martes, 11 agosto
Documento del mes de agosto de 2026 del Archivo Municipal de Requena
Requena (11/08/26)- Archivo Municipal de Requena
AMRQ 2894. Libro de actas del Concejo 1600, septiembre-1607, noviembre.
Agosto es el mes de fiestas por excelencia en Requena, así que es buen momento para comprobar cómo la ciudad de Requena vivió alguna de estas festividades en el pasado. Para ello, en este Documento del Mes vamos a indagar sobre cómo los regidores requenenses organizaron las alegrías por los partos reales de 1601 y 1607.
Los días festivos en el siglo XVII eran mayoritariamente religiosos, pero también había ocasión para celebraciones de carácter civil, especialmente si eran eventos relacionados con la monarquía. Por ejemplo, podían ser casamientos, entronizaciones, fallecimientos o, como en este caso, nacimientos de príncipes e infantes. Entre estos, los partos reales se consideraban uno de los eventos más trascendentales para la monarquía hispánica. La concepción de un heredero real era vital para asegurar la continuación de la dinastía, así como para forjar alianzas matrimoniales con otros reinos europeos. La responsabilidad de esta tarea quedaba reservada a las reinas, que podían quedar señaladas públicamente o incluso someterse a anulaciones matrimoniales en caso de no otorgar un heredero al rey.
En 1601, Felipe III de España y Margarita de Austria-Estiria celebraron la concepción de la primera hija del matrimonio el 22 de octubre, Ana María de Austria. En 1615, la infanta se uniría en nupcias con el monarca francés Luis III, y, al fallecer este en 1643, reinó en calidad de regente. Ana María sería la primera de un total de ocho descendientes del matrimonio, y, por ser la primogénita, su alumbramiento supuso una gran alegría que debía celebrarse con efusividad.
Por tanto, también en Requena el nacimiento de la infanta Ana María de Austria fue motivo de celebración. De hecho, el propio monarca había enviado un mensaje a los requenenses:
«fue nuestro señor servido de alunbrar de una hija a la sereníssima rreina mi muy cara y muy amada muger porque le he dado y doy infinitas graçias y quedo con el contentamiento que es rraçón». Siguiendo la orden real, los regidores requenenses comenzaron a preparar los eventos pertinentes. Analizando los acuerdos municipales recogidos en el libro de actas, podemos hacernos una idea de cómo y con qué espectáculos y festejos se celebró el nacimiento de la infanta real.
Las fiestas debían iniciarse con la una procesión («proçissión») a cargo de los arciprestes de la villa, durante la cual se repicarían las campanas «el tienpo que duraren las alegrías». A pesar de que los partos celebraban un acontecimiento civil como era el nacimiento de una infanta real, la participación de la Iglesia era fundamental. Y es que, como era costumbre, el evento político profano se entrelazaba con la veneración religiosa durante las fiestas públicas, una característica propia de las sociedades sacralizadas del Antiguo Régimen como era la Requena de 1601.
Además, todo aquel que practicase un oficio debía sacar a la vía pública sus “invenciones” («imbinçiones»), es decir, un desfile de carros decorados con elementos correspondientes a las respectivas profesiones. Esta acción también incluía el salir disfrazado con máscaras a celebrar las alegrías, aunque siempre pidiendo permiso al alcalde mayor. Estos desfiles y personajes enmascarados eran propios de las fiestas públicas ya en tiempos de Felipe II. Es interesante denotar la precaución con que los regidores se refieren a las máscaras: la ocultación del rostro en ambientes festivos propiciaba a menudo sucesos violentos incómodos para las autoridades. Y es que, además de la procesión, el desfile de carros y los bailes de enmascarados, también se ordenó que los vecinos de Requena encendiesen «luminarias en las ventanas y hagan lunbres por las calles». Por supuesto, el ambiente requería de una mayor iluminación de la villa, acorde con los demás actos festivos. Pero de nuevo, el encendido también permitía a las autoridades «que los disfrazes de noche se hiçieren ver», conscientes del usual aumento de la conflictividad que propiciaban estos eventos. Tanto es así que, según el acuerdo municipal, negarse a poner luminarias (que solían ser antorchas, velas o lámparas de aceite) quedaba penado con el pago de seis maravedíes. Negarse a participar de las invenciones también conllevaba pena: «el oficio que no saliere incurra en pena todos los oficiales de tal oficio de diez myll maravedís».
