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No somos un país desmemoriado. Seguimos viviendo hechos que sucedieron hace décadas con una sorprendente viveza e intensidad. Hay que recordar que las polémicas acerca de la meoria se han convertido en una máquina de simplificaciones que no ha hecho más que enfrentar y dificultar los debates. Lo que se ha producido no es otra cosa que una división entre “izquierda” y “derecha”, identificando a los primeros con defensores de los derechos humanos y a los últimos como reaccionarios miembros de las antiguas élites reaccionarias que dieron soporte al golpe de 1936.

Miguel Ángel. Piedad del Vaticano. Un prodigio: la piedra convertida en carne, en suaves superficies que permiten el deslizar el taco. El mármol blando de la axila de Cristo y la resbaladiza carne de un cuerpo muerto impresionan por el cálido mensaje que se transmite. Lástima que el cristal protector puesto en la basílica vaticana, junto a la masiva presencia de turistas, dificulten la contemplación de esta obra. Lejana inspiración para Ávalos.

La controversia sobre Franco y su valle está abierta. Seguirá abierta mientras los restos de Franco estén allí, reposando en un enorme edificio que se convierte de esta manera en un gigantesco mausoleo a mayor gloria de un dictador. Por tanto, es preciso que los restos del general salgan de allí. El espíritu de Juan de Ávalos al diseñar esta obra era muy otro. Tal vez se podría respetar la esencia del proyecto de Ávalos si se dedicara a ese soldado, a ese joven español, sin filiación en uno u otro ejército que tuvo que hacer la guerra. Después de todo, ¿acaso alguien puede negar que muchos de los que fueron movilizados se presentaron en los frentes simplemente porque les tocó luchar en uno u otro bando? ¿No hubo muchos que cuando llegó la época de la recolección estaban deseando dejar las cosas de la guerra y atender los asuntos perentorios de su tierra? Allí estaba la siega para ser realizada, o la vendimia. Esto preservaría y enraizaría con el proyecto inicial de Ávalos. Juan de Ávalos había sido militante socialista y lo pagó con las depuraciones de la postguerra. Más tarde tuvo intensas relaciones con los artistas soviéticos. No estamos. Pues, hablando de un artista del totalitarismo.

Miguel Ángel. Piedad del Vaticano. Un prodigio: la piedra convertida en carne, en suaves superficies que permiten el deslizar el taco. El mármol blando de la axila de Cristo y la resbaladiza carne de un cuerpo muerto impresionan por el cálido mensaje que se transmite. Lástima que el cristal protector puesto en la basílica vaticana, junto a la masiva presencia de turistas, dificulten la contemplación de esta obra. Lejana inspiración para Ávalos.

Gregorio Fernández, La Sexta Angustia, 1616-17. Aunque el maestro castellano se muestra clasicista y equilibrado al tratar el tema, hay aquí un mensaje claro a las alturas, una demanda de explicación a los cielos.

El programa iconográfico de Ávalos no reposa en acontecimientos concretos protagonizados por las tropas del bando franquista. Nada de eso. El núcleo articulador es una especie de humanismo cristiano.

La verdad es que cerrar heridas es algo que sólo el tiempo puede conseguir. Pero es mucho lo que se puede hacer desde las instituciones y los centros académicos. En los centros educativos existe un camino esencial por el que hay que transitar. Enseñamos demasiadas cosas que son cuestionables. Sin embargo, no nos detenemos en asuntos que tocan nuestra esencia como seres humanos. Hay ya puestos en marcha programas sobre holocausto. Yo mismo realizo en mi instituto uno de ellos. Este curso vamos a protagonizar un salto cualitativo en la línea seguida hasta ahora. Desde hace diez años realizamos una conmemoración del holocausto, junto a otros genocidios del siglo XX, hegemonizada por una exposición escolar en el propio centro. Desde el próximo abril, tendremos la oportunidad de celebrar unas jornadas de estudio al respecto, con la participación de alumnos. Expertos y la propia sociedad civil asistirán al evento.

Mañana la Amicale de Mathausen estará en el Aula Feliciano Yeves. Una oportunidad de oro para conocer su política de preservación de la memoria, en este caso con el paso de presos españoles por aquel campo nazi.

