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LA BITÁCORA DE BRAUDEL /JCPG

Por fin tengo un día fresco y con lluvia. No hace más de 14 º, y lo agradezco. Un alivio después de semanas con días bochornosos. Es posible que apenas vea el sol en el tiempo que voy a estar aquí. No importa, en mi España aún me quedará bastante cuando vuelva. Desde la ventana observo el perfil de unos árboles enormes que dejan ver a la derecha un exuberante césped; en tanto a la izquierda diviso el perfil de otro de los edificios en los que profesores de toda Europa nos alojamos. Un país absolutamente diferente; aún me impresiona el olor a hierba mojada cada vez que salgo de las clases. No les he dicho nada, pero estoy aprendiendo inglés, la gran asignatura pendiente de muchos españoles, y de muchos profesores españoles. Hay muchas gaviotas, porque tienen el mar cerca y en esta zona hay comida abundante. Y, sobre todo, muchos turistas, entre ellos muchísimos españoles.

Estoy en el Trinity College de Dublín. No ha parado de llover desde que llegué, hace cuatro días. Así ya se pueden tener estos prados y ese césped. ¡Para qué regar! Cuando vuelva el contraste será sorprendente. A través del Internet me entero de los récords de temperatura que estamos alcanzando este verano. Y la familia me mantiene al tanto del ambiente caldeado en el que se vive. Los irlandeses parecen acostumbrados a este verano que, para un español, parece más un otoño ya fresco. Yo diría que de las primeras semanas de noviembre. Esta ciudad tiene suerte. Cuenta con dos escritores de altura: Wilde y Joyce. No sé si se les rinde tributo adecuado. Me consta que sí a Joyce. En los departamentos universitarios del Trinity se bascula entre Geoffrey Chaucer y la revolución de hace un siglo.

Como está a punto de celebrarse el centenario de esta revolución, el Trinity prepara conferencias y ediciones al respecto. Y parece hacerse hincapié en el gran debate que nos embarga a los europeos al iniciar este nuevo siglo: la memoria. Me falta hacerme la foto ante el gran héroe Michael Collins. Aún tengo que averiguar dónde está su estatua. Realmente, debería hacérmela con Eamon de Valera, el primer presidente. Sobre todo porque su madre o su padre era de origen español. Pero Valera tiene una pátina de oscuridad en su perfil biográfico que no me gusta mucho.

Irlanda y España han tenido relaciones históricas interesantes, como las del tiempo de los Austrias, allá por los siglos XVI y XVII. Desde el asunto de la Armada Invencible de Felipe II y sus repercusiones en esta isla hasta el tiempo de la revolución inglesa con el sangriento Cromwell. En los paneles electrónicos del Trinity ponen diariamente la evolución de la imposición del protestantismo en este país de católicos. Lo que no consiga la sangre y el fuego… En tres décadas, un país dominado por el protestantismo.
En Dublín, a 30 de julio de 2015.

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