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Es curioso, desde niños sabemos que si nos daban la propina el domingo, y nos la gastábamos ese mismo día, no tendríamos dinero hasta el próximo domingo. Sin embargo, se nos olvidó que todo lo que tenemos proviene de algo, que todos los recursos que gastamos en la tierra para poder mantener nuestro bienestar energético, también tiene un plazo, como la propina de los domingos.

Llevamos años así, y los científicos avisaban a los políticos, muy ocupados en sus campañas, y en asuntos que yo no creo que sean banales, pero mientras tanto, hemos llegado a colapsar nuestro precioso planeta. Él ha intentado seguir nuestro ritmo, porque la naturaleza siempre se abre paso, renace la vida en lugares donde parecía imposible. Pero ahora, ya no le da tiempo, es tal el caos ambiental que hemos preparado que tenemos una deuda ecológica. ¿Qué es eso? Pues significa que necesitaríamos, por lo menos en España, 1,7 Tierras para hacer frente a la deuda de recursos.

Nos parecía poco deber dinero a los bancos, crear deudas económicas como quien hace churros, que ahora sumamos una deuda más, y ésta tiene una particularidad, y es que sin pagarla no podemos existir en este planeta. Sí que es verdad que algunos pensarán que así se acaban los problemas, pero es muy triste que los humanos acaben su andadura por la Tierra por no saber regular comportamientos dañinos y nocivos a un planeta que nos da todo lo necesario para vivir. Sería muy triste, la verdad, que la belleza que tiene la vida, en toda su grandeza y esplendor no podamos sentirla por no tomar decisiones radicales.

“Es una emergencia, y cuando hay una emergencia, uno deja todo lo demás y pone solución a lo más urgente.”

Si vemos la imagen de la fecha en la que hemos terminado con los recursos del año, no podemos dejar de sorprendernos. Pero, estoy convencida que los seres humanos, por mucho que lo neguemos, funcionamos así. Cuando vemos que ya no hay otra salida, entonces es cuando luchamos y conseguimos lo que parecía imposible. Sólo ante la necesidad y el riesgo más elevado, somos capaces de tomar decisiones y cambiar lo que parecía el mayor desastre. Estamos ante uno de esos momentos, la COP25 nos lo recuerda y estoy segura que mientras los políticos hacen su trabajo, nosotros, los de a pie, podemos ir tomando cartas en el asunto y empezar a tomar muy en serio la deuda ecológica.

Aquí sí que estamos todos en el mismo barco. NO caben ideologías políticas, ni religiosas, ni nada de nada. Somos ciudadanos del mundo, iguales ante la necesidad de respirar aire puro, de comer saludablemente y disfrutar de un entorno medioambiental para desarrollarnos y crecer en paz.

Te invito a reflexionar sobre las imágenes y ACTUAR.

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Rosana Gutiérrez

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