Llega a Cofrentes CONFLUENTUM MUSIC 2021, una serie de tres cursos de perfeccionamiento musical en trombón, trompa y trompeta
Leer más
La banda juvenil de Jalance celebrará su audición de fin de curso este sábado 26 de junio
Leer más
La nueva normativa de las mascarillas: no serán obligatorias en el exterior si hay al menos 1,5 metros de distancia
Leer más

EL OBSERVATORIO DEL TEJO / JULIÁN SÁNCHEZ

La gente puede preguntarse ¿Qué necesidad tendría Isabel Pantoja de arriesgar su estatus personal blanqueando dinero de una banda de maleantes políticos? ¿El amor? Eso no se lo puede creer nadie, únicamente su desmedida ambición vino a ser lo que la llevó a realizar actividades cuyas consecuencias ahora lamenta y padece en propia carne.

Apenas producida la tan mediáticamente esperada noticia del ingreso de la Pantoja en prisión, surge otra no menos inquietante; el ex primer ministro portugués, el socialista José Sócrates, fue detenido en Portugal por su presunta vinculación con un caso sobre fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción, nada más ni nada menos.

Pero no viene a quedar la cosa ahí, la persistente corrupción, más contagiosa que el propio virus del ébola, aparenta no tener límites y deja también en evidencia al “inmaculado” grupo Podemos, paladines y guardianes de la ética y la honradez patria,  en varios casos puestos de manifiesto todavía sin haber tocado parcelas de poder significativo. Según información aparecida en “elEconomista.es”; Pablo Iglesias, el nuevo secretario general de Podemos, estuvo ofreciendo los servicios de su agencia de servicios audiovisuales, Producciones con Mano Izquierda, como si fuera una empresa, cuando en realidad su estatus jurídico es el de una asociación cultural sin ánimo de lucro, tal y como consta en el Registro Nacional de Asociaciones. En consecuencia  estuvo operando así dos años -entre 2012 y 2013- como si fuera en realidad una organización con fines altruistas y no mercantiles, logrando con ello, en teoría, ventajas fiscales y laborales (sic).

                También ha saldo a la palestra el nepotismo del profesor Alberto Montero, miembro del comité de la dirección política de Podemos y director del proyecto de investigación donde en teoría debió trabajar el responsable de la Secretaría Técnica del partido Iñigo Errejón por supuestamente haber sido contratado de forma supuestamente corrupta y nepotista.

El “caso Errejón” ha dejado en evidencia la necesidad de articular un sistema transparente en todas las universidades públicas españolas que facilite y notifique la información laboral a doctores y profesores desempleados,  a los efectos de canalizar dicha información a través del antiguo INEM (hoy SEPES) y del Ministerio de Educación, cuyas funciones deben empezar a servir para algo más que para cobrar sueldos, dietas y “bufandas” o disfrutar de privilegios laborales, procurando la igualdad de oportunidades y evitando el extendido nepotismo habitual en el medio.

Queda meridianamente claro que la ni la corrupción ni su antagonista, tal y como podríamos catalogar el comportamiento ético, son patrimonio de colectivo alguno, sino un axioma inherente a la actitud personal e individual de cada cual que puede colectivizarse independientemente de ideologías o creencias. Los guardianes de la ética, aunque así se nos presenten porque no acrediten antecedentes políticos previos, si arrastran tras de sí un pasado individual, el cual no pueden ocultar por mucho que traten de amedrentar mediante ataques y huidas hacia adelante negando su existencia. Podemos, acaba de llegar, basando su crecimiento en un auto ungido de honradez y entereza ética. Sin embargo pronto han sido desmontados de esta proclama quedando en evidencia ante la ciudadanía. No; no eran extraplanetarios, eran simplemente humanos con todas las debilidades propias de quienes ambicionan estar por encima del bien y del mal y para lograrlo únicamente pensaron que era suficiente con proclamarse al efecto como únicos e inmaculados salvadores de la patria. Bienvenidos a la casta.

La corrupción no se elimina con soflamas ni declaraciones de buenas intenciones. La corrupción debe controlarse mediante la adecuación de las leyes y su agravamiento por mor de su implicación social. No existe otra solución si no el acometimiento definitivo de carácter institucional de un plan de ataque que propicie la eliminación sistemática de aforamientos y acometa la separación e independencia efectiva de los poderes del Estado de Derecho, devolviendo a jueces y fiscales la potestad del ejercicio de la libertad de acción ante la impunidad y el sometimiento a la acción “superior” (nada puede albergar un estatus superior al del ejercicio de la acción de la justicia).

Si los ciudadanos piensan que desde la demagogia, el populismo o la declaración de intenciones de un batiburrillo de desconocidos se va a imponer un sistema que aporte justicia y limpieza a los abusos que estamos actualmente descubriendo un día sí y otro también, ya pueden ir experimentando el fiasco. O nos controlamos todos sobre todos, o el controlador devendrá en incontrolable. Ejemplos tenemos en abundancia, no creo necesario relatarlos aquí, únicamente dejar en claro que ese controlador incontrolable, si detenta el poder, resulta al final muy difícil de erradicar y, en consecuencia,  hacer prácticamente irrecuperables el ejercicio de las libertades perdidas y la cobertura del Estado de Derecho que tanto cuesta conservar.

Julián Sánchez

 

 

Comparte: La corrupción no entiende de siglas ni de fronteras