Documento del mes de abril de 2025 del Archivo Municipal de Requena

Requena (01/04/25)- Nacho Latorre

AMRQ 2739, h. 173.

Los hidalgos, hijosdalgo, fidalgos castellanos tienen su origen en la época de la Reconquista. En las Partidas de Alfonso X la hidalguía era la nobleza que venía de linaje, es decir, de sangre. Sin embargo, con el paso de los siglos serán varias las formas de acceder a ser hijodalgo:

– Hidalgos notorios de solar, que eran los más antiguos.

– Hidalgos por sangre o linaje.

– Hidalgos por privilegio, ya sea por servicios a la corona o por compra del título.

– Hidalgos de ejecutoria, de los que litigaban y obtenían confirmación de hidalguía.

– Hidalgos de gotera o de canales adentro que sólo habían podido demostrar la hidalguía más que en ellos y en su padre.

– La hidalguía universal concedida a guipuzcoanos y vizcaínos.

– Los hidalgos por el cuerno sólo reconocidos en la localidad donde se conceden.

– Hidalgos de bragueta por haber tenido siete hijos varones legítimos.

A cambio de servir a la monarquía cuando ésta lo requiriera, especialmente en tiempos de guerra, poseían privilegios importantes, el mayor, sin duda, el no pagar impuestos directos y cargas concejiles como las sisas, repartimientos, alojamiento de tropas, etc. Éste era el privilegio más anhelado. Aparte, también poseían privilegios penales como no poder ser sometidos a torturas; no ir a prisión por deudas; estar exentos de confiscación de bienes; no ser azotados, ni ahorcados, ni conducidos a galeras… Sus procedimientos judiciales eran sustanciados en una cámara especial de hidalgos que, en el caso de Requena, residía en la Chancillería de Granada. Además, se le reservaban cargos como en Requena uno de los caballeros de la sierra o uno de los alcaldes. En 1589, los hidalgos requenenses pleitearon y consiguieron la mitad de los cargos municipales y la preferencia de asiento, voto y firma. En 1618 se les confirmó este privilegio.

La carta puebla de Requena, otorgada por Alfonso X en 1257, ya ordenaba «mandamos que pueblen y treinta cavalleros e escuderos fijos dalgo». Alfonso X quería una Requena bien defendida por su posición en los límites de la corona de Castilla.

Desde finales del siglo XIV y en el XV, con motivo de las guerras civiles y dinásticas castellanas, los Trastámaras recurrieron a la concesión de una avalancha de títulos de ennoblecimiento con el fin de reclutar partidarios. Posteriormente, los Austrias en el XVI y XVII, con ingentes necesidades económicas por los innumerables conflictos bélicos en defensa del Imperio Español y la religión, recurrieron a la venta de títulos.

Las diferencias entre los hidalgos eran enormes: desde la universalidad o casi universalidad de zonas como la vasca, cántabra y asturiana hasta la minoría de las zonas sureñas; desde la comodidad económica hasta la extrema pobreza de muchos de los hidalgos que vivían en la miseria, pero seguían con su sentido del honor, vanidad de aristocracia y la aversión por el trabajo manual. El refranero lo señala con el aserto «mucho aparentar y mucha hidalguía, pero con la despensa vacía». Estos hidalgos empobrecidos fueron bien retratados por los autores del Siglo de Oro de las letras castellanas.

En los siglos XVI y XVII la denominación de hidalgo se reservó en Castilla para la nobleza de rango inferior, desprovista de derechos jurisdiccionales y de escaso nivel económico y relieve social.

Los primeros datos de hidalgos en la comarca los aporta el Censo de Castilla de 1591, donde en la extensa jurisdicción de Requena se contabilizaban 31 hidalgos de un total de 964 vecinos (3,2%), en Utiel eran 13 de 631 cabezas de familias (2%) y en Mira no había hidalgos, sólo 186 pecheros y 1 clérigo. A fines del siglo XVI, el estamento nobiliario castellano era uno de los más numerosos de toda Europa, representando casi un 10% de la población. Un hecho muy mal visto por los pecheros que tenían que soportar todas las cargas fiscales dada la exención del estamento privilegiado (clero y nobleza).

