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LA BITÁCORA // JCPG

Piensan algunos que estamos viviendo un proceso de aceleración de la historia. Qué duda cabe que en momentos como los que vivimos percibimos en su magnitud, la recia densidad de la historia. Es como si en otros tiempos viviéramos la vida con mayor ligereza y pasáramos desapercibidos por los

acontecimientos. Los acontecimientos, esa mala bestia de la historia. Sin embargo, a mí me parece que ese pisar el acelerador, si es que tal cosa ocurre, no se produce una aceleración del proceso histórico; la locomotora de la historia no marcha más veloz. Da la impresión, por el contrario, que la locomotora da marcha atrás, como si se estuviera produciendo un regreso a otras pautas, otros aspectos de la vida colectiva que creíamos ya superados.

Eliminación de estos eventos masivos. La onda del miedo se expande con velocidad. Nuestro tiempo hará correr ríos de tinta. Es, no cabe duda, un tema para analizar: repliegue en las fronteras, protestas desde diferentes grupos sociales, polarización política, populismos, etc,

Jean Delumeau nos dejó al alborear el año. Sin duda, habría desarrollado especial interés en esta época, no la de la ciudad sitiada como subtituló su obra clave sobre el miedo, sino la del mundo sometido a sitio. Religiosidad, pensamiento, élites, bajo pueblo, todos estos campos y muchos más le interesaron. Creyente, no cesó de pensar que tras la densa estructura jerárquica y de intereses de la Iglesia se escondía el mensaje divino. Mas tales creencias jamás nublaron su actividad de historiador pegado a fuentes primarias y a literatura de época.

He ido al mercado. Hay gente que extrema los cuidados, como yo mismo; pero también gente que se mueve entre cierta inconsciencia. En l la pescadería, una señora, de esas que buscan lo mejor para servir a los suyos en la mesa, se ha acercado tanto al género, que el propio pescadero ha debido reñirle por su acto. Hemos pasado a fase 1 y vemos en las televisiones cómo la gente no respeta las distancias, ni los tiempos, a la hora de sentarse en una terraza. ¿Son comprensibles estas ansias? Con más de 30.000 muertos parecemos no haber aprendido nada. Los filósofos del vacío pronosticaron que salíamos de ésta mejores. Salir, salir, no sé si acabamos de salir; pero, ¿mejores? Seguimos siendo los mismos.

Las palabras de la jefa del ramo, afirmado que nuestro sistema educativo necesita una completa transformación, ya que anda sobrado de saberes enciclopédicos, mientras adolece de conocimiento y habilidades competenciales, es para hacer saltar las alarmas. Nada hemos cambiado. Sigue el proceso de desguace. Aumentaremos los chicos de nuestra sociedad, especialmente de las clases más bajas, que serán puestos de patitas en la calle, sin nada en su mente. Ya es bien visible en las ciudades que el proceso está en marcha. La polarización social es creciente. No me refiero a la verborrea guerracivilista que exhiben nuestros próceres, por otra parte una muestra de la inmensa oquedad que ocupa su cabeza. Me estoy refiriendo a la brecha social. Una minoría, excelentemente bien formada, construye su propio empleo, en los servicios, con altas remuneraciones; en tanto, una masa de seres mal formados no tiene más escapatoria que contratarse como mano de obra barata. Así que las cosas no han cambiado. Siguen en el tajo: la destrucción de lo único que este pueblo posee para prosperar, un sistema educativo que sirva para ello. “Gamificar”, esta es la palabra (por otro lado, una palabra intrusa) que ahora abre todas las puertas. La motivación, en principio, podría surgir con la “gamificación”. Nunca he entendido cómo puede uno sentir interés por el pensamiento de Luis Vives si no sabe quién fue este fulano.

Se cumplen 500 años. Pero nadie lo celebrará. El gran Moctezuma venía recibiendo extraños presagios en torno a la llegada de Cortés y su gente. Aquello provocó el cambio del mundo azteca. No hay razones para pensar que ahora suceda algo similar. ¿Seremos mejores? A mí me parece pasatiempo de estómagos satisfechos y gente que se aburre.

