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Requena (10/02/26) – Javier González Segura. Geógrafo ambiental. Centro de Estudios Requenenses. Colaboradores: Vecinos de Barrio Arroyo.

La pedanía requenense de Barrio Arroyo cuenta con un ejemplar arbóreo de indudable valor por su rareza en el contexto local y regional: el magnífico tilo (Tilia platyphyllos) de Villa Encarnación.

Hacia 1850 se inició una edad dorada para la vitivinicultura comarcana, en la que numerosas propiedades agrícolas experimentaron un considerable crecimiento. Prueba de esa riqueza atesorada se diseñaron pequeños jardines burgueses con árboles exóticos, hasta esa fecha desconocidos por los locales. Entre éstos pueden citarse el plátano de sombra (Platanus x hispanica), el pinsapo (Abies pinsapo), el cedro (Cedrus libani), la sófora (Styphnolobium japonicum) o el propio tilo, llamado localmente tilero.

Tilero con el Pico del Tejo al fondo. Obra de Amparo Serrano

Tilero con el Pico del Tejo al fondo. Obra de Amparo Serrano

Desconociéndose su edad, es muy probable que sea este el origen de un árbol que ha formado parte de la vida de numerosas generaciones de barrioarroyeros, conservándose un rico legado etnográfico vinculado a él. Así, la tila era frecuentemente utilizada como tranquilizante, relajante o sedante, «para quitar los sustos», así como para aliviar catarros, resfriados y gripe. Tomada en infusión, las flores y brácteas del árbol eran recogidas y puestas a secar la noche de San Juan, siguiendo la tradición mágica de origen medieval.

Recuerda el ingeniero de montes Arturo Oradini que, debido a sus propiedades curativas, al perfume de sus inflorescencias de inicio de verano, a su valor simbólico y al placer de su fresca sombra, en la cultura preindustrial esta especie era muy valorada. Era concebido como un árbol femenino y al mismo tiempo sanador y protector, un legado directo de la sabiduría curativa tradicional que se remontaba a los mitos griego-romanos y también a aquellos paganos centroeuropeos.

Amparo Serrano, natural de la aldea, nos transmite un relato propio basado en hechos reales, en el que reseña otro de sus usos ancestrales. Eran los años sesenta y continuaba la costumbre de poner enramadas a las mozas para la noche de San Juan. Los pretendientes le ponían a la elegida una gran rama de tilo en la ventana y, por tanto, desde el suelo no se podía coger tila. Amparo trepó bastante alto, para coger una rama y cayó al vacío. Las ramas del tilero amortiguaron el golpe, fue a parar a un montón de maleza y no se hizo un rasguño. Es decir, el tilero le protegió. Para Amparo, ese tilero que destaca como un guardián en el horizonte, con el Pico del Tejo al fondo, es un paisaje que siempre formará parte de su vida.

Detalle de rama del tilero, justo antes de florecer

Detalle de rama del tilero, justo antes de florecer

Sus dimensiones (2,38 metros de perímetro a 1, 30 m del suelo; 15,6 metros de altura y 13,3 metros de diámetro de copa) son muy destacables para la especie y para la latitud en la que crece, alcanzadas gracias a la riqueza del suelo donde crece y al abundante aporte hídrico. Está incluido en el Catálogo de Árboles Monumentales, Singulares y Monumentales de Interés Local de Requena, realizado en 2024.

La conservación del tilero, al que numerosos vecinos se refieren como un «gigante» así como la noguera y los pinos piñoneros cercanos, se debe a la sensibilidad de la familia propietaria, que ha protegido este legado arbóreo para disfrute de generaciones futuras.

Sin embargo, en los últimos años, la salud del emblemático árbol se ha visto depauperada posiblemente debido a su edad y a la falta de riego en su entorno inmediato, al haberse perdido la horticultura en el área inmediata y el riego periódico asociado, presentando ramas secas de gran tamaño y llegando a comprometerse su vida.

Con el fin de que el tilo y la historia cultural que atesora no caiga en el olvido, el pasado día 5 de octubre de 2025 tuvo lugar un pequeño homenaje al árbol que reunió a más de 60 personas, las cuales pudieron disfrutar de su belleza probando la infusión de su tila recogida durante el mes de junio.

Vecinos de Barrio Arroyo y visitantes junto al tilero durante su homenaje

Vecinos de Barrio Arroyo y visitantes junto al tilero durante su homenaje

Finalizamos con una bella poesía de Vicente Hernández, el vecino más longevo de Barrio Arroyo, que a sus 97 años conserva una envidiable memoria que, conjugada con la sensibilidad y el interés que posee por su localidad y contornada, le permite producir espléndidas composiciones como ésta dedicada al árbol y a su propietaria, Áurea Alacreu Ochando «Aurín»:

El tilero de Aurín

que mal lo está pasando,

porque tiene mucha sed

y nadie acude a regarlo.

 

Yo lo regué una vez

que no tenía tantos años,

ahora que soy muy viejo

yo ya no puedo ayudarlo.

Un árbol tan importante

no tenemos que olvidarlo,

cuidarlo un poco mejor

 y vivirá muchos años.

Me recuerdo de ese árbol

desde que yo era pequeño,

era un tilero muy grande

pero ha seguido creciendo.

 

Yo fui mucho a coger tila

que hacía falta en casa,

por eso me causa pena

ver cómo se secan sus ramas.

 

Si no nos preocupamos

en unos poquillos años,

el tilero se ha secado.

Vicente Hernández en Barrio Arroyo. Dibujo de Ángeles Arrúe Balaguer

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