El ascenso del nazismo tuvo como elemento consustancial el lager. Himmler se entusiasmó con ellos. Desde 1938 la SS aceleró notablemente sus esfuerzos `por disponer de más campos, al tiempo que las redadas en Alemania incrementaban la población reclusa. Mathaussen es uno de esos lager de las canteras, porque el régimen había diseñado ya un gigantesco plan económico que pasaba por el aprovechamiento de la fuerza física de los presos. El 8 de agosto de 1938, los primeros presos llegaron a Mathausen. Por primera vez los campos habían sido diseñados desde la consideración estrictamente económica. Como Flossenbrug, la SS reservó Mathausen desde 1938 para los delincuentes profesionales, a los que se les adjudicó el famoso triángulo verde.

Españoles en Matshausen.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial hizo cambiar muchas cosas. Entre ellas, el propio Mathausen. Para Hitler, la guerra, consustancial al Estado totalitario y a la raza superior, destinada a imperar, la guerra tenía dos caras o frentes. Uno era el dominio de Europa, y en esas tierras la ferocidad fue extrema, por ejemplo en la Polonia ocupada desde el 1 de septiembre de 1939. Pero también había un frente interno. Al principio, el sistema del lager se concibió para alemanes. A partir del otoño de 1939, empezó a llegar a los campos de concentración un número cada vez mayor de extranjeros. Los presos que habían luchado en la guerra civil española con la República lo pasaron muy mal. Habían huido a Francia, y lucharon con los franceses cuando Alemania invadió Francia. Heidrich los condujo al campo más duro de la época: Mathausen. Los primeros llegaron el 6 de agosto de 1940. Para ellos, el campo fue sinónimo de muerte. El lager de Mathausen estaba en el nivel 3 de la SS, es decir, no había previsión de que los presos saliesen vivos de allí.

Crematorio de Mathausen. El nazismo deseaba eliminar los cuerpos, y la cremación era una forma efectiva. El sistema era efectivo.

El crematorio de Buchenwald era el colmo del marketing industrial. Los emblemas de la industria que había producido los crematorios aparecen sin ningún rubor en las piezas metálicas. Topf und Söhne (Topf e Hijos) no tuvo reparo a colocar aquí su insignia. Se queda uno perplejo al comprobarlo. La empresa sabía perfectamente para qué se iban a utilizar. Se diseñaron expresamente para esta función e incrementaron la capacidad de cremación. Mientras que la SS deseaba borrar las huellas del horrendo e inconmensurable crimen, un orgullo especial brilló en la empresa de los crematorios: firmaron su obra para la posteridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La temática de la memoria de estos tremendos crímenes es importantísima. No debe ser algo secundario. Menos debe ser orillada en nuestro sistema educativo. Es necesario conocer, leer, ver imágenes sobre la cuestión. Recuerdo aquel libro sobre el impostor Enric Marco, que fue presidente de la Amicale; Javier Cercas nos interpelaba a los lectores y a la sociedad en general sobre nuestra credulidad. Fue un ejemplo temprano de la postverdad: un impostor que se convertía en la cabeza de una organización dedicada a preservar y difundir la memoria. Un gozne más en la tremenda cadena de impostores famosos en la historia.

En algún momento, historiadores como Mazower llegan a preguntarse si los totalitarismos y sus políticas pueden ser conisderados los emblemas del mundo contemporáneo. Lo claro es que seguirá escribiéndose sobre el totalitarismo, sobre los perpetradores, sus víctimas y sobre quienes simplemente observaron y dejaron hacer. La memoria es imprescindible. El franquismo, en fin, no puede tener un escaparate de exaltación. Durante décadas, los supervivientes mantuvieron la memoria de la ofensa; monumentos como el Valle están dedicados a negar la paz a los atormentados, como diría Primo Levi en 1987.

En Los Ruices, a 6 de marzo de 2019.

Escalera de la Muerte. Mathausen. Extenuación, falta de alimento,… cuando uno se convertía en musulmanner tenía muchos puntos para morir por efectos del durísimo esfuerzo en la cantera. Imagen Mathausen Memorial.

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