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LA BITÁCORA DE BRAUDEL. JUAN CARLOS PÉREZ GARCÍA

Las palabras están ya muy repetidas y suenan, desgraciadamente, a algo tan recurrente que la mente de pronto tiende a pasar página y no prestar atención. Aquel lampedusiano comentario de la necesidad de cambiarlo todo para que todo permanezca igual, sigue siendo hoy actualísimo y desgraciado. Los que contemplaron los procesos revolucionarios decimonónicos pudieron sentir en sus carnes el estremecimiento de la convulsión social, del estrépito político y de los temblores del proceso de recambio en las cúpulas políticas de las naciones.

Una democracia como la nuestra, que, casi de súbito, parece haber caído en la cuenta de que nos es tan democrática como se dice, contempla a sus élites dirigentes repartirse sin complejos, sin sonrojarse, los puestos del poder. El tema de la independencia del poder judicial viene ocupando la primera plana de los debates desde que terminó la segunda guerra mundial. A la hora de la verdad, nuestros partidos olvidan sus promesas reformistas, sus promesas de asegurar sobre sólidas bases la independencia del poder judicial.

Suena a viejo. Y es que es un asunto viejo. El pobre de Montesquieu soñó, allá por el siglo XVIII, con una auténtica separación de los poderes para solucionar los problemas de Francia en su momento. En aquella etapa histórica, los poderes del Estado francés, cuya personificación era el mismísimo rey, parecían más despótico y tiránicos que nunca. Casi tan arbitrarios como los tiránicos poderes que aplastaban a los pueblos asiáticos.

Y sigue sonando a viejo. Durante siglos los gobernantes del municipio de Utiel se cooptaron para ir copando a su antojo el municipio. Alamanzones y Córdobas se sucedieron unos a otros, y sólo se vieron variar los apellidos en la misma medida en que tenían lugar los enlaces matrimoniales. Ni siquiera un tajo tan terriblemente profundo como que el que se abre en la historia española desde 1808 parece variar las cosas. Herrero, Cross, etc. se suceden como si nada en Requena. En Utiel los mismos apellidos de nuevo. Quizás hay un relevo generacional. Los más jóvenes, con mentalidades más permeables a las nuevas ideas liberales, toman el poder.

Que suene a viejo no es obstáculo para reconocer el color de la injusticia.

En Los Ruices a 27 de noviembre de 2013. Juan Carlos Pérez García

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