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EL OBSERVATORIO DEL TEJO / JULIÁN SÁNCHEZ

Durante estos días hemos asistido a numerosos pronunciamientos, dimes y diretes y comentarios de diverso índole en referencia a las elecciones del 27S que desde Cataluña y fuera de este territorio se han venido produciendo. Que si la historia, que si la cuestión nacional vista desde el prisma minimalista o maximalista (depende del ojo por donde se mire), que si la nacionalidad se mantendría, o no, caso de independencia, que si seguiría en la U.E., o no, etc., etc… Una auténtica inundación de interrogantes, propuestas e incertidumbres que ninguno asegura a ciencia cierta por donde va a quedar la cuestión tras las elecciones del último domingo de septiembre.

Si analizamos los precedentes históricos, en referencia a la sacada de pecho del separatismo en orden a la masiva asistencia de acólitos a la manifestación de la diada del 11S, promovida y organizada por las asociaciones inspiradas y subvencionadas desde la propia Generalitat, podremos comprobar que, nada nuevo en el frente mi brigada. O ¿Es que estas masivas expresiones doctrinarias no las habíamos experimentado nunca en España? Porque de espontaneidad nada de nada.

Durante el franquismo, cuando el régimen necesitaba efectuar manifestación pública de poder social, simplemente formalizaba una llamada a la madrileña Plaza de Oriente para llenarla hasta la última esquina de furibundos fieles levantando la palma y gritando el consabido ¡Franco, Franco, Franco!… Y ya no quiero ni acordarme de aquellas manifestaciones sindicales multitudinarias y folcloristas del 1ª de mayo, llenando hasta la bandera el graderío del Santiago Bernabéu y la Castellana de autobuses confluyentes de toda España.

Pero todo esto no viene a ser más que una versión modernizada de idéntica actitud recogida en los estudios culturales desde la antigua Grecia, donde ya desde los siglos VII y VI antes de Cristo, aparecieron los primeros antecedentes de los actuales dirigentes políticos a los que se reconocía bajo la denominación de tiranos, cuya actitud en referencia a su empleo hacia el acceso a las funciones de dirección política se asimilan extraordinariamente al actual comportamiento demagogo y populista de los políticos actuales.

Consecuentemente con lo expuesto el tirano griego denotaba, en su relación con la masa de sus pretendidos votantes, un intento de complicidad entre apasionada y falaz. El tirano surge de las entrañas del propio pueblo y se eleva mediante la pretendida obsesión de defenderle y rescatarle de la opresión ejercida sobre él desde tiempos históricos.

Su arraigo denotaba tal solvencia y fortaleza que hasta conseguían instituir auténticas dinastías tiránicas quienes se aferraban al poder aprovechando crisis económicas e inclusive aduciendo peligros externos cuya importancia solían exagerar a efectos de fundamentar en estos compendios su genuina legitimidad.

Según los griegos, el tirano vive rodeado de aduladores y los pueblos mal dirigidos acumulan en su vertiente dirigente un gran número de demagogos. El propio Aristófanes ya manifestaba que para conseguir el favor del pueblo, lo más fácil era llegarle con engaños para halagarle. Herodoto, en su comentario sobre el dominio de la masa, manifestaba que era mucho más fácil engañar a una multitud que a una persona sola.

Desde que Grecia conoció la democracia, patentizó la reflexión de que una gran reunión de personas es mucho más factible de unificarse en sus pasiones que si se efectuase la misma proposición en grupos pequeños o individualidades. Cuando se reúne una gran multitud, se suele perder la capacidad individual de razonamiento y cordura para integrarse en un adocenado concepto especulativo común, tal y como si la conciencia individual perdiese su capacidad de discernimiento, diluyéndose en el imprevisible comportamiento común.

Siempre en medio de la multitud suele ser el apasionamiento lo que suele primar. La masa se exalta ante el desafío anunciado sin detenerse a reflexionar sobre los riesgos que puede acarrear un comportamiento poco reflexivo. Los disidentes acaban cediendo al ardor de la mayoría temiendo ser tachados de malos patriotas si muestran su desaprobación pública, en consecuencia surge la exacerbación y arrojo político que la masa proclama debidamente encauzada por demagogos y tiranos. El propio Eurípides dejaba de manifiesto su máxima consistente en que “las adulaciones de los demagogos consiguen hoy las delicias del pueblo y mañana su desgracia”.

El propio Platón describe la estrategia de tiranos y demagogos, quienes suelen estudiar los comportamientos multitudinarios, ilustrándose en sus reacciones, descubriendo sus puntos débiles a los efectos de poder acometer su dominio canalizando su energía hacia su propio propósito, todo ello sin que la masa llegue siquiera a advertirlo.

Y ahora surge la pregunta: ¿Puede existir alguna diferencia entre los comportamientos de las masas durante las primeras democracias griegas, en relación a los consiguientes movimientos masivos experimentados en las propuestas sociopolíticas contemporáneas?

Efectúese el correspondiente paralelismo en referencia a lo experimentado en la Grecia antigua, con lo sucedido recientemente en dicho país sobre los últimos acontecimientos experimentados por Alexis Tsipras y su formación política Syriza, consecuente a los últimos procesos electorales llevados a cabo en el país heleno, donde el partido extremista obtuvo el gobierno de la nación bajo promesas irrealizables, utilizando como posterior salida al laberinto, un referéndum recomendando  la ciudadanía el voto contrario al mandato europeo, para posteriormente realizar una actuación contrapuesta a la petición efectuada y volverse a presentar para ser nuevamente reelegido y legitimado, en esta ocasión para ejecutar una política de ajustes mucho mayor a la que se rechazó en el mencionado referéndum. Este  puede ser el ejemplo más claro para obtener la oportuna contestación al interrogante planteado.

