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LA BITÁCORA DE BRAUDEL /JCPG

Ya tiene unos años un libro que hablaba sobre los perdedores a lo largo de la historia de España. Y Ricardo García Cárcel ha ido destinado su sabiduría en algunos trabajos sobre las Españas que no pudieron ser. Se trata de otras caras de una moneda multifacial, demasiado compleja para ser aprisionada por clichés estrechos. El estudio de la historia produce siempre mucho desconcierto y, sobre todo, la permanente sensación de que queda una enormidad por saber. Esto nos pasa a menudo, y especialmente llega al colmo cuando uno (me refiero a mí mismo) desconoce por completo un determinado asunto. Esto me ocurrió hace un par de años. Entre unas cosas y otras, pude saber que un tal Francisco Palomares había nacido en Requena. En principio uno más. Pero no. La verdad es que Palomares había sido un clérigo importante. En la segunda mitad del siglo XIX, en medio de las convulsiones de la modernidad, que sacudían con fuerza los cimientos católicos de España, en medio de unas oleadas de anticlericalismo muchas veces violento; había abandonado el catolicismo y entrado dentro del protestantismo.

Esto nos coloca ante una problemática nueva. Aunque el padre Palomares había forjado la base de su sentimiento religioso en la católica Requena, parecía evidente que su viraje ideológico estaba relacionado con el exilio, junto a una familia aristocrática del entorno de Isabel II, en Gran Bretaña. No era el primer español en hacer un camino similar, porque algunos otros lo habían recorrido ya. Afortunadamente habían pasado los tiempos recios de la España de la inquisición. que se lo digan si no a aquellos primeros protestantes sevillanos, vallisoletanos y valencianos.

Lo singular era él mismo, pues sería el abanderado de esta vertiente de creencias cristianas en un España, la de la Restauración en la que el catolicismo veía brillar sus cálices nuevamente, gracias a una constitución, la de 1876, que, aunque, tolerante con el resto de cultos (siempre hasta cierto punto), desde luego permitió a la iglesia Católica recuperar con creces las posiciones perdidas. El viejo anticlericalismo hispánico no hizo otra cosa que crecer. Los disturbios y la inestabilidad sociopolítica consecuentes con la crisis de 1898 se expresarían en muchas ocasiones como movimientos anticlericales violentos y destructores. Palomares se convirtió en un ser fronterizo. Se colocó en los bordes de dos planteamientos del cristianismo. Tuvo que vivir terribles contradicciones internas antes de asentar con firmeza sus creencias reformadas.

La vida de Palomares tuvo que ser extraordinaria. No tanto la de su catolicismo, cuanto la que se abre una vez que altera sus patrones ideológicos y se adhiere a la otra iglesia. Del cómo, del porqué y de tantas otras cuestiones

concernientes a este problema apenas nada sabemos. Por ahora. Todo se andará. Pero, ¿se imaginan al padre Francisco en aquella Sevilla católica, procesional en las semanas santas, católicamente correcto? Pero el Sur había tenido un intenso contacto con lo protestante anglosajón, facilitado con la estancia de mercaderes ingleses en el área de la Península que concentraba la conexión humana con la América Española. Mucho tuvo que pasar, sobre todo para ser capaz de reunir todo tipò de artilugios y cosas diversas en aquel primegio museo inquisitorial. Este año que acaba de terminar ha sido el del centenario de su muerte. Va siendo hora de escudriñar más sobre su figura y su obra.

En Los Ruices, a 19 de enero de 2016.

[Un saludo a Emiliano. Muchas gracias]

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