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LA BITÁCORA DE BRAUDEL / JCPG

A lo largo del período 1914-1945 el sistema liberal-democrático europeo se vio sometido a las impresionantes sacudidas del autoritarismo y las diferentes versiones del fascismo, incluyendo una dictadura multiforme como la del general Franco, gestada en los años 30. ¿Nos encontramos hoy ante un proceso similar, como muchos vaticinan? El conocimiento del pasado es una garantía para responder con una negativa; por muchos parecidos que puedan sacarse, la historia no se repite, lo que se repite es el alma humana.

Sin embargo, la situación de crisis general está alumbrando fenómenos políticos y sociales interesantes y novedosos. Sin ir más lejos, el ascenso imparable de Podemos, los grupos organizados contra los desahucios… En este terreno no entraré hoy, sobre todo porque me inclino más por un análisis acerca del pensamiento y de la historia reciente para alumbrar en una pequeña porción lo que vivimos.

En los últimos tiempos, parece que se está abriendo paso un pensamiento de tipo reformista en lo económico, que duda de la capacidad del capitalismo para generar expectativas de promoción social. La situación actual revelaría, de acuerdo con esta línea del pensamiento occidental, que la capacidad de la sociedad democrática para dinamizar su sistema organizativo mediante los principios meritocráticos se ha quebrado y las desigualdades son más grandes que hace una década.

El éxito y difusión de las propuestas y tesis de autores como Piketty, Krugman, Stiglitz o el último Nobel de Economía, el francés Jean Tirole, viene a demostrar que los planteamientos acotadores, reguladores y controladores del liberalismo económico están de nuevo realizando avances, aunque de momento sólo en los cenáculos del pensamiento.

No cabe duda que el móvil de este viraje del pensamiento económico se funda en el aumento de las desigualdades en Occidente. Pero nos interesa sobre todo nuestro país, y aquí podemos ver el resultado hasta tres años atrás.


De todas formas la desigualdad es evidente y creciente, más allá de las propias estadísticas, que, desde luego, son realmente inapelables.

El libro de Piketty, nuevamente un francés, ha tenido considerable éxito. Es partidario de un control de los capitales con el fin de evitar el crecimiento de las desigualdades. Y el mecanismo que propone es el incremento de la fiscalidad sobre los movimientos de capitales y su proceso de acumulación. Evidentemente a nadie le va hacer gracia que le quiten lo que considera suyo. Conocemos ya lo poco que les gusta a tantos que lavan dinero negro y se lo llevan a Andorra y otros paraísos fiscales, incluso en el mismo interior de la UE. El problema es que los capitales son el factor de la economía que históricamente ha demostrado un mayor grado de movilidad; así que, ¿cómo aplicar un sistema fiscal sobre los capitales sin que se fuguen a territorios más acogedores? Haría falta un sistema mundial que fuera en este sentido, pero esto no parece fácil de conseguir por ahora.

No he leído el libro de Piketty por su enorme extensión (casi mil páginas) y su complejidad económica. Son más asequibles un par de artículos suyos aparecidos en la prensa española, y también respuestas, complacientes o críticas, que se le han hecho desde algunos pensadores hispanos. Pero es significativo que un liberal de pura cepa como Antonio Garrigues Walker (ver sus memorias “Testigo clave de nuestra historia”) se exprese con admiración por las posibilidades de regulación de los llamados mercados financieros, ante los gravísimos problemas provocados por su desregulación.

Para tener una visión genética de dónde surge el liberalismo, quizás es interesante leer el libro de Manuel Santirso (“El liberalismo: una herencia disputada”), quien lo analiza desde su génesis desde la segunda mitad del siglo XVII. Quizás con estas lecturas podemos comprender un poco nuestra realidad actual.

Pero sería necesario no perder la perspectiva cultural y recordar con Hannah Arendt (“La crisis de la cultura”) que quizás todo está por hacer, que hemos recibido una herencia, pero sin testamento, lo que significa que el futuro está completamente abierto.

Hannah Arendt

En Los Ruices, a 3 de diciembre de 2014.

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