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EL OBSERVATORIO DEL TEJO / JULIÁN SÁNCHEZ

La ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha comunicado en comparecencia pública ante los diversos medios de comunicación, que los últimos datos sobre el descenso en el número de desempleados y el aumento de afiliaciones a la Seguridad Social muestran la tendencia a crear «más empleo de calidad», perseverando en la idea que defiende el presidente Rajoy de que el crecimiento de la economía se traduce «muy rápidamente» en la creación de puestos de trabajo. Lo más destacable de la declaración de la ministra vino a ser lo siguiente: “Vamos en la buena dirección pero todavía queda camino por recorrer. No sólo hay más empleo en España, sino que hay más empleo de calidad porque ha subido la contratación indefinida, concretamente se han firmado más de 1.250.000 contratos indefinidos desde enero, algo que no ocurría desde 2006”.

Bien, estos datos habría que contextualizarlos mediante su contraste general en el volumen de contratación anual. Es cierto que se han creado 1.250.478 contratos indefinidos en lo que va de año y que representa un incremento del 19% en comparación con todos los que se erigieron en el mismo periodo del año anterior (199.231 contratos más). Ahora bien, hay un dato que no debemos pasar por alto; estos 1.250.478 contratos indefinidos, aunque aparenten muchos, en realidad vienen a ser una pequeña parte de los más de 15,340.000 contratos que se crearon entre enero y noviembre de 2014, temporales incluidos.

Del mismo modo sería interesante también matizar la expresión de la ministra en referencia a «se traduce muy rápidamente en creación de empleo», habida cuenta que Los 16,690.000 afiliados que tiene hoy la Seguridad Social no son muchos más de los 16,290.000 que había hace justo un año, justo a cierre de noviembre de 2013, ni siquiera de los 16,530.000 que había en noviembre de 2012, e incluso por debajo de los 17,240.000 de noviembre de 2011.

Que la cosa todavía no funciona al nivel de requerimiento suficiente se evidencia mediante los datos que el propio Gobierno ofrece al tener que recurrir constantemente a extraer dinero del Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la denominada “hucha de  pensiones” para poder llegar a afrontar el pago de las extraordinarias de verano y navidad de los pensionistas. A pesar de que Báñez diga que «lejos de alarmarnos, debemos tranquilizarnos por tener ese Fondo de Reserva con más de 40.000 millones de euros para atender las pensiones».

Vistos estos antecedentes sería conveniente el discernir que la creación del denominado “empleo de calidad” no va a llegar simplemente mediante el flujo evolutivo de la economía, habrá que favorecer necesariamente su creación mediante el establecimiento de las políticas adecuadas al respecto. En primer lugar, habrá que prestar atención a la evidencia de que uno de los grandes retos, sobre el que deviene conveniente llamar la atención, es el tan denostado desempleo juvenil, habida cuenta que España acredita una de las tasas más elevadas de Europa, concretamente el 55% de la población activa. Y confía en la eficacia del Plan Nacional de Implantación de Garantía Juvenil, un programa al que pueden acogerse jóvenes, no ocupados ni integrados en los sistemas de educación o formación que sean mayores de 16 años, y menores de 25 (o menores de 30 años, para personas con discapacidad igual o superior al 33%). con el que se pretende transformar las políticas activas de empleo dirigidas a los jóvenes y que se espera comience a dar sus frutos durante el próximo año 2015.

También debe tenerse en cuenta la circunstancia de que la crisis económica habrá de dejar un escenario laboral hasta hoy inédito dentro de la estructura de las relaciones laborales en las empresas. Se exigirá un capital humano que sepa adaptarse con rapidez a los cambios. En consecuencia, será necesario mejorar los conocimientos y habilidades de los profesionales.  En principio se espera que la contratación de empleados haya de ser lenta, como consecuencia de las negativas experiencias recientemente vividas. En consecuencia no debe haber cabida para  excesos ni para experimentos sin las debidas cautelas, por lo que la generación de puestos de trabajo debe considerarse responsabilidad de todos, o sea del propio Gobierno y de los agentes sociales, mediante la intención de dar respuesta al ingente desafío que tenemos por delante. Se precisan al efecto una gran cantidad de reformas estructurales de cuya intensidad  y avidez dependerá el éxito y la eficacia de sus resultados.

La innovación en el área de recursos humanos debe ser la verdadera clave del plan a seguir, toda vez que el objetivo podría conseguirse mediante la identificación del potencial de las personas que conforman cada plantilla, a los efectos de que puedan contribuir al dinamismo de la empresa. En consecuencia, el establecimiento de toda política que conlleve a favorecer la comunicación interna entre los empleados de cada entidad para generar soluciones evolutivas que proporcionen nuevos valores.

Las políticas a diseñar por los correspondientes departamentos de recursos humanos han de propiciar los oportunos instrumentos de motivación y formación que propicien la mejora de la calidad del trabajo, a los efectos de conseguir un clima armonioso en la empresa que permita mejorar y alcanzar objetivos importantes para los intereses del propio colectivo empresarial.

El nuevo concepto de relaciones laborales debe ser dirigido hacia  el establecimiento de oportunidades de desarrollo profesional, especialmente a través de la formación, la transversalidad y la movilidad geográfica nacional e internacional, con empleos cada vez más flexibles y con mayores posibilidades de conciliación, procurando la habilitación de espacios donde encuentren su sitio tanto los jóvenes técnicos que se constituirán en el futuro de las organizaciones, así como los actuales profesionales, habida cuenta que la pretensión debe ser que la atracción de profesionales de alta calificación habrá de ser el objetivo principal de toda entidad que pretenda un lugar estable en el espectro económico del futuro.

En resumen, el futuro de nuestras empresas, sobre todo en algunos sectores, pasa por la especialización y su adaptación a las nuevas tecnologías que emergen de los nuevos tiempos. Es el caso del tecnológico, donde las redes de comunicaciones y el auge de los móviles y otros dispositivos inteligentes, así como la irrupción de las redes sociales y otras diversas aplicaciones están generando una nueva materia prima con un poder de cambio similar al que en su día tuvo la electricidad o el petróleo en las áreas industriales.

Empleo sí, pero de calidad, si deseamos un futuro próspero y duradero que rompa con la actual situación de carencias e incertidumbres por las que venimos atravesando a consecuencia de una crisis que rompe irremisiblemente con un modelo socioeconómico en decadencia y plenamente agotado por mor de la especulación y la corrupción. Los nuevos tiempos demandan cambios tanto en lo estructural, como en lo conceptual y en lo moral y de la forma imaginativa de asumirlos dependerá un futuro más o menos halagüeño para quienes acierten en la eficacia de sus planteamientos. El futuro está aquí, o se afronta con imaginación y contundencia o pasará de largo sin ni siquiera habernos dado cuenta.

Julián Sánchez

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