Pero extrañamente, como si existieran signos sobrenaturales acerca del cambio, la prensa nos bombardea con augurios. A veces los periodistas se comportan como los augures de la Antigüedad. No sé si han destripado algún cuervo o han escrutado en las entrañas de un chivo. Hay una avalancha de señales y prodigios preocupantes, cuyo resultado no es otro que sembrar la inquietud. El Sol, el astro rey, la fuente de la vida, parece ir reduciendo su potencial. ¿Qué se derivará de aquí? Tal vez sea un proceso cíclico. Pero da alas al pensamiento relacionado con el cambio climático. Esto en plena pandemia, como si los astros y los dioses antiguos se conjuraran contra los humanos. Hay tantas similitudes con procesos paralelos en otros tiempos. Durante el decenio 1510-19, en el valle de México tuvieron lugar una serie de extraños prodigios preocupantes, tanto como para poner en jaque el poder del Imperio Azteca y a su máximo dirigente, el emperador Moctezuma. En el italiano Bérgamo de 1517, una serie de fantásticas batallas nocturnas sembraron de inquietudes a la sociedad del Norte de Italia, y hay que ver lo que se escribió a raíz de ellas.

La prensa parece querer avisarnos y anunciarnos de la llegada de algo siniestro. ¿Se habrá convertido un sector de la ciencia en una especie de gran augur pre-científico? Espero que no. Pero es lo claro que una parte de la prensa no sólo parece excitada con las “hazañas” de sus políticos afines, sino también proclive a multiplicar sombras extra-terrenales sobre nuestro futuro.

He aquí el libro imprescindible. Se detiene con el inicio de nuestra sociedad de la técnica. Pero invita a reflexionar sobre la capacidad del miedo, nuestra defensa ante adversidades, y estimula reflexiones críticas diversas sobre el poder, los estereotipos y las creencias

Se desatan las pasiones colectivas. Adecuadamente alimentadas desde los poderes, diversos y con diferentes ideologías. Caceroladas. Manifestaciones. ¿A dos metros de distancia? Está en juego la supervivencia de Europa. Ante la crisis del coronavirus, ante el reparto de mascarillas y otros artículos de salud, inmediatamente han saltado los reflejos nacionales. No sé si podíamos esperar otra cosa.

¿Se puede evitar la propagación del miedo? Me temo que la clásica obra de Jean Delumeau tendría un capítulo de varios cientos de páginas sobre el coronavirus y las tembladeras de nuestra sociedad. El inmenso poder del miedo. Resultado: docilidad, tensión social creciente, ansiedad, preocupación por el futuro, crisis económica.

Prosigue, a pesar de las piruetas de los gobernantes, la alarma por el maldito bicho. Veo grupos de jóvenes que no respetan las medidas. Se suspenden las fiestas veraniegas. Sin duda, será un verano diferente. Escribió Séneca, a quien conviene volver de vez en cuando para soportar la realidad, sobre el retiro.

“¿Preguntas qué es, a mi juicio, lo que debes ante todo evitar? La multitud. No puedes convivir todavía con ella sin peligro. Por mi parte te confesaré mi debilidad: nunca vuelvo a casa con el mismo temple con que salí de ella; algo del equilibrio interior conseguido se altera y reaparece alguna de las pasiones que ahuyenté. Lo que ocurre a los enfermos, a quienes una prolongada debilidad agotó hasta el punto de no poderlos trasladar a parte alguna sin molestia, esto mismo nos acontece a nosotros, cuyo espíritu se está recuperando de una enfermedad crónica.

El contacto con la multitud nos es hostil: cualquiera nos encarece algún vicio, o nos lo sugiere, o nos lo contagia sin que nos demos cuenta. Ciertamente, el peligro es tanto mayor cuanto más numerosa es la gente entre la que nos mezclamos. Pero nada resulta tan perjudicial para las buenas costumbres como la asistencia a algún espectáculo, ya que entonces los vicios se insinúan más fácilmente por medio del placer.”

Sin embargo, no está de moda la moral. Se la reputa de ñoña. Se habla de valores, especialmente en la escuela. Valores es una palabra más adecuada en estos tiempos de vacío intelectual. El problema es que no nos gustan los valores de los demás. Todos tenemos algunos. Los terroristas también tienen los suyos. Valores reclama el plural, porque se cortan a medida, como los trajes.

Se encontrará el fragmento de Séneca en sus Epístolas morales a Lucilio, I, 7.

En Los Ruices, a 21 de mayo de 2020.

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