Carta del presidente de la 73ª edición de la Fiesta de la Vendimia de Requena
Leer más
Aumento de la nubosidad y posibles lluvias
Leer más
Camporrobles hace oficial 1 caso en la población y pone en marcha medidas preventivas
Leer más
El producto CREMA GLOBAL SERAPIA está en oferta
Ver oferta

LA BITÁCORA /JCPG

El Duce ejecutado junto a su amiga, Clara Petacci. Una terrible imagen que ilustra el final del fascismo histórico en Italia. Por cierto, sorprende que, después de su muerte y las vejaciones a que fue sometido su cadáver, alguien tuviera el detalle de colocar algún cordel o goma para sujetar la falda de Clara. El pudor, siempre presente.

1.

Últimamente esta bitácora se vuelca en el tema de lo rural y todas sus derivadas. Me parece adecuado a lo que somos y, como no podía ser menos, muy adecuado a mis pretensiones y deseos. Y no argumentaremos más, porque no es necesario recargar todo esto con más argumentos.

Sin embargo, no viene mal, creo yo, hacer un pequeño alto para apreciar otros elementos que son importantes. En el título está formulada la esencia de estos renglones. Me interrogo sobre las razones que nos impiden matizar, que nos impiden percibir la complejidad de las cosas. Si nos vamos al mundo político español, no es necesario profundizar: la tendencia a contemplar los blancos y los negros, sin matices, es muy evidente. Izquierdas y derechas; en torno a estos dos conceptos parece girar todo; además, cada uno de estos grupos se autoadjudica no sólo la verdad en términos absolutos, sino también el ciento por ciento del valor positivo hacia la sociedad. En estos momentos, no obstante, me interesa razonar sobre esta cuestión en lo que concierne al tema de los historiadores; y esto es muy significativo si nos referimos a historiadores israelitas, pero quizás también si nos referimos a esferas como el periodismo hispano, muy a menudo plagado de activistas sin complejos en la defensa de sus ideas políticos.

Clasificar. Una obsesión humana, como otras muchas. El problema es que la clasificación de las opiniones inmediatamente crea una celda infranqueable para muchos, dificultando la comprensión y la colaboración generales.

2.

Israel está a la otra orilla. El ladino o judeoespañol es cada vez menos hablado allí, pero está presente. El sefardismo tuvo su papel, y, que yo recuerde, fue Isaac Navón el último presidente de origen sefardí. Por otra parte, es imprescindible reconocer que la imagen de lo israelí en España está llena de lugares comunes, de prejuicios insanos y de todo tipo de fantasías que, en ocasiones (quizás más de las deseadas,) permiten descubrir un poso de antisemitismo maloliente incluso en personas supuestamente abiertas y respetuosas. No hará falta subrayar que el antisemitismo es una formulación racista. Por tanto, existe un sentimiento, un complejo a la hora de hacerse eco de la situación de Israel.

Por supuesto, ahora que España está gobernada por partidos autodefinidos de izquierda, Israel es, para ellos, sinónimo de imperialismo y arrasamiento del mundo árabe; para ser más concretos de sojuzgamiento de los palestinos. Nuestra izquierda juzga severamente lo israelita y disculpa las acciones violentas de ciertos grupos palestinos.

No es lugar ni momento de entrar en tales debates, porque, la verdad, mi auténtico objetivo es analizar algunos elementos interesantes de un historiador que nos dejó hace unos días: Zeev Sternhell. Es una ocasión de examinar algún trabajo de este historiador para intentar iluminar la idea de que es rechazable el planteamiento de una historia alejada de matices, de contextos, que juzga actos en función del universo ideológico del investigador.

La invasión de Francia por Hitler supuso la creación en el área oriental del país de un régimen aliado: el Vichy del viejo héroe de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, el mariscal Pétain. Detrás, alrededor, el fascismo francés, de larga trayectoria y con un momento decisivo en el último cuarto del siglo XIX. Esta imagen es probablemente una manipulación de la propaganda nazi. El factor propagandístico es esencial en el nazismo, y probablemente en los totalitarismos de la época. ¿También en nuestra democracia?