En el documento del mes se transcriben los censos de hidalgos de Requena de 1777 y 1782.

Desde Carlos II y, especialmente con las reformas ilustradas introducidas por los borbones, se cambiará el concepto y funcionalidad de la hidalguía, así como su desmesura en número con más de medio millón de exentos. En principio, las reformas de la hacienda pública contemplaban limitar el nombramiento de privilegiados, dado que eran excluidos del pago de impuestos. Pero, además, los monarcas querían ahora una hidalguía de servicio más que una de procedencia de sangre o de rancio abolengo. La hidalguía como una calidad civil y política, en detrimento de la noción que primaba la sangre como elemento articulador de la misma. No importaba la genealogía, sino el mérito o el servicio en las armas, que fue una de las principales vías de acceso en el siglo XVIII. Los servicios al monarca de carácter cortesano, financiero, políticos o militares eran recompensados con la concesión de hidalguías. Concediendo nuevos títulos, el monarca lograba, a la vez, remunerar los servicios prestados y fidelizar a los grupos de poder que podían serle útiles para su acción de gobierno. Los grandes beneficiados por la nueva nobleza de servicio fueron las oligarquías locales, élites económicas y componentes de la administración y el gobierno, muchos procedentes en su mayoría de la baja y media nobleza.

Además, progresivamente se había centralizado el reconocimiento judicial de la hidalguía en las Salas de Hijosdalgo de las Reales Chancillerías de Valladolid y de Granada, apartando a los concejos.

En el padrón impositivo de Requena de 1732 se registraron 20 hidalgos (Galán Tendero). En 1782, por orden del gobernador y alcaldes del crimen y de hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada, el escribano público Pedro Juan Moral, con asistencia de los regidores, diputados y síndicos, abrió el Archivo del Ayuntamiento y extrajo el padrón del vecindario de 1775 para averiguar quiénes eran listados como hidalgos en ese año dando un total de 27. Entre ellos, cuatro mujeres; a pesar de que, en un principio, en Castilla la condición de hidalguía estaba reservada a varones. Entre los apellidos destacan los Iranzo (8), Collada (4), Cantos (2), Enríquez (2), Aranguren (2), junto a los Nuévalos, Ibarra Zapata, Ferrer, Trobica, Francisco, Thomás y Portillo. Unos son antecedidos con el don o doña y otros son alistados sin el tratamiento

Para 1782, año del testimonio, habían fallecido cuatro, pero habían ascendido a la condición de hidalgos dieciséis; cinco eran mujeres por no haber descendencia directa de varón. En total, el padrón de hidalgos había crecido en siete años de 27 a 39 personas, un notable incremento del 44% en tan corto periodo de tiempo. Siguen apareciendo nuevos ingresados con los apellidos de 1775 (Collada, Ferrer, Nuévalos, Portillo, Enríquez…); pero, aparecen también nuevos patronímicos como Cárcel Marcilla, Ramírez, Carcajona, Córdoba o el utielano don Jacinto Iranzo Yuste.

En el censo del conde de Floridablanca de 1787, la población española era de 10.409.879 personas, de las cuales 480.589 eran hidalgos, es decir, un 4,61%.

El liberalismo del siglo XIX acabó con los privilegios y estatuto jurídico de los hidalgos, derrocando la sociedad estamental que se iría sustituyendo por la de clases.

Para saber más:

FRANCOS SEVILLA, José. “Ascenso social y milicia en las familias Pingarrón y Zapatero en el Getafe de los siglos XVIII y XIX”. Historia y Genealogía, 2020, n. 10, p. 154-170.

PÉREZ LEÓN, Jorge. “El reconocimiento de la hidalguía durante el siglo XVIII: su reformulación como calidad civil y política”. Investigaciones históricas, 2014, n. 34, p. 131-154.

REDONDO ÁLAMO, M.ª Ángeles. “La figura del hidalgo en la sociedad española”. Revista de Folklore, 1982, tomo 2, n.º 17, p. 152-160.

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