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LA HISTORIA EN PÍLDORAS. Ignacio Latorre Zacarés

Llevo unos días que parece que las campanas me persigan (para bien). El día de San Nicolás tuve la satisfacción de tocar las campanas del templo del mismo nombre en Requena; más de cuarenta años después del último día que sonaran al paso de su patrón, dado que es una iglesia que ha estado en ruinas desde la Guerra Civil. A los tres días, participé como todos los años en el volteo manual que se realiza anualmente la víspera de la Virgen de Loreto en Venta del Moro, mientras la hoguera comunal estaba ya en pleno proceso de combustión. Llaman al timbre, abro la puerta y un grupo de niños acometen a pleno pulmón el “Campana sobre campana” a modo de aguilando, costumbre que sigue en Venta del Moro. Me pongo a catalogar los vídeos recientemente donados por Fermín Pardo al archivo y me sale una grabación de 1983 dirigida por el maestro campanero Francesc Llop de los toques de campanas de Utiel, Villargordo y Fuenterrobles con sus correspondientes campaneros. Lo dicho: las campanas me persiguen y obligan a la píldora.

Las campanas han sido un elemento esencial de comunicación, no sólo para las ceremonias religiosas, sino también para cuestiones civiles. A campaña tañida muchas veces se reunía el Concejo de Requena para debatir sobre asuntos “en pro de la república” (en su concepción más clásica de “res publica”). En febrero de 1532 estaban las cosas revueltas y había personas por la noche que andaban “haciendo cosas feas” y “deshonestas”, por lo que el Concejo ordenó que nadie anduviera por la calle después del tañido de la campana o de las nueve. En Valencia, el campanario de la Catedral tenía un toque especial diario para el cierre de las murallas y el que no lo oyera se exponía a dormir a “la luna de Valencia”.

Las campanas han servido también de referencia geográfica. Cuantos amojonamientos de la comarca señalaban que desde el hito o mojón se divisaba el campanario de Jaraguas, o el de Villargordo, etc. En La Mancha, muchas carreteras se trazaban rectilíneas entre campanario y campanario de pueblos vecinos, utilizando éstos como referencia. Las campanas marcaban las horas y también avisaban a la ciudadanía de sucesos concernientes a la población como el toque a rebato cuando se producía fuego o los conocidos toques a muertos cuando fallece un vecino. Estas circunstancias le han proporcionado ese carácter civil del campanario que reivindicaron (y ganaron) los fuenterrobleños ante un sacerdote que no quería tocar las campanas cuando un finado era enterrado por lo civil.

El toque de campanas ha sido declarado bien de interés cultural este pasado agosto y en la comarca también gozamos de este patrimonio inmaterial. Cada población tiene su propio toque en un mundo en que la estandarización aún se resiste a colonizar todos los campanarios. Donde más toques de campanas se han compilado es en Utiel, pues su campanero recordaba innumerables toques de difuntos como el “por Dios” para los pobres, el de “cabildo” para los curas, el “afinaíllo” para los niños que morían al poco de nacer, etc. A las 12 del mediodía se tocaba el “Ángelus”, momento que las utielanas recordaban como “voy a echar la patata” según nos recuerda el cronista Martínez Ortiz, ya que era la hora indicada para empezar a hacer el cocido. Cuando se alzaba la hostia en pleno oficio también se tocaba de forma diferente. Por la noche se tañía el toque de “ánimas” y en tiempos de Carnaval, este mismo toque obligaba a quitarse las máscaras.

Luis García Grau relataba que el zumbanillo (como decimos en la comarca) o cimbanillo de la iglesia de Santa María de Requena se utilizaba cuando una mujer estaba de parto para alertar al vecindario que encendiera velas o candiles para rezar porque saliera felizmente del trance. Si el resultado era feliz, se daban rápidos repiques para comunicar la buena nueva.

Durante la epidemias de cólera, para controlar la alarma social que se generaba, se prohibió tocar a difunto (iban por decenas al día) e incluso tampoco se permitió que los sacerdotes tocaran las habituales campanillas por las calles hacia la casa donde iban a administrar la extremaunción.

Los campanarios solían tener (y el de Valencia lo sigue teniendo y quizás el de Camporrobles) una gran matraca o carraca que se hacía sonar en Semana Santa para enmudecer a los feligreses en los días de la Pasión o para despertarlos en maitines cuando no se podían usar campanas.

Cada campana goza de su propia personalidad, sonido y nombre que suele estar grabado en su parte externa junto con su fecha de fundición: en Utiel los nombres de la campana son Santo Cristo, Francisco Gálvez, María Remedios y María Asunción; en Requena hay dos Nicolasas (En San Nicolás y el Carmen), Miguela, Concepción, Soterraña, etc.; en Venta del Moro, Loreto, San Isidro, Santa Cecilia… San Francisco de Requena se quedó sin su campana “Jesús”, pues fue robada. En Los Corrales se conservaron las cuatro campanas y la tía Consuelo se acordaba de todos los toques antiguos.

Hagan la prueba: graben las campanas de su población en el móvil y verán cómo sus paisanos enseguida las reconocen. Les dije que volteé manualmente las campanas venturreñas la víspera de la Virgen de Loreto y ya estamos esperando que llegue la noche del Sábado de Gloria para volverlo a realizar. Así suenan señores: http://www.youtube.com/watch?v=VixyHd_UOD8

A lo que no me atrevo es al volteo humano que hasta hace poco se realizaba en Castielfabib. Buenas fiestas.

Volteo de las Campanas de San Nicolás y procesión 2013 en el día del patrón de Requena. Pedimos disculpas por las tomas en movimiento, problemas técnicos nos impiden poder maquetarlo.

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