Mediante el caldo de cultivo cultural llevado a cabo en Cataluña durante los últimos 30-35 años, no viene a ser difícil el convocar en un momento de exaltación patriótica a una multitud uniforme y ardiente dejándose llevar en un comportamiento específicamente teledirigido hacia un propósito estratégicamente determinado. Los ciudadanos fueron conminados instintivamente hacia la acción sin detenerse, ni por un momento, a reflexionar sobre los riesgos que puede acarrear un comportamiento poco reflexivo en un futuro próximo. En consecuencia, volvemos a la introversión de Eurípides quien advierte del peligro de la demagogia al propiciar la euforia del demo actual para converger irremisiblemente en las inapelables desgracias del mañana.

Tras más de treinta años de políticas de adoctrinamiento cultural y amedrentamiento social, el núcleo básico del separatismo concurre a las elecciones del 27S al Parlamento Catalán unido en coalición bajo la premisa preconizada por el gobierno de Cataluña, consistente en que las elecciones serán un concurso plebiscitario sobre la independencia. Dicha coalición, compuesta por los partidos políticos Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Demòcrates de Catalunya y Moviment d’Esquerres,  con el apoyo de las organizaciones independentistas Òmnium Cultural, la Asociación de Municipios por la Independencia, Asamblea Nacional Catalana (ANC) , Súmate , Solidaritat Catalana per la Independència, Reagrupament, Catalunya Sí y Catalunya Acció y Avancem, la mayoría de ellas promovidas y subvencionadas con fondos públicos por la Generalitat de Cataluña. Además contaron con el inestimable apoyo de dos monjas muy ruidosas y populistas, la hermana Teresa Forcades y la argentina de origen afincada en Manresa  Sor lucia Caram, quien se autocalifica como separatista, cojonera y caliente (sic).

Pues bien, todo este conglomerado con su caldo de cultivo, no logró su objetivo la noche del 27S de alcanzar la mayoría de votos necesarios para la legitimación de su pretensión. La coalición JxSí, únicamente pudo llegar al 39’54% de votos escrutados, lo cuales hipotéticamente unidos al 8’2% que consiguió el otro grupo separatista declarado  la CUP, únicamente pudieron acreditar el 47’74 de la totalidad de la votación experimentada, muy lejos de las previsiones que la propia coalición alumbraba.

Pero ellos dan la vuelta a toda evidencia negando la mayor, en consecuencia el problema persiste y, solo eso, sino que se agrava por momentos. Cataluña lleva actualmente cinco años de desgobierno y deriva separatista donde, pese a las falacias que se vierten continuamente, únicamente puede hacer frente a sus obligaciones de gobierno merced a la asistencia del Fondo de Solidaridad del Estado. Pero todo tiene su menester y en consecuencia el propio proceso plebiscitario está generando una inestabilidad que llega a perjudicar considerablemente las expectativas económicas y de inversión en la comunidad autónoma. En estos momentos el entorno económico europeo no parece muy favorable y, como ya avanzó Mario Draghi la semana pasada, Europa se enfrenta a una posible situación de estancamiento.

En Cataluña, según el último informe que presenta la entidad Convivencia Cívica Catalana, la inversión extranjera que llegó a la comunidad catalana durante el segundo trimestre de este año fue el 34% de la totalidad que recibió en el mismo periodo del año anterior. Un reflejo claro de las intenciones de los inversores internacionales ante un posible resultado independentista y las empresas autóctonas forman una auténtica sangría de abandono de la región hacia lugares más claros y seguros.

Lo cierto y verdad viene a ser que la deriva separatista, y más en estos momentos. puede salir muy cara a Cataluña, se independice o no, y tampoco barato al resto de España. Cataluña necesita a España, su principal socio de toda la vida y España necesita a Cataluña porque Cataluña ha sido siempre la más innovadora y la más abierta a Europa de sus regiones. En consecuencia, las divergencias entre las dos partes pueden hacerse muchísimo daño y de consecuencias irreparables. Como diría aquel; “condenados a entenderse”.

La tiranía y la demagogia de algunos no puede, ni debe, seguir sometiendo a la incertidumbre y a la irresolución a toda una sociedad. La política deba dejar de convertirse en un vivero de iluminados y corruptos expertos en manipular y adular al pueblo provocando su actual excitación, para posteriormente llegar a desembocar en un futuro de miseria y desafuero. Los más de dos mil setecientos años de pervivencia de esta casta hacen pensar que la sociedad precisa de otras actitudes en sus dirigentes a efectos de ofrecer una moderna salida a sus necesidades y derechos.

Tiranos y demagogos deben dejar paso irremisiblemente a sensatos e incorruptibles. Para ello se hace precisa la regeneración de un sistema, el cual debe basarse en algo tan simple y acreditado como viene a ser una educación de calidad para todos, una justicia independiente y la profundización en el establecimiento efectivo de los derechos y las libertades de toda la ciudadanía. Cuanta más cultura y libertad, más difícil será que pueda triunfar la manipulación. La política debe dejar de consistir en el único medio de vida de alguien que no concibe otro camino para salir adelante.

Julián Sánchez

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