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Requena (17/04/20)

«¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?».

El CIS pregunta si es necesario «restringir y controlar» la información sobre el coronavirus. EFE

Esta es la sexta y polémica pregunta del último Barómetro de Centro de Investigaciones Sociológicas. El 66,7% de los encuestados apoya el control, mientras que el 30,8% apoya la libertad total de información.

Y la polémica se ha encendido, no tanto por el resultado, como por la formulación de la pregunta, que algunos consideran una propuesta de censura.

Para Rafael Díaz Arias, periodista y profesor de Información Audiovisual en la Universidad Complutense, el enunciado de la pregunta es sesgado e, incluso, anticonstitucional, ya que admite la posibilidad de derogar un derecho fundamental. También es indicativo del momento en que vivimos, en el que se plantea una oposición entre libertad y seguridad. Y de su resultado: casi el 68% de los encuestados a favor del control. De lo que cabe deducir, indica el profesor Díaz Arias, que, en un momento de gran crisis, como esta pandemia, los ciudadanos españoles aprecian más la seguridad que la libertad de expresión.

La pandemia de la desinformación

Pero lo cierto es que, a la par que la pandemia, han crecido los bulos, la manipulación y la desinformación. Así lo constata a diario el departamento RTVE Verifica integrado por un equipo multidisciplinar, del que forma parte Myriam Redondo, la periodista experta en verificación digital, quien asegura que “nunca ha habido una corriente desinformativa tan global, con bulos que cruzan el mundo en horas y se extienden por distintos países afectados por el virus tan solo cambiando protagonistas y supuesta ubicación. A medida que la enfermedad avanza en cada país, se extienden los bulos que la acompañan. Son los mismos, como en una fila de dominó, que tiene distintas velocidades pero donde las fichas no varían apenas. Antes habíamos tenido desinformación en las elecciones de EE.UU., desinformación con la crisis de Cataluña, desinformación con el Brexit, pero algo tan global, nunca”.

“Antes habíamos tenido desinformación, pero algo tan global, nunca“

La pregunta del CIS equipara, además, redes y medios de comunicación como difusores de “bulos, informaciones engañosas y poco fundamentadas”. Pero las redes y los medios ni cumplen la misma función, ni se rigen por las mismas reglas.

                          Vídeo: «La Policía crea una guía contra los bulos y noticias falsas en internet»

«Las plataformas tecnológicas han negado siempre ser un medio de comunicación, y lo cierto es que son distintas. Lo hacían porque reconocer esa igualdad les obligaba a una obligación que sí tienen los medios: responsabilizarse de lo que se publica en ellos. Con la COVID-19 vemos a las plataformas dar pasos más avanzados hacia la revisión de la información, precisamente porque el nivel de la desinformación ha alcanzado cotas notables y se han dado cuenta de que tienen que estar a la altura y colaborar más. Pero siguen sin ser lo mismo que los medios. Parte de su filtrado es automático, no humano”, explica Redondo.

Aumento de bulos en Whatsapp y Telegram

Según un estudio de Reuters Institute sobre cómo se informa la gente del coronavirus en seis países, entre ellos España, ha aumentado el interés por la información y se consideran más fiables los medios de comunicación que las redes sociales, excepto en dos grandes grupos, los jóvenes y las personas con menor nivel educativo, que prefieren las redes y desconfían más de los medios y de los gobiernos.

Según Iris López, documentalista y miembro de RTVE Verifica ha detectado un gran aumento de desinformación y de bulos en aplicaciones como Whatsapp o Telegram y, sobre todo, en los audios, los cuales son casi todos falsos, pero causan un gran impacto en las personas mayores, que les dan crédito. En este caso, el problema es que se desmienten y denuncian en las redes, medio que las personas mayores no suelen utilizan. Por ello, sería preciso darles cabida también los programas informativos de radio y televisión, espacios a los que sí acceden.

El mayor interés de las grandes plataformas, como Facebook, Google o You Tube, es el tráfico de datos, que se traduce en publicidad e ingresos. Tan solo toman medidas y ponen coto a determinados contenidos y a la desinformación cuando se ven presionados por la opinión pública.

“Muchos gobiernos utilizan estas normas para acallar a críticos y disidentes, y no puede ser que la desinformación se lleve por delante algo muy necesario, la libertad de expresión. El nivel de exigencia social sí que hay que elevarlo y desde muchos ángulos: los propios ciudadanos individualmente, dudando y no republicando contenidos dudosos, y también desde instancias educativas, desde el gobierno y los partidos políticos. Estos últimos podrían ayudar mucho a despejar el ambiente, pues buena parte de los bulos están ligados a la polarización política”.

Por su parte, el profesor Díaz Arias señala que un Consejo Estatal Audiovisual podría ser el cauce para combatir la desinformación, la cual, indica, siempre es interesada y tiene una finalidad pública concreta.

Y lo que es propaganda y desinformación no es periodismo.

Fuente: RTVE.es//YOLANDA SOBERO

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