Como en cualquier fiesta, los regidores ordenaron que las celebraciones estuvieran acompañadas de música. Por este motivo aparece la orden de que los ministriles alegrasen el ambiente con sus trompas «las veces y a los tienpos que fuere necesario». La música acompañaba a dos de los espectáculos más queridos y que los regidores no dudaron en ordenar. El primero de ellos fue un espectáculo taurómaco, para el cual el ayuntamiento organizó una corrida. En el acta queda recogido la orden de que se adquiriesen « quatro toros para que se corran el día que la villa señalare». El segundo fueron varios espectáculos de carácter caballeresco, entre los que destaca la orden de que los caballeros hiciesen «correr sortija». Este juego de habilidad consistía en que varios jinetes al galope trataban de ensartar una lanza en un anillo metálico colocado a varios metros de altura. El premio era designado como una «joya», por lo que podemos relacionarlo directamente como antecedente de la popular carrera de la joya que aún continuamos celebrando año a año. Además, también se preparó un estafermo, una especie de muñeco giratorio armado con un escudo y unas bolas de metal. El juego consistía en que el caballero, al galope, debía ensartar una lanza en el estafermo tratando de esquivar su ataque ante la atenta mirada de la multitud (Rodrigo Zarzosa, 2005, p. 488). Estos espectáculos de carácter lúdico y deportivo se unían a las danzas, música, desfiles y procesiones celebradas en Requena por el nacimiento de Ana María de Austria.
Los encargados de financiar los eventos de los partos fueron el alférez mayor Miguel de Zapata y el licenciado regidor Francisco Ferrer, nombrados «comisarios en las fiestas y alegrías del nasçimiento de la ynfanta y el parto de la rreyna nuestra señora». Según el libro de cuentas del ayuntamiento, el coste de las actividades ascendió a un total de 636,5 reales, lo que equivalía a 21.640,5 maravedíes. Para combatir este gasto público tan importante para la villa, se solía hacer uso del arrendamiento de dehesas y valles, un activo que era crucial para los ingresos municipales requenenses a comienzos del siglo XVII.
En 1607 se repitió la fórmula por el nacimiento del infante Carlos de Austria. De igual forma que seis años atrás, los regidores acordaron la celebración de una procesión en la que se proveería de «zirios blancos para todos y se mande que todos acudan a la dicha proçisión». En cuanto a las luminarias, los vecinos debían colocarlas a lo largo de las noches del sábado y del domingo, repitiendo el encendido de hachas, hogueras y celebraciones de «danzas, bayles y otras demostraciones de alegrías». Toros, mascaradas, invenciones y repiques de campanas se repitieron en nuevas alegrías por los partos reales.
Para saber más:
FERRER VALLS, Teresa. “El espectáculo de la fe: manifestaciones religiosas de la fiesta pública en el siglo XVI”. Criticón, 2005, n.94, pp. 121-135.
GALÁN TENDERO, Víctor Manuel. “¿Cómo se han pagado nuestras infraestructuras?”. Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal, 2015, n. 30, p. 245-263. VII Congreso de Historia Comarcal (noviembre de 2015).
LATORRE ZACARÉS, Ignacio. “Correr sortija, correr cintas o correr la Joya en Requena en el siglo XVI o en el XXI”. El Distrito: tu revista comarcal, n. 2, agosto 2020, [2] p.
RODRIGO ZARZOSA, Carmen. “Solemnes fiestas en honor de la Inmaculada Concepción celebradas en Valencia en el siglo XVII”. En La Inmaculada Concepción en España: religiosidad, historia y arte: actas del simposium, 1/4-IX-2005, p. 475-500. Real Centro Universitario Escorial-María Cristina.