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LA BITÁCORA DE BRAUDEL / JCPG

Siempre hay alguien. No hay unanimidad total en las sociedades. Siempre hay alguien que no comulga con la idea; aunque se trate de imponer con la violencia o con la fuerza. A veces la fuerza no se manifiesta mediante los cañones y los fusiles. A veces las ideas se transmiten y calan en forma de informaciones sesgadas, ofertando a la gente una idea disfrazada en medios de comunicación concertados. A veces se silencia al disidente por las bravas. Mejor que no se sepan sus opiniones para que nadie ponga en marcha sus neuronas.

Esta imagen fue tomada en Hamburgo en 1936. Eran ya tiempos recios en una Alemania que llevaba tres años bajo el mando de Hitler. Sobre él y su régimen hay mucho que decir. Lo prueban la inmensa masa de libros, revistas, documentales y películas a que ha dado lugar. Sigue levantando interés una de las etapas más oscuras de la humanidad.

El tema es que en la masa de ciudadanos de Hamburgo (¿se les puede llamar hamburgueses?) que reciben al Führer en una de sus visitas hay un señor con os brazos cruzados. Cruzar los brazos. Qué gran poder simbólico se ha escondido siempre en este gesto.la inactividad. La falta de compromiso. El rechazo ante una situación violenta, de fuerza. Pero hay otra mochila cargada de símbolos en este cruzar los brazos: la indiferencia, el me da igual. ¿Qué tiene más poder? Probablemente la segunda opción. La indiferencia es poderosa porque refuerza las situaciones de fuerza como la de la foto.

Aunque no he podido conocer quién tomó la maravillosa foto del hamburgués cruzado de brazos, es probable que fuera de un documental de Leni Riefensthal, que es la mujer que aparece junto a Hitler en la imagen anterior. Leni se convirtió en la gran autora cinematográfica alemana de los años 1930; los otros grandes: Lang, Zinnemann, emigraron a Hollywood.

¿Hay unanimidad también en estas gigantescas, millonarias marchas catalanas de los últimos años? ¿Realmente todo el mundo está por la labor? Hay grandes diferencias entre esta imagen y las anteriores. Está clarísimo. La imagen catalana procede de una sociedad democrática y libre. Pero una sociedad también dividida y rota. Aunque los organizadores del cotarro independentista se arroguen la representación de Cataluña, como si fueran los auténticos. Los que cruzan los brazos están en el campo, en la playa, en su casa, pasando de todo. Habrá que sacarlos de esa santa indiferencia. No hay más que un modo: el referéndum.

Los Ruices, 16 de septiembre de 2015.

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