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LA BITÁCORA DE BRAUDEL / JCPG

En la última década la actividad cultural se ha expandido considerablemente. La crisis, no obstante, está haciendo mella, pero hay que decir que la cultura de divulgación sigue manteniéndose, mientras que ha perdido terreno la organización de grandes eventos de tipo operístico o teatral. El cine, afortunadamente, parece revivir en unas poblaciones en otro tiempo con 5 o 6 cines. Pronto se inician también los cursos de la Biblioteca de Requena, que realiza una labor de divulgación cultural muy importante, sobre todo porque llega a gente con inquietudes por el saber y quizás con pocas posibilidades de acceder a él por iniciativa propia.

Es evidente que los tiempos cambian. Pero el cambio, la salsa de la vida como dirían muchos, a veces necesita fuertes amarras locales. La difusión de la cultura es una necesidad que nutre una demanda extraordinaria de la gente. Cada vez hay más amantes de la historia, la filosofía y el saber científico; de la etnografía y la antropología; de la literatura. Interesa la historia de España y la de nuestra tierra; la narrativa de Salinger o de Imre Kertesz y la obra de escritores más locales. Este juego entre lo local y lo global implica también nuevas visiones culturales e históricas, marcadas en diversa medida por los tiempos que vivimos.

Así, no es ninguna casualidad que a historia de nuestra tierra haya alcanzado una extraordinaria popularidad, y uno de los responsables es el catedrático de Geografía Juan Piqueras Haba, quien, mediante la investigación del pasado de las aldeas y la genealogía familiar está empeñado en la tremenda labor de reconstruir el pasado de las aldeas. El trabajo no es fácil, pues los vacíos documentales a veces son muy sonoros, pero como el propio geógrafo reconoce no es fácil transitar más allá de 1752. Es claro que a la gente le llega más una investigación sobre su pueblo o aldea, y más si está repleta de detalles de índole genealógico sobre sus habitantes; el atractivo entonces se multiplica.

Desde siempre ligado a su tierra natal, Piqueras tiene un sobresaliente estudio sobre la vid y el vino. Realizado de acuerdo a los parámetros de la investigación geográfica, y se extendía nada menos que desde 1564. No hace mucho tiempo publicó una historia general del vino europeo que plantea temas interesantísimos que llevan a curiosas comparaciones. Pero sería empequeñecer su trabajo no mencionar otros campos en los que sus investigaciones y análisis han abierto brecha para futuros geógrafos, historiadores y economistas. Para empezar la cuestión de la organización territorial, en este caso centrándose en el territorio valenciano; pero también en el caso de las rutas terrestres, los caminos y sus ventas.

Esto no quiere ser un repaso de las aportaciones bibliográficas de Juan Piqueras, sobre todo porque por este camino no terminaríamos con esta columna en tan poco espacio. Lo que sí quiero subrayar son dos aspectos que están en el núcleo de su labor. En primer plano, yo creo que la obra de Piqueras destaca por la singular integración de la Geografía en la Historia o viceversa; esto es algo que conviene subrayar en estos tiempos donde la hiper-especialización de los saberes ha provocado la segregación de una disciplina de la otra en la formación académica.

El otro aspecto que quiero destacar es el desarrollado olfato para detectar las transformaciones acaecidas a lo largo del tiempo en un paisaje. Puede rastrearse en muchos pasajes de su obra sobre nuestra comarca, desde aquella geografía de la Meseta -en cierto modo convertida en un texto mítico imprescindible no sólo por lo útil sino por la cantidad de sugerencias que contiene- que vio la luz hace algunos años, hasta el reciente libro sobre San Antonio y las redes familiares que existieron en esta población. Esa capacidad para percibir con un golpe de vista cómo ha cambiado el uso y la forma de un paisaje es algo extremadamente desarrollado en Piqueras.

El pasado sábado fue merecidamente nombrado hijo predilecto de Requena. Es sorprendente que un acto de este tipo, que nada tiene que ver con las batallas políticas, no haya trascendido a los medios de comunicación, a lo sumo alguna referencia radiofónica sin el necesario análisis de papel de una personalidad de este tipo dentro de la cultura de esta comarca.

Le conocí en la Universidad, y he de decir que me dio clases, en este caso de Geografía Humana; entonces ni sabía que era del Campo; aún conservo su apuntes sobre la Comunidad Europea de entonces y el funcionamiento de sus mecanismos económicos. Recientemente me ha interesado su labor con las aldeas, la indagación sobre la génesis y el desarrollo de las dinastías agrarias y mercantiles.

Por supuesto, pero, para finalizar, quisiera mencionar un importante libro que tal vez haya pasado desapercibido en medios no académicos y que tiene más de una virtud. Es la Introducción a la Geografía que publicó hace un par de años; mucho se aprende en ella, especialmente esa poderosa presencia que es la globalización.

Aquí hay planteado un reto considerable. Proseguir en el conocimiento de la cultura de la Meseta, y en especial de su historia, quizás una materialización, probablemente parcial, de la globalidad española. El próximo sábado se continúa el hilo: en este caso con la presentación pública del libro de Alfonso Rodríguez sobre el proceso desamortizador.

En Los Ruices, a 26 de enero de 2015.

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