda Plural, Amaiur, ERC y BNG, no estuviesen a favor de votar favorablemente la moción, justificando su decisión mediante la presentación de una enmienda sobre la que abogan por desacreditar a los opositores vinculándoles con el golpismo. Igualico, igualico que los argumentos del Nicolasico.

Como corrientes ideológicas las dictaduras, lo mismo da que su inspiración provenga de la derecha como de la izquierda, utilizan idénticos argumentos a la hora de justificar su irracional existencia y pronunciamiento, todos lo hacen como un despotismo trasnochado, dirigido al pueblo pero sin la aquiescencia del pueblo. En este orden de cosas, históricamente las comunistas dictaduras “del” proletariado siempre han sido dictaduras “sobre” el proletariado y las fascistas, invariablemente han justificado su instauración como una disimilitud chovinista del socialismo de Estado.

Para sobrevivir, todo sistema dictatorial necesita argumentar su existencia ante la siempre acechante presencia del fantasmal enemigo. Franco solía sustanciarlo en el comunismo, representándolo ante una sociedad adocenada como la hidra de las siete cabezas, siempre acechante para destruir el país a las órdenes de Moscú.. Benito Mussolini personalizó su estrategia mediante la lucha contra el liberalismo y contra el comunismo, actitud ésta que combinó con la estricta censura y la propaganda estatal. Adolf Hitler en la persecución del semitismo bajo  la preexistente leyenda de una conspiración judía para hacerse con el control mundial. Iósif Stalin  en la eliminación gradual, mediante la desaparición o el destierro de todos los grupos opositores dentro del Partido Comunista, comenzando por León Trotski, un teórico socialista y  principal crítico de Stalin que fue desterrado de la Unión Soviética en 1929 y posteriormente asesinado en el exilio.

La carencia de formación intelectual del venezolano Nicolás Maduro, le lleva sistemáticamente a dirigir la parafernalia sustantiva de su propio régimen, según se propicia para la conveniencia del momento. En éste caso en el programa que la Cadena Nacional de RTV controlada por el propio Maduro, espacio producido para la expansión verborreica y propagandística del sátrapa, no es extraño observar frecuentemente los exabruptos que el fornido dirigente suele expeler haciendo cúmulo de una incontinencia verbal impropia de cualquier dirigente siquiera de mediana laya: “Que las Cortes (españolas) vayan a opinar de su madre, pero que no opinen de Venezuela«.  «Élites corruptas de España», a quienes ha acusado de «despreciar a los ‘sudacas’, a los africanos, a los asiáticos». «Nosotros somos Venezuela porque (…) Simón Bolívar fue capaz de expulsarlos uno a uno. Expulsar a las Cortes de España de aquí. Que lo sepan, racistas de España, racistas de la élite corrupta», apostilló el personaje.

Y concluyó sentenciando: «Ustedes lo buscaron. Por vía diplomática alerté durante meses al presidente Rajoy y a las Cortes de España», siguió comentando, antes de reiterar que el presidente español está «detrás de todas las asquerosidades contra la patria de Bolívar». «Si no saben mantener un respeto mínimo se acabó» (sic).

Tampoco el expresidente Felipe González quedó exento de los zarpazos de la satrapía venezolana sobre su persona, como consecuencia de haber aceptado ejercer la defensa de los represaliados López y Ledesma. El Presidente de la Asamblea Nacional venezolana Diosdado Cabello disparó su batería al raso sobre González con manifestaciones tales como la de «haber dirigido grupos paramilitares para asesinar personas que políticamente lo contrariaban a él«. Y en este mismo sentido el Presidente Maduro también se pronunció con sufuror habitual acusado al expresidente del Gobierno español de ser un “lobbysta” que «vende el alma al diablo» y de apoyar una conspiración contra Venezuela.

Para Maduro el enemigo imperialista, tradicionalmente representado por el gobierno norteamericano, toma cuerpo  hoy en las Cortes y Gobierno españoles, es el nexo de sustentación justificativo de una interacción tan antidemocrática como negadora del menor derecho sustancial e institucional de la persona, mañana la ocurrencia se articulará según la nueva conveniencia, siempre bajo la amenaza a la patria (la patria de su ventaja) y mentando la denuncia a la injerencia a los asuntos internos y “democráticos” del estado. O sea que, la misma película que hemos tenido obligatoriamente que presenciar y soportar de forma imperativa en alguna época de nuestra vida quienes en algún momento histórico hemos tenido el infortunio de padecer la convivencia en un régimen no democrático. Las ideologías serán antagónicas, pero los argumentos y métodos de una dictadura no pueden alcanzar a ser más análogos independientemente del color de dicha ideología.

La manipulación de la historia, el fomento de la incultura y el atraso de nuestros pueblos, han llevado desde siempre al fomento de la manipulación de las voluntades en beneficio de las minorías quienes llegan a hacer del sometimiento popular su verdadero y substancial modo de vida.  A este respecto hago mía una frase extraída del artículo que mi compañero Juan Carlos Pérez, publica en este mismo medio la pasada semana bajo el enunciado “Evocaciones educativas”, en una referencia efectuada al sistema educativo en nuestro país, pero que puede alcanzar extrapolación a lo que hoy sucede en países como la propia Venezuela: “La proliferación de memorias históricas autistas, antagónicas, disloca y deshilacha cualquier tentativa de diálogo. Imposible el diálogo, las distintas enseñanzas públicas siembran la ignorancia, la incomprensión y el odio comunes. La historia de las comunidades se escribe de espaldas a su realidad histórica que no es otra que las fortísimas interacciones con sus vecinos, interacciones tan poderosas que han llegado a cristalizar en lo que hoy es España”.

                Contra la dictadura y la falta de libertad no puede existir un antídoto mayor que la educación y la ciencia, auténticos revulsivos contra los abusos, las injusticias, los desafueros y las arbitrariedades. Es por ahí, por el fomento de la educación y el desarrollo científico por donde han de venir los parámetros para la construcción del camino hacia la libertad, la igualdad y el progreso de los individuos y sus comunidades, en consecuencia la vía expedita para la desaparición de la satrapía y la opresión. No hay otro camino para dejar atrás toda esta rémora que asola nuestra historia, hipoteca nuestro futuro y da alas a los opresores.

La diferencia de concepto deviene sustancial: El gobierno democrático ejerce su labor bajo el consenso de las mayorías con total respeto a los derechos de las minorías, la dictadora, por el contrario, despliega su poder minoritario contra los derechos fundamentales de las amplias mayorías, aunque las migajas que a algunos les lleguen les parezcan auténticas viandas otorgadas como supuesta dádiva de consolación por mor de los “servicios prestados”. Módico precio de contrapartida a la renuncia sobre un derecho fundamental de vida como viene a ser la libertad.

Julián Sánchez

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