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LA BITÁCORA/ JCPG

Requena (02/05/19)

Paul Klee, Angelus Novus. Puedo imaginar lo que pensaría Benjamin al ver la situación de despoblación ruinosa de algunos lugares de nuestro país, demasiados ya.

Walter Benjamin fue un enorme pensador, filósofo, que murió víctima de los vendavales desencadenados en aquella Europa de entreguerras. Su pensamiento es producto del impacto de la secularización y el marxismo spbre amplios sectores intelectuales de la intelligentsia hebrea. Este cuadro el Angelus Novus del pintor suizo Paul Klee está inspirado en el libro religioso judío del Talmud, que lo presenta como una criatura celestial creada para que cante alabanzas a Dios. Pero Klee lo muestra como un ser que se eleva al cielo para acercarse a Dios mirando aterrado hacia abajo los escombros y las ruinas que los hombres han provocado con sus actos a lo largo de la historia en la tierra. Benjamín lo compró en un momento de su vida y lo incorporó a su Teoría de la historia, al colocarlo como el ángel que contempla las enormes catástrofes derivadas del mundo tecnológico-industrial. Claramente también el mundo de las guerras mundiales.

Una gran lección de Benjamin. El ser humano debe mirar al futuro, pero también teniendo presente el pasado. De aquí se deriva que no deben cometerse los errores del pasado. La importancia del conocimiento de la historia. Ruinas, víctimas, forman parte del pasado, pero igualmente de nosotros mismos, están en nosotros, son claramente una lección de futuro. Vale esto para muchas cosas en nuestra realidad actual. En un país tan enfermo de historia como el nuestro, es preciso, es imprescindible, cale que la tengamos presente siempre. Por ejemplo, cuando nos adentramos en nuestras raíces, en nuestros viejos pueblos. Hoy son una sombra o corren el riesgo de serlo. En otro tiempo, fueron vitales, llenos de energía, llenos de gente.

Cuando uno anda bien acompañado, se disfruta de casi todo. Además los que andan a tu lado se convierten también en ángeles, protectores y personas cuya compañía te llena de alegría. Esto es lo que tuve ocasión de vivir el domingo pasado. Día de Cuasimodo, en que el pajarete que pelé en Domingo de Ramos me lo comí todo. Que rima con Cuasimodo.

La visita prometía. Moya y su tierra. Un destino espectacular. Una conexión con la historia y con el mundo de hoy, siempre. No sé por qué es aquella cumbre me ha parecido siempre un prodigio de la naturaleza y un auténtico heroísmo de las personas. Está repleta de ruinas admirables. Todas pétreas.

Nueva visita al santuario de Tejeda. Impresiona cada vez que uno va. Esta vez fueron los ofrecimientos, siempre conmovedores.

Convento, iglesias, casas, ayuntamiento. Esa sencillez de la iglesia del siglo XIII de la plaza; porque, tienen que perdonarme ya que no recuerdo su nombre; un fallo tremendo: cómo ir por aquellos territorios sin una libretilla. Tiene ya una portada del gótico inicial, con un arca apuntado pletórico de timidez.

El convento, al fin, está en avanzado proceso de restauración. Recuerdo aún entrar hasta los últimos recovecos de mismo no hace muchos años, cuando hice una visita con otros amigos. Hoy me acompañan Alicia, Concha y Gabriel, y nos interesan hasta los pasadizos internos que posee la muralla del viejo castillo de los Cabrera.

Cabrera. Menuda jugada hice don Andrés ….. Era entonces el alcaide del alcázar de Segovia; esto significaba mucho en aquella Castilla carcomida por los conflictos bélicos, los golpes de mano y la propaganda y las falsas noticias. Andrés controlaba la guarnición y el tesoro real; era mucho. No cabe duda que era, había sido un hombre de Pacheco, el gran marqués de Villena, porque sin su autorización, sin su visto bueno, nada se movía en torno a la realeza castellana entonces. Había decidido traicionarlo y apoyar a Isabel. Entonces era sólo la hermana del Enrique IV. Más tarde llegaría a se Isabel la Católica.

