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LA BITÁCORA DE BRAUDEL /JCPG

Si bien la cultura, y más que la cultura específicamente aspectos cualitativos de la misma, no puede o pueden medirse por la cantidad de eventos que tienen lugar en una sociedad; creo que sí puede afirmarse que la cantidad, aunque no defina al todo, es parte de la definición de ese conjunto. En ocasiones, el empuje cultural depende de una combinación variable de empeño, coraje y suerte. Lo que está bien claro, es que son los individuos los que dan consistencia a un proyecto cultural.

Cuando topamos con conceptualizaciones de la naturaleza de proyecto cultural, estamos penetrando en terrenos complicados y a veces sumamente peligrosos, Un proyecto cultural posee unos propósitos más o menos bien definidos, unos instrumentos adecuados a tales propósitos y se concreta en actuaciones determinadas que más tarde realimentan el proyecto quizás con vistas a reproducirlo a lo largo de otro período de tiempo.

Así, pues, la cultura se alimenta de iniciativas en las que los individuos son fundamentales, y puede responder a proyectos formados. Es evidente que, en los últimos años, existe una revitalización cultural en la Meseta de Requena y Utiel. Sin ánimo de ser exhaustivo, pienso que podríamos hacer un listado elemental de estas actividades:

–       Los ciclos musicales, celebrados tanto en Requena como en Utiel.

–       Los Cursos de Aula Abierta de la Biblioteca de Requena, que llevan ya unas cuantas ediciones y con éxito notable.

–       Las publicaciones que se desarrollan a lo largo de la comarca. Así, esta misma revista electrónica en la Javier García pone mucho empeño y demuestra su enorme cariño por la tierra. Pero hay que contar con el renacimiento de la revista Utielanías, con el Oleana y otras.

–       Los ciclos de conferencias, que atraen a un numeroso público.

–       Las ferias del libro.

No quiero calificar todo esto de renacimiento cultural, sobre todo porque parece que en este nuestro mundo occidental vivimos a base de renacimientos, que parece que son artilugios ideológicos que nos sirven para explicar absolutamente todo. Si no es un renacer, es impulso cultural notable. Y como todos los soplos de viento, se enfrenta a la consolidación de las brisas que permitan que el barco hinche sus velas durante bastante tiempo y realizar su travesía. El barco de la comarca está acumulando fuerza en sus velas y parece iniciar su singladura.

Entonces, ¿no existen problemas? Pues sí, y me parece que son, al menos en algunos casos, muy, muy evidentes. El primer punto flaco es tan antiguo que tiene ya el poso del tiempo. Se trata de las viejas rencillas comarcanas que se polarizan entre Utiel y Requena. José Luis Martínez trazó hace algunos años las líneas maestras de un enfrentamiento que debilita al conjunto. Evidentemente hay luego conflictos entre cabecera municipal y pedanías, pero la crisis actual, con su estela de reducción a escombros de las aldeas, está allanando el camino a la hegemonía relativa de las dos urbes comarcales. La colaboración de Utiel con Requena y de Requena con Utiel es clave para el futuro, y en el terreno cultural es importantísima; debería, en consecuencia, caminarse hacia una mayor colaboración en los eventos culturales.

Otras problemáticas se refieren a la naturaleza de las iniciativas y la debilidad económica que la crisis ha traído a nuestros municipios. La ausencia de recursos destinados a eventos de tipo cultural es evidente. Es legítimo, desde luego, ahorrar y poner en primer lugar las necesidades sociales; pero también es preciso evaluar adecuadamente la naturaleza del recorte en temas culturales: ¿no se pone en riesgo el sentido mismo de la pertenencia a una tierra? ¿No se lesionan los intereses económicos como rebote? ¿No se desarma a nuestra tierra de los instrumentos para el adecuado despliegue turístico? Son cuestiones sobre las que vale la pena detenerse a reflexionar. Muchos verán aquí cuestiones políticas, y no digo que no lo sean. Cada partido político tiene unos planes, unos proyectos; no voy a entrar en ellos. Pero ¿existen proyectos culturales series, destinados a ser aplicados en un plazo razonable de tiempo? Porque cansados estamos de oir desde hace varias legislaturas, con colores políticos diferentes, que nuestros electos pretenden potenciar la cultura local para reforzar nuestro papel como sociedad; bonitas palabras, desde luego; pero pueden estar vacías.

Finalmente, la precariedad de los recursos económicos implica que el mantenimiento de las iniciativas pasa invariablemente por plantear una elevada dosis de coraje individual. Y esto es lo que sucede. Personas concretas, al frente de instituciones culturales, llevan adelante proyectos sin solo euro, mediante el propio amor que ponen en su trabajo y la confianza que despiertan en los colaboradores. Hasta aquí todo perfecto. Pero ¿puede sostenerse esto muchos años?

En definitiva, este renacer necesita mucho apotyo, porque me temo que muchos, si no todos, de nuestros políticos no tienen ni idea de cultura, al menos de lo que la gente demanda en este terreno y la capacidad de acción de algunos individuos. Olé por la gente que lleva adelante estos proyectos.
En los Ruices, a 30 de abril de 2015.

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