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La Bitácora /JCPG

Estamos en una tierra fronteriza; lo sabemos perfectamente porque lo hemos mamado. ¿De qué otra manera se explica que cualquier político de Valencia se deje caer por aquí y platique largo y tendido en valenciano y le escuchemos con la educación que da el saberse miembro de una tierra de mediación? Hoy es quizás el tema lingüístico el que es objeto de debate; en otro tiempo fue la religión. Hoy el debate se realiza en una sociedad democrática y respetuosa; en tiempos pasados la cuestión religiosa era cardinal, porque simplemente era la vida misma. Y soportamos la invención de los países catalanes, algo que suena a rancio colonialismo, a indígenas y razas superiores, como en los viejos tiempos, aunque les guste nuestro vino y nuestro embutido hasta el punto de incluirlo en su imperio colonial.

Pero las cosas ya no son tan sencillas. Nuestro ser castellano-entreverado, mestizo por definición, debe seguir siendo lo que ha sido: una frontera permeable y resbaladiza. No nos están quitando la tierra bajo los pies. Pura propaganda y pura provocación. Lo de Lutero con el Papa y el Emperador en la primera mitad del siglo XVI sí que fue grave; se trataba de la salvación del alma, cosa seria donde las hubiera. Incluso entonces esta tierra fue lugar de encuentro. A pesar de las diferencias religiosas, Gaspar Capdal, un morisco nacido en Buñol, llegó a Requena a estudiar medicina con el médico cristiano Catalán. Moriscos y cristianos.

¿Por qué no convertir nuestra impureza en el lema de esta tierra? Retornar a los tiempos de la pureza cultural o la que sea, parece absurdo y poco coherente hoy. Ciertamente desde la capital, algunos conventículos culturales desean  la resurrección de Fuster y el fusterianismo, tan brutal con nuestra tierra y sus habitantes. De aquellos polvos estos lodos. Los que no entienden la sociedad como un conjunto de pluralidad no merecen dirigirla. El propio Fuster concebía a los valencianos como un ser esencialmente catalán, en tanto otras culturas peninsulares habían aportado prácticamente nada y precisamente lo más negativo. En una sociedad democrática las concepciones monolíticas no tienen mucho futuro. Que se lo pregunten de Puigdemont, que después de décadas de manipulación de la educación en Cataluña aún no ha conseguido una mayoría independentista. Quizás necesita, no décadas, sino siglos; largo me lo fiáis.

Para terminar, el gran Cervantes, con su visión compleja y plural de las cosas:

“Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda” (I, 1)

Un canto a la vida rural y a la España plural, porque en aquellos tiempos aludir de esa manera al sábado todo el mundo sabía que no era meramente anecdótico.

En Los Ruices, a 24 de agosto de 2016.

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