Los Cabrera era conversos de Cuenca. Sus antepasados eran judíos. Pertenecían a una numerosa y próspera comunidad hebrea que, conversión mediante, se habían convertido en decisivos en la política del siglo XV y XVI, aunque lo seguirían siendo más adelante, no sin rivalidades con grupos que les sacaron los colores por su pasado no cristiano. Toparon con el riguroso del Corro, formado en los rigores impuestos por el cardenal Cisneros. Cuando Isabel les premió en 1480 con el marquesado sobre la villa de Moya y todo un potente territorio plagado de aldeas, montes y pastos, los convirtió en un linaje importantísimo de entonces. Ya en 1600 llegaría Pinel y Mnroy a falsificar la trayectoria linajística de la familia y despojarla de todo elemento que recordase el pasado hebraico.

Pinel y Monroy dejo impoluto el curriculum familiar de los Cabrera. No encontró nada de sangre judía. Vaya, vaya. Y eso que eran conocidísimos en la Cuenca de aquel tiempo. Cuando el dinero anda por medio…

Falsedades. No eran los únicos. Para eso estaban los linajudos. La misma Inquisición estaba plagada de conversos. Una buena falsificación era una gran herramienta. Alonso Cabrera, uno de los hermanos de Andrés, cayó en manos de los inquisidores de Cuenca, pero el proceso no prosperó. Es fácil deducir el porqué: si no tienes padrino…

La impresionante torre del castillo sigue aún abierta, dispuesta a que cualquiera deje allí su sello, su mensaje, su mierda, lo que sea. Hace tiempo que desaparecieron las vigas. En fin, si hubieran echado una reja, no tendríamos la oportunidad de calibrar su gigantesca embergadura.

En septiembre anduve por aquí. El septenario de la Virgen de Tejeda me trajo hasta aquí. Han quedado fijados para siempre la increíble masa humana que entonces se movilizó. Fervor, tradición, amor a las raíces, muchas emociones juntas, danzantes heroicos. Una jornada muy especial.

Hay varias poblaciones cerca de la Moya vieja, aparte de los Huertos; Santo Domingo, Pedro Izquierdo. Cerca está Landete, donde hizo la Virgen una pausa al mediodía, aunque los habitantes del marquesado bien que nos subrayaron que la Virgen no les correspondía a Landete, sino a los pueblos y aldeas del Marquesado.

Una rejería impresionante presente en algunas casas de Landete.

 

Hoy el Marquesado es un pálido reflejo de su pasado. Las ruinas hablan por sí solas. Es la situación de una tierra intermedia, colocada cerca de la Meseta de Requena-Utiel, pero demasiado lejos de la capital de Cuenca. Una tierra vaciada, una tierra a la que le han quitado su población. Me parece que las gentes de esta tierra y de la nuestra, allí al lado, a veces nos encontramos como aquel ángel pobre de Klee, reflejo del desvalimiento de la gente. Tiene aspecto de fantasma desvalido.

Me reconcilia, me alegra, la bodega que existe aquí y el restaurante. Son el futuro de esta tierra, al menos un vector de ese futuro. Por aquí se debe transitar para restañar las heridas del trauma gigantesco del vaciamiento poblacional. Nuevos negocios, nuevos retos, motor del futuro.

 

El ángel de la guarda que cada uno llevamos con nosotros debe conducirnos a valorar nuestro pasado y a luchar por la permanencia del hábitat rural. Lo de Moya es fruto del gran trauma. En Landete se atisban suspiros de esperanza. Nuestra tierra, cercana, debe ir también remando contra la despoblación. Sin dormirse, sin la autocomplacencia de la conformidad con lo que tenemos. ¿Acaso no tenemos lazos históricos profundisimos con estas tierras conquenses?

En Los Ruices, a 2 de mayo de 2019.

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