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LA BITÁCORA DE BRAUDEL /JCPG

Juraría que estaba despierto. Mis manos estaban haciendo cosas. Puse la cafetera, preparé la leche. Eché algo de endulzante en la taza, porque no tomo azúcar si se me antoja. Había encendido la radio. El locutor decía que nuestros políticos estaban hablando unos con otros. Había negociaciones. No era un sueño: Rajoy se había reunido con Iglesias, ese gran Satán de la derecha. Me levanté, porque todavía hay cosas que me cuestan digerir; fui al lavabo y cogí toda el agua fría que mis dos manos juntas podían y me la arrojé a la cara. A ver si te enteras y despiertas de una vez.

Al volver a la cocina a continuar con el desayuno, de nuevo apareció loa palabra negociación en boca del locutor. Volví la vista sobre el almanaque que cuelga en la pared y comprobé que era 28 de diciembre. Me quedé más tranquilo porque es la fecha en que los medios suelen gastarnos alguna broma. Pensé ahora me van a decir estos de la radio que Rajoy e Iglesias van a formar un gobierno de coalición. Por un momento, un instante brevísimo pensé que podía ser bonito: dos fuerzas antagónicas colaborando en pro del bien común. Deja de soñar, ya está bien, ponte al trabajo.

Pero, afortunadamente, no era el sueño de Pereda. Lagarto, lagarto. Nuestros políticos negociando, o haciendo que negocian. Parece el regreso a la antiquísima política del bien común. Por difundir aquel ideario, por luchar por él han muerto muchos, en la realidad, no en los sueños. Para empezar los comuneros castellanos de 1520, al inicio del reinado del televisivo Carlos V.

Nada más que ensoñaciones las de los comuneros. Vaya extravío mental creer que podían torcer el destino dinástico. A Castilla y a España toda le tocaba tragar con nuevos intereses, muchos lejanos al principio del bien común.

A todas estas, sueño va sueño viene, aparece mi padre. Lo que son los años. Despierta, me dice, todo esto es un teatro, el teatro de la política, una ficción para hacernos creer que trabajan por nuestro bien. Claro que se entenderán, pero será para sus propios intereses. Entonces pensé: los años, la experiencia, la desconfianza, el escepticismo; un ramillete de sentimientos y actitudes metidas en el mismo manojo.

A pesar de todo, siempre nos llamarán la atención las claves del bien común. Para empezar, porque en unos meses en la Biblioteca tengo un curso sobre Carlos V. no sobre su personalidad; sobre todo en torno a su tiempo. Un curso en colaboración con el buen amigo el profesor Víctor Galán. Esto es realidad.

En Los Ruices, a 30 de diciembre de 2015.

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