3.

En efecto, el gran historiador y politólogo israelí, Zeev Sternhell, un buen conocedor de la historia de Europa y cofundador del movimiento «Paz ahora» acaba de morir a los 85 años de edad.

Acostumbrados al blanco y al negro, como resulta natural en un país donde los extremos se acomodan a la perfección sobre el solar que ocupa una sociedad constantemente laminada por una educación deficiente, nos resulta muy difícil comprender los matices, los pliegues y complejidades de los individuos. Esto es lo que sucederá con el historiador israelí, al que, si no ando muy desencaminado, no se le ha dedicado ni una línea.

Volvamos al asunto que estábamos tratando. Sternhell fue un sionista convencido; miembro conspicuo de los intelectuales de la izquierda, aunque es verdad que fue paulatinamente desencantándose por las divisiones y las traiciones dentro de esos sectores: se fue apartando progresivamente del laborismo israelita; además, era un hombre secular, ajeno y opuesto a la definición judía del Estado de Israel; también un convencido opositor a los asentamientos en Cisjordania. Como es natural, no caía nada bien a la derecha de Israel e incluso fue víctima de un ataque terrorista perpetrado por un judío estadounidense, aunque sólo sufrió heridas muy leves.

Cabe recordar cómo agitó la política y la intelectualidad francesa (por entonces, auto-convencida de su carácter casi mesiánico) con un libro estimulante: Ni derecha ni izquierda. La ideología fascista en Francia; es naturalmente el título que yo he traducido al español, pues creo que el libro no ha sido traducido al español. Fue Le Seuil la casa editora que se tiró la manta a la cabeza en 1983.

Tirarse la manta a la cabeza. No era para menos. Hasta entonces las ideas dominantes en la Francia post-gaullista eran las de que el fascismo era algo ajeno; si habían existido, Barrès, Maurras, Petain y el gobierno de Vichy había sido por un efecto reflejo; esto es, el fascismo era un complejo ideológico netamente importado; Francia, la Francia de la revolución, no podía haber generado por sí misma un movimiento fascista. Este era un planteamiento muy consecuente con una República que apenas removió su pasado desde 1944-45. En realidad, las venganzas personales sobre los colaboracionistas con los nazis y las condenas a los del gobierno de Vichy habían sido todo. Esto es muy interesante para un país como el nuestro, que todavía se debate sobre la memoria del franquismo.

Mitterrand, su partido socialista aliado con el rancio comunismo francés (el partido alérgico al eurocomunismo de Carrillo y Berlinguer, dirigido por Georges Maurois), acababa de tomar el poder. Un presidente socialista, pues, pero rodeado de algunos miembros del régimen Vichy, como aquel jefe de la policía del régimen fascista francés que era su íntimo amigo. La república impoluta, capaz de asumir miembros del viejo fascismo colaboracionista de los años 1940. Para qué negarlo, la derecha también tenía sus elementos procedentes de Vichy. Camaleonismo puro. Seguramente en la Francia republicana, aparente adalid de la libertad y la igualdad, el fascismo pudo camuflarse mejor que en la Alemania de Adenauer, donde muchos nazis conspicuos del régimen hitleriano siguieron ostentando cargos y puestos de responsabilidad en el sector público y en la empresa. Mitterrand siguió frecuentando a su caro amigo de pasado fascista.

Ya llegaría la investigación de los historiadores norteamericanos, especialmente de R. O. Paxton, profundizando en aquel régimen pro-nazi que dirigió el mariscal Pétain. Y se entraría a fondo en el antisemitismo francés, que no se había agotado con el asunto Dreyffus. El texto de E. Zola, Yo acuso, no sepultó el antisemitismo republicano en Francia. Se refugió en lo privado y en las pequeñas anécdotas; pero no se disolvió. Emergió en los años 40: los acontecimientos del Vel d´Hiv fueron los culminantes. ¡Y qué culminación más terrible!

