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Requena (06/05/20)

Tengo que confesar mi gran sorpresa al ver la noticia publicada en revistalocal.es del anuncio de propuesta, mediante moción, que el Partido Popular de Requena pretende llevar a cabo en el Ayuntamiento de nuestra ciudad, a efectos de que a nuestro paisano Pablo Motos, le sea concedido el título de Hijo Predilecto de la ciudad de Requena de donde es originario.

Lo que me vino a propiciar esa considerable sorpresa no vino a ser que a Pablo le fuese solicitada la posible concesión de una distinción para cuya estipulación tiene acreditados méritos más que contrastados. Lo que vino a propiciar mi asombro y, al tiempo, mi indignación, fue ese pretendido apoyo en el que la formación popular manifestaba gravitar a efectos de motivar la susodicha solicitud, que no aparentaba ser otra cosa sino el presunto ataque que “desde el equipo de Gobierno y en particular nuestro concejal de Urbanismo y diputado autonómico, David Calvo Alfonso, utilice esta crisis para atacar a uno de los requenenses que más proyección ha dado a nuestra ciudad a lo largo de su historia” (sic.). Mal empezamos.

No voy a entrar en lo que David, en uso de su legítimo derecho a la libertad de expresión, haya dicho o dejado de decir en un momento dado y que, en este caso puede venir, o no, a cuento. Pero lo que si me indigna es la supuesta idea de convertir un acto presuntamente entrañable, tal y como puede ser la dedicación a un ciudadano propio de una nominación de honorabilidad mediante la instrumentalización política del acto, es algo que no puede tolerarse.

No es extraño, por cierto, que horas después, las redes sociales echasen humo en conversaciones encontradas pro y en contra de dicha propuesta, sin tener en cuenta la estricta realidad de que Pablo Motos nada ha pedido y, en consecuencia, deviene totalmente impresentable la idea de emponzoñar su nombre mediante un choque ideológico que nada tiene que ver en un asunto de esta naturaleza. Causaba vergüenza e indignación el leer ciertos comentarios. Lo que en circunstancias normales debería ser motivo de reconocimiento y consideración personal, se convirtió en un pin, pan, pun de dimes y diretes que para nada venían a cuento y que, el propio interesado recibía indirectamente ajeno a toda cuestión.

Pablo Motos Burgos, hijo de Pablo Motos Caja, cocinero del Hospital Comarcal de Requena, persona a quien conocí muy bien a consecuencia de los muchos años que compartimos militancia en la Federación de Servicios Públicos de UGT, en unos tiempos donde desde la izquierda trabajábamos por la consolidación de las libertades públicas y políticas, así como por la emancipación e igualdad de oportunidades en el mundo laboral, todo lo contrario a la izquierda actual donde las libertades aparentan ser una rémora y los trabajadores, lejos de obtener su oportunidad de desarrollo profesional y personal, son seducidos hacia la dependencia subsidiaria que proporciona el voto cautivo, trabajábamos en aquella época de forma muy distinta para conseguir los objetivos previstos. Objetivos aquellos mediante los cuales se propició que, aquella ilusionante actitud fuese labrando una profunda amistad entre Pablo padre y yo mismo, mediante aquella persistente dedicación social.

Pablo Motos Caja, supo inculcar en sus hijos la idea de que, únicamente mediante el trabajo y la libertad se podía alcanzar el progreso y la emancipación social, máxima ésta que Pablo hijo ha venido teniendo siempre presente en su dilatada vida profesional.

A Pablo Motos Burgos nadie le regaló nunca nada, en momento alguno se sirvió de la política para medrar, como ahora aparenta suceder en esta nueva ideología apócrifa. Pablo nunca mendigó, ni a izquierda ni a derecha para elevarse siquiera un peldaño. El mismo, con su propio esfuerzo pasó de limpiar cristales en las dependencias públicas, a alcanzar a ser considerado como uno de los principales comunicadores de este país y, esas cosas, no a todo el mundo agradan, a fin de cuentas, ya lo dijo Jesús de Nazaret: “nadie es profeta en su tierra”.

Porque le conozco bien puedo decir que a Pablo Motos la importa un bledo que el consistorio de su ciudad natal le conceda o no el nombramiento de tal o cual consideración; ni lo ha pedido, ni siquiera lo hubiese hecho nunca ni directa, ni indirectamente, pero, si el trámite se viene a hacer de esta forma, puedo aventurar que en modo alguno va a aceptar Pablo prestar su persona para manipularla mediante un circo político.

Estas concesiones, o lo son bajo el prisma del reconocimiento estricto y sincero hacia una trayectoria ejemplar singular considerada asépticamente o, se las puede guardar el Ayuntamiento para sus elucubraciones partidistas o particulares, Pablo es hijo de Requena y nadie le puede dar l quitar esta circunstancia y, además, no necesita más parafernalia para sentirse orgulloso de ello, lo ha venido demostrando en todo momento a lo largo de su amplia trayectoria de vida. Por lo demás, lo mejor que podría hacerse por parte de nuestro ente corporativo, visto lo visto, es dejar el asunto en paz y olvidarse de esos dimes y diretes de marcado tinte de la más espuria especulación política.

Quien desee jugar a “su” política con la gente, que mire bien a quien dirige sus pretensiones y no se preste a utilizar a las personas como una piñata mejicana para darle con el palo. Un poco más de respeto, por favor.

 

Julián Sánchez

 

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