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EL OBSERVATORIO DEL TEJO / JULIÁN SÁNCHEZ
Existe una leyenda en Cataluña (las leyendas suelen ser en esta comunidad un parámetro muy fuerte para el complemento de su propia historia), mediante la cual se relata la fábula consistente en la heroica acción de un muchacho perteneciente a  El Bruc, municipio situado  en la comarca de Anoia, provincia de Barcelona y que, según sus difusores, obtuvo gran relevancia en la batalla celebrada durante el periodo del 8 al 14 de junio de 1808 colaborando en la victoria de las fuerzas nacionales ante el ejército francés invasor comandado por el  general Schwartz.
La colaboración de este muchacho conocido como Isidre Lluçà i Casanoves, resultó trascendental para los intereses de los resistentes españoles, y no consistió en otra cosa que la acción de multiplicar el efecto del sonido artillero del ejército español mediante la reverberación  producida por el sonido de su propio tambor, cuando al hacerlo sonar, vino a provocar el efecto multiplicador del mismo, al colisionar su honda expansiva con las paredes de los desfiladeros Montserrat,  produciendo con ello la consecuencia de hacerles creer que el número de soldados españoles era muy superior al que realmente existía.
Dicho lo anterior, y considerando que la noticia deportiva de la semana pululante en los medios deportivos españoles, ha venido siendo la negativa del Real Madrid a prestar el estadio Santiago Bernabéu para que la sede blanca sea el recinto que albergue la celebración de la final de Copa del Rey entre los equipos del F.C. Barcelona y el Club Atletic de Bilbao, se han acrecentado las especulaciones y comentarios fustigadores de tal decisión. De esta guisa, se han originado auténticas provocaciones desde Barcelona y Bilbao intentando presionar a efectos de que la final de la Copa del Rey se dispute en el estadio del Real Madrid, pero lo cierto y verdad viene a ser que el club de Concha Espina se ha mostrado inamovible en su negativa para ello y, el propio madridismo se muestra acorde y proclive a la idea de que no hay que dar ninguna explicación a dicha denegación.
También hemos leído y escuchado que ha sido la “maledicencia” del propio Florentino Pérez lo que ha propiciado la prohibición, siempre Florentino, que poco conoce toda esta gente el genuino poder de la masa social madridista cuando muestra su insatisfacción, ni tampoco los sistemas de consulta del propio club a su masa social de la que me siento afortunado partícipe, y a ello vamos.
 En primer lugar habrá que poner en valor la idea de que, considerando en principio que actualmente  los españoles podemos reflexionar y actuar como cohabitantes de un país libre y, como consecuencia de ello ejercientes en un estado de derecho, el Real Madrid no está obligado a prestar su estadio a nadie si ello viene a ser su genuina voluntad y, por tanto, en este caso como no desea hacerlo no lo hará. Ni siquiera deberá argumentar excusa alguna al efecto, sencillamente porque no la necesita. En consecuencia Barcelona y Athletic tendrán que jugar la final en otro estadio y punto. El Real Madrid, por tanto, no le dará el “placer” al equipo catalán de celebrar un título en su estadio. No se repetirán las imágenes de 1997. Ni siquiera habrá reunión de consulta porque la respuesta ha sido rotunda: “Aquí no se juega la final de la Copa del Rey”.
 Pero no viene a ser ésta la única circunstancia mediante la cual se fundamenta la comentada negativa, en la memoria, no únicamente de los madridistas, sino de todos los españoles aún perdura el sarao montado por una gran mayoría de ambas aficiones en la final de Mestalla de 2009 convirtiendo el inicio del espectáculo en un aquelarre nacionalista con insultos y pitada al himno de España en presencia del Jefe del Estado y más recientemente, la repetición parcial de idéntica circunstancia en la última final de baloncesto celebrada en Las Palmas de Gran Canaria entre los equipos de básquet del Barcelona y el Madrid, por lo tanto la cosa viene también de cerca.
Y es que la masa social del Real Madrid, de origen plural en lo étnico y también en lo político, donde tienen cabida además de miembros a los cuales alcancemos a considerarles como “neutrales” otros de sentimiento tanto monárquico, como republicano o mediopensionista, lo que no deseamos es que nuestra casa sea utilizada, de la misma forma en que lo vino a hacer el tamborilero de Bruc, como una caja de resonancia, a los efectos dar satisfacción a las espurias pretensiones del nacionalismo en cuestión del que ambos clubes se sienten portadores y difusores y, en con secuencia, dar albergue a la producción de improperios y vejaciones efectuados en forma masiva a símbolos que otorgan fundamento al estado de derecho que nos hemos otorgado todos los españoles y que dimana de la vigente Constitución de 1978, esa misma que nos liberó de una dictadura superior a cuarenta años.
Y no nos van a conmover las manifestaciones efectuadas de forma corporativista por personalidades como el presidente de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid D. Antonio Gil, a quien comprendemos y también respetamos, alegando que la celebración de la final de copa en el Bernabéu supondría para la hostelería madrileña un mínimo de quince millones de euros. Verdaderamente lo comprendemos y mucho más en estos tiempos tan convulsos, pero lo cierto y verdad es que por encima de cualquier cuestión económica existe la dignidad y cuando la dignidad se ultraja, si esto se tolera, ya poco puede quedar de valor sobre cualquier individuo o entidad.
Es una verdadera pena que un evento de tamaña magnitud el cual no debiera trascender de los márgenes deportivos y culturales, se deje emponzoñar por la política para convertirlo en otra cosa. El deporte debe siempre constituirse como vehículo de competición sana, en el que la victoria o la derrota sean únicamente anécdotas y efectos de una confrontación sana y afectuosa pero, hay quien únicamente ve en la política el único instrumento para otorgar sentido a las cosas y, esta lamentable circunstancia es la que produce el emponzoñamiento y la podredumbre sobre la convivencia.
Un acontecimiento de la envergadura del comentado que alcance a celebrarse mediante la participación de dos entidades históricas de la envergadura de las mentadas no debería de experimentar traba alguna a la hora de poder acogerse, todo lo contrario, orgullo y satisfacción, pero desgraciadamente no es así y, cuestiones aparte, lo cierto y verdad es que no deja de ser una verdadera pena.
                                                               Julián Sánchez /  Socio representante del Real Madrid nº 58960

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