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POR AMOR AL CINE. DIEGO FORTEA

¡Es Navidad! Ya que escribo sobre cine lo suyo sería redactar un artículo dedicado al género de películas que más se ven en nuestros televisores durante esta época del año: la animación. La animación es considerada como una de las técnicas más asombrosas ejercidas por la creatividad humana. Todos nosotros hemos crecido viendo figuras en 2D o en 3D interactuando entre ellas, desarrollando una serie de comportamientos y estímulos con los que nos vemos claramente identificados. Por eso siempre han perdurado en nuestros corazones de forma ineludible, como un buen regalo de Navidad, o como cuando aprendimos a montar en bicicleta. Además, estas películas resultan apetecibles en cualquier época del año, lo que no es nada fácil de conseguir. Siempre nos toparemos con personas adversas a sus dudosos mensajes de moralidad o a sus confusos estereotipos. Pero no hay que olvidar que hablamos de una industria que siempre ha estado ahí, que es la responsable de generar parte de las primeras imágenes que recordamos de cuando éramos pequeños. El ingenio de la animación se basa en invertir tiempo y recursos en crear algo que pueda disfrutar todo el mundo sin excepción, lo que merece mi más efusiva admiración y mi deferencia absoluta. No me negaréis que cuando algo hace mella en nuestra infancia, permanece en nuestros corazones para el resto de nuestras vidas. Disney, Dreamworks… tanto sus personajes como sus mundos han sido imbuidos en nuestro modo de entender la existencia. Son cuentos de hadas que nos humanizan, historias de fantasía que conquistaron nuestra infancia y que nos hicieron creer en una realidad más apetecible. Al crecer, seguimos manteniendo el mismo entusiasmo por esas películas, porque son una manera de rememorar y seguir descubriendo lo mejor de nosotros. ¿Puede haber una mejor definición de lo que es el cine?

Así que, sin más dilación, me vais a permitir que esta semana comience reseñando una de las primeras películas animadas por computadora de la historia, una de mis favoritas a nivel personal, y una de las más conocidas y aplaudidas por todo el mundo: ‘Toy Story’. Para introducirnos un poco en el contexto en el que fue realizada, conviene dejar claro que el CG -Computación Gráfica- era un recurso muy habitual sobre todo en superproducciones como ‘Jurassic Park’ o ‘Godzilla’, todas ellas procedentes del género de acción. Se trataba de una herramienta novedosa con la que el cine aprendió a excusarse a la hora de abaratar sus presupuestos frente a efectos mucho más costosos. Eso se notaba, y nos cansamos demasiado pronto. La industria sobreexplotó el CG de forma infructuosa para el gran público. ¿Por qué? Sin saber cómo, muchos de nosotros nos percatamos de cuándo algo está hecho por ordenador. Muchos de nosotros aún somos fans de las maquetas y de las marionetas. Somos así de frikis. Pero lo de excederse con los efectos digitales no supone un problema hasta que éstos terminan por eclipsar el argumento del filme. Debido a tal despropósito, películas estrenadas a mediados de los 90 empeoraron muchísimo.

Si hablo de todo esto es por lo brillante que es que la primera película trabajada exclusivamente en CG no tuviera explosiones ni monstruos terroríficos. De hecho, se introdujo como una película infantil, precisamente en una época en la que Disney no andaba muy bien parada. Ahora todas las películas de animación quieren ser como ‘Toy Story’. Todos optan por la misma fórmula: Colores llamativos, imágenes aptas para niños, diálogos modernos, una historia sencilla e inocente… Una trama que, dicha sea de paso, consigue sorprendernos compaginando la comedia con momentos profundamente dramáticos. Las motivaciones de cada personaje están muy bien elaboradas. Es curioso cómo, tratándose de una película orientada fundamentalmente a un público infantil, el planteamiento no establece ningún villano en el sentido más estricto de la palabra. A veces se nos presenta a Woody cómo un ser mezquino por sentir celos de Buzz, un juguete aparentemente más flamante y mejor dotado para entretener a Andy que él. No obstante, ese sentimiento es reconocible por todos, por lo que no lo transferimos a un punto demasiado drástico. Tampoco podemos incluir en ese rol de máximo antagonista a Sid, el niño que disfruta maltratando juguetes. De hecho, seguramente conocemos a muchos niños como él, e incluso seguro que alguna vez llegamos a ser como él. No podemos juzgarle severamente, dado que, aunque nos parezca perturbador y hasta de mal gusto… ¡Es un chiquillo que sólo se divierte con juguetes! Como a todo producto artístico que se precie, a esta película no la cambió la industria, sino fue en este caso la película la que cambió a la industria. Le dio mucha más importancia al guión que a los efectos en sí. Todo esto es lo que hace que ‘Toy Story’ funcione como un clásico del cine. Pese a ser una de las películas primerizas a la hora de ser trabajada únicamente en CG, su estética ha envejecido muy bien con el tiempo, y a día de hoy podemos asegurar que la seguimos disfrutando como por aquel entonces.

Sin afán de desmerecer a ‘Toy Story’, sitúo por encima otra película como una de las obras maestras de la animación jamás realizadas para toda la familia. Hablo de ‘Up’, por supuesto. Graciosa, emotiva, luminosa, y con personajes memorables. A todos nos han cautivado los diez minutos del principio. ¿Cómo no soltar una ligera lagrimilla? En ese breve lapso de tiempo, contando sólo con imágenes y con una agradable música extradiegética, logran condensar toda la energía con la que convivieron una entrañable pareja de enamorados. Se deja el listón muy alto nada más empezar, ¿no creéis? Es una secuencia que podría colar perfectamente como un cortometraje. Pero el resto de la película es tan creativa y tan simpática que es imposible que no te atrape por igual que esos primeros diez minutos. Si os expusiera la sinopsis de la película sin que la hubierais visto antes, pensaríais que la trama es algo tonta y descabellada. ¿Un hombre que ata un montón de globos en su casa para viajar a Sudamérica? ¿Perros parlantes que montan en avionetas? Pero si estáis dispuestos a dejaros llevar por su magia, os aseguro que iréis encaminados hacia un éxtasis de ternura incomparable y nada empalagoso. La película consigue embriagarnos con un sinfín de detalles, aciertos que aceptamos porque sabemos que no están tomados a la ligera, sino tomándose al espectador muy en serio. Cada momento exagerado es equiparable a la intensidad de los momentos dramáticos. ‘Up’ da lugar a la simbiosis perfecta entre el dramatismo y la comedia, entre el material adulto y el infantil. El amor es genuino, la amistad es genuina. Nada más que decir. También hay clásicos entre la animación. Se tratan de películas indispensables para ser feliz.

Venga, que sé que os he motivado para que las veáis con vuestra familia.
Feliz Navidad y Próspero 2014 para todos.

Diego Fortea
Actor, productor, y guionista. Director y Presentador de ‘Por Amor al Arte’ en Radio Requena

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