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Requena (05/10/17).-LA BITÁCORA /JCPG

No entiendo nada. Ahora la Iglesia, quizás no por propia iniciativa vuelve a un viejo protagonismo. Asombros. En un país en el que el viejo anticlericalismo y la quema de iglesias y la violación de tumbas monjiles era un deporte que se practicaba cuando a algunos se les cruzaban los cables. Los altos cargos de la Iglesia de compadreo con Pablo Iglesias. Algo huele mal cuando cosas tan absurdas suceden.

Se dice que el rey fue muy duro. Que no hubo empatía. Que había que dar un abrazo a los catalanes. ¿Los catalanes? Son mucha gente. Alrededor de siete millones. Cada uno con pensamientos, actuaciones, aspiraciones y situaciones muy distintas de los otros. Vamos, como cualquiera de los habitantes de esta comarca, y de la de al lado, y la de al lado. Recordar las normas de la justa y liberal convivencia parece algo absurdo. Los tiempos de la post verdad convierten todo en un absurdo.

Abrazar a quienes nos han puesto en el disparadero. A quienes han jugado con la unidad de un país milenario, aunque les pese a algunos que lo diga. El referéndum de los siglos. Una consulta que se impone a las imposturas y pantomimas del 1 de octubre. Sólo hay que leer a don Antonio Domínguez Ortiz, poco sospechoso de pertenecer a la caterva de historiadores de la post verdad que está pariendo ahora Cataluña. Horror. Se remueven sus tumbas Vicens Vives y Reglá.

¿Qué vamos a hacer? Ya no podemos clonar a Jaume Vicens Vives. Pero sí leerlo.

La postergación catalana. Viejo mantra que agitan los politicastros barceloneses. ¿Acaso no hay postergación en Utiel, en Requena? Con una Valencia insaciable, devoradora de millones, que culturalmente jamás valorará el hecho cultural diferencias de nuestra tierra. El lema del 9 de octubre es algo así como “Sí al valencià”. ¿Alguien se niega a esto? Nadie en su sano juicio. Siempre que se respete el sentimiento y las características específicas de nuestra tierra. Siempre que se respete la libertad. Siempre que no se creen discriminaciones desde el mismo poder. Desde el mismo sistema educativo. Que supuestamente debe incluir.

En este país el hecho diferencial se palpa a cada paso. Somos 46 millones de hechos diferenciales. ¿Somos capaces de respetarnos? ¿Somos capaces de dejar la libertad individual en el pedestal de nuestro orden social? Nos jugamos mucho. Pero hoy soy pesimista. El futuro no me parece precisamente fácil.

En Los Ruices, a 3 de octubre de 2017.

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