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«El escultor Miquel Navarro ha fallecido. Deja un inmenso legado. Con él se cierra la lista de vivos de los 5 grandes de todos los tiempos. De los cincos españoles con obra en la colección permanente de la Unesco en París: Pablo Picasso, Joan Miró, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida y Miquel Navarro. Estar en ese quinteto lo resume todo», afirma Rafa Navarro, presidente de la Fundación Sendas de Luna, patrono co-fundador junto a Miquel Navarro.

Requena (02/11/26)- Artículo de Rafa Navarro, presidente de la Fundación Sendas de Luna, patrono co-fundador junto a Miquel Navarro. 

Los museos más importantes del mundo dibujarán una lágrima sobre fondo azul. Rotondas escultóricas de grandes ciudades le darán vueltas al sinsentido de la vida. Los críticos de arte glosarán su quijotesca figura.

El escultor Miquel Navarro ha fallecido. Deja un inmenso legado. Con él se cierra la lista de vivos de los 5 grandes de todos los tiempos. De los cincos españoles con obra en la colección permanente de la Unesco en París: Pablo Picasso, Joan Miró, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida y Miquel Navarro. Estar en ese quinteto lo resume todo.

Nunca entendí su obra. Aunque pasé algunas horas preguntándole por determinados cuadros o esculturas en su casa, en su finca y en su taller. Miquel no sabía explicarlas. Las creaba y te donaba su arte. Miquel era un genio. Y una persona enormemente generosa, sensible, tímida y divertida. Quizás, como su arte.

No puedo hablarles de su faceta artística. No es mi disciplina. Pero sí, de la personal y familiar. De Miquel Navarro Navarro. Para él su primer Navarro, era el segundo. Siempre sintió un amor celestial por su madre. Junto a quien descansará en el Cementerio de Siete Aguas.

Su madre nació y vivió su infancia en el caserío (hoy ruinas) de La Contienda de Siete Aguas. En unas condiciones muy duras. Una infancia que compartió con su prima, de similar edad, mi abuela, y que selló un vínculo especial. Nuestras conversaciones no iban de arte. Hablábamos mucho de lo rural, de la historia, de los cultivos de su finca. Y muchas veces de lo duro que debió ser vivir aquellos años en La Contienda, hoy un caserío destruido que siempre busco cuando paso en AVE o por la A3, entre Siete Aguas y El Rebollar.

Por eso Miquel eligió muy cerca de allí su paraíso. Su retiro espiritual. Su finca de vides, olivos, frutales… en el Pico del Tejo. Se la buscó el tío Luis. Un fornido pastor que había sido alcalde de Siete Aguas. Luis y, nuestra tía, Flora eran un matrimonio que desde su discreto hogar interconectaban al mundo entero.

Miquel quiso construir una bodega en su finca, pero mi padre le quitó la idea de meterse en una gran inversión. Siguió sus consejos y cultivó sus propias vides y creó su propia marca de vinos, La Alqueruela, que le elaboraba y embotellaba Carlos Cárcel en El Rebollar. Disfrutó muchísimo en aquellos años. Le gustaba tener su propio vino y lo pedía en los restaurantes. Logró un rosado muy digno. Y agradeció no haberse metido en la inversión de la bodega, porque finalmente arrancó las vides y las cambió por olivos.

Ese era el otro Navarro del mismo Miquel. El que disfrutaba cultivando unas nueces de vicio o unos tomates que Olga le aliñaba en la ensalada. Después de que Manuel Blay les dejase viendo la cima del Pico del Tejo. Junto al inseparable Rafa Marí, rodeados de sus perros. Con el ‘huérfano Tino Navarro’, su can favorito, que figuraba en la lista de créditos de sus últimas películas de arte. Poner a su perro Tino Navarro en sus pelis artísticas le provocaba una carcajada irreverente. Cuando lo veía ahí, se partía de risa. Era su maldad. Su niñez hecha arte.

El año pasado Miquel y quien suscribe creamos la Fundación Sendas de Luna. Miquel aportó su escultura Luna del Tejo y mi empresa el capital necesario. El nombre es también obra suya. Sensible, dulce, artístico, como él. Una Fundación de ámbito nacional cuyo objetivo es que el mundo rural no se descuelgue del resto del mundo. Dignificar la vida en el campo. Hacerla fácil y próspera. Nuestros fines, la enseñanza y la transferencia del conocimiento. La digitalización del campo y la creación de un centro universitario, son las primeras acciones en las que trabajamos. Miquel pidió poner su aportación, pero no participar ni tener responsabilidades. Nos dejó encargado otro legado. Su segundo legado. Era una buena excusa para vernos, contarle los avances y acabar hablando del mundo rural.

Una Fundación que mirará la parte más personal del otro Navarro, del mismo Miquel. Con sede social en Requena, municipio del que procedía su padre, el primer Navarro. El pueblo vecino del Siete Aguas de su madre y de su descanso eterno.

Su gran legado artístico lo administrará otro organismo, la Fundación Miquel Navarro, con sede en Mislata, cuya Casa-Taller inauguró el pasado 25 de junio. Aquella calurosa tarde Miquel fue muy feliz. Lograba así dejar bien cerrado el destino de sus obras más personales y de su inmenso legado artístico, algo que le obsesionaba.

Generoso, sensible, tímido y divertido.

Tremendamente generoso. Cuántos de los cercanos le hemos reñido por sus excesos de generosidad.

Muy sensible. Infinitamente. Era el sensor de su arte. Captaba y transmitía con esa delicada sensibilidad personal… que componía con la irreverencia que le exigió el arte de su tiempo, para jugar en la liga mundial.

Su timidez trasluce en la diferencia de fama del quinteto de París. Miquel era tan genial, pero mucho más tímido. Miquel quiso ser así. Ese era el otro Miquel.

Y divertido. Miquel era muy divertido. Las risas siempre estaban presentes. Era un genio completo.

La última vez que le vi en persona cometí una osadía. “Le traigo una escultura a un escultor”, le comenté. Y saqué del coche una de las dos piedras que había cogido tiempo atrás de las ruinas de La Contienda. La colocamos junto a La Luna del Tejo, la escultura del patrimonio de la Fundación Sendas de Luna.

Miquel, tu Luna dibujará Sendas para que el mundo rural prospere. Mantendremos vivo tu otro legado. Gracias por tu arte y tu vida que generosamente nos entregaste.

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