 

4.

La obsesión de los complots hizo mella en Francia. O, en todo caso, el régimen de Vichy se apuntó a la línea antisemita nazi y comenzó las redadas. Había un poso antisemita en aquella Francia; es indudable. ¿Lo hay hoy? Esta visión policíaca de la vida social es la que abona el terreno para la edificación del totalitarismo, en una línea delirante de la vida de las sociedades.

Los historiadores franceses ocultaron todo lo que pudieron. Nunca removieron acontecimientos incómodos. No podían soportar una república adulterada de fascismo y odio a los judíos. Su república, si es que no era perfecta, se aproximaba a la perfección. Han sido claves los últimos veinte años para remover, investigar e ir situando en su justo lugar, ideas, personas y acontecimientos que habían sido orillados a conveniencia.

Zeev Sternhell reorientó el entramado del fascismo francés y especialmente favoreció el enfoque ideológico: el fascismo como una nueva cultura que destierra tanto el liberalismo como el comunismo, pero ampliamente considerado hasta el punto de incluir movimientos autoritarios, conservadores, monárquicos o globalmente antidemocráticos. En realidad, postula la existencia de una “revolución fascista”. La Acción Francesa de Charles Maurràs era un vestíbulo del fascismo, con sus postulados contrarrevolucionarios y restauradores de la monarquía.

 

5.

A estas alturas, cabe preguntarse qué lecciones se pueden extraer del trabajo de Sternhell y, al mismo tiempo, qué aspectos nos pueden sirvan para afrontar el futuro. En primer lugar, es evidente que las miradas complejas, desprejuiciadas son imprescindibles. Tanto respecto al fascismo como al comunismo, que no son sino movimientos totalitarios. Una llamada a los matices es muy importante, y no sólo en lo que se refiere a la historia, sino para todos los aspectos de la vida.

El franquismo nuestro ha dejado un poso fuerte en la sociedad. Siguen pendientes ciertas cuentas con la historia. Son los historiadores los que están trabajando para desvelar la verdad. Puede seguir negándose, pero la verdad se abre paso, y la justicia ha de prevalecer. La verdad histórica la establecerá la investigación, que está haciendo progresos indudables. Los trabajos de Ángel Viñas, de Ricardo Robledo, de Julián Casanova y de muchos otros están sentando las bases de una fuerte revisión de lo que fue la versión peculiar de un régimen pseudo-fascista español. Harina de otro costal es la instrumentalización de Franco con fines políticos y por parte ciertos grupos actuales. Esto ya entra en el capítulo de las perversiones propagandísticas de la política actual.

La batalla política quizás se sienta a gusto con la oposición extremista, con el destierro de los matices y las complejidades; pero no es lo deseable para una vida apacible. La política es imprescindible. Inevitablemente, también los políticos. No obstante, ¿es necesario soportar este nivel de enfrentamiento? ¿Por qué esta obsesión por definir a la perfección los diferentes campos enfrentados? Pienso que si queremos huir de convertir este país en un gigantesco sanatorio mental, debemos huir de tales enfrentamientos tan netos. Es evidente que la situación actual, con la pandemia, el virus rampante y la crisis en marcha favorece tales oposiciones.

Si algo tenemos que reclamar a nuestros próceres es honestidad. No sólo la derivada de sus actos económicos, sino también de sus discursos. ¿Están las Cortes superpobladas de fascistas? ¿Existe un alto índice de comunistas? Un poco de seriedad es exigible, y, muy especialmente, los ciudadanos, que debemos estar mejor informados y educados, tenemos la responsabilidad de rechazar los relatos inasumibles por falsos y manipuladores.

La obra de R. O. Paxton, mencionada a lo largo del texto, es La France de Vichy, 1940-1944. Ed. Seuil, París, 1972.

En Los Ruices, a 29 de julio de 2020.

Comparte: Algo sobre historiadores, o por qué nos cuesta tanto apreciar los matices