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Hogueras de San Antón en el término de Venta del Moro
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Artículo de Ignacio Latorre Zacarés

Venta del Moro (16/01/26)- Ignacio Latorre Zacarés

Sin duda alguna, Venta del Moro es tierra de hogueras, sobre todo en el solsticio de invierno. La Hoguera de San Francisco Javier de Jaraguas (el viernes más próximo al 3 de diciembre), la de la Virgen de Loreto de Venta del Moro (9 de diciembre), las de San Antón en casi todo el término (16 de enero), las de San Julián el Cestero ahora recuperadas (27 de enero) y las ya desaparecidas de la Candelaria (2 de febrero), San Blas en Casas de Moya y Casas del Rey (3 de febrero) y el 5 de febrero a Santa Águeda.

Estas hogueras invernales se realizan cuando el campo reposa y las tareas agrícolas menguan en su urgencia. La dureza del frío invernal es contrarrestada con el calor de las llamas en una hoguera comunitaria que reúne a la vecindad para celebrar el santo y/o patronazgo, tras la recolección de las cosechas tradicionales (uva, almendra y oliva).

La particular y peculiar dispersión poblacional del término de Venta del Moro nos ha permitido heredar un legado activo de hogueras como ritual festivo.

En la actualidad, las tradiciones más extendidas en el término son los mayos y las hogueras de San Antón. Éstas últimas se celebran en Venta del Moro, Casas de Moya, Casas de Pradas, Casas del Rey, Las Monjas y Los Marcos. Mientras que en Venta del Moro las hogueras se realizan por calles, grupos de amigos y familias; en las aldeas se realizan con carácter comunal y en algunos casos en la plaza mayor (Casas de Moya, Casas de Pradas y Las Monjas). Es muy bonito ver cómo esta tradición está en auge en casi todo el término y congrega cada vez a más gente, ya sean residentes o hijos del pueblo y aldeas que retornan de sus entornos urbanitas para pasar estos días de convivencia alrededor del confortable fuego.

Foto de la preparación de la gran hoguera comunal y patronal de San Antón en Casas de Moya (2016, Paco Monteagudo).

1 Casas de Moya hoguera San Antón 2016 enero 16-17 Paco Monteagudo

Se trata de una “hoguera de vísperas” que se celebra el 16 de enero, día anterior a la festividad de San Antonio Abad o San Antón (nombre popularizado en la Meseta de Requena-Utiel). Excepto en Casas de Moya o algunas de las hogueras de Venta del Moro, en el resto de las aldeas y algunas piras de la capital municipal acomodan la fecha al fin de semana más próximo para asegurar una mayor afluencia de participantes y, en especial, el retorno de sus vecinos que por cuestiones laborales han trasladado su domicilio.

La fiesta de San Antón es de antiquísima raigambre en el ámbito rural y campesino, debido a su patronazgo sobre los animales: caballerías, cerdos, perros, ganados, colmenas, etc. Es una tradición muy extendida, cuya devoción se manifiesta en actos, promesas, estampas y escapularios que la gente del campo realizaba y guardaba con fervor religioso y, a veces, pagano. Toda la comarca tuvo una orientación claramente ganadera hasta el siglo XVIII en que la agricultura fue creciendo impulsada por los ministros ilustrados. Sin embargo, hasta los años 60-70 del siglo XX, en el término municipal venturreño se registraban aún bastantes rebaños ganaderos, además de animales en corrales para la mesa familiar. Por las veredas de Vadocañas y de Hórtola pasaban los ganados trashumantes. La costumbre de la matanza del cerdo domiciliaria subsistió hasta la década de los 90 cuando las medidas sanitarias limitaron esta práctica. Además, hasta la generalización de los tractores en los años 60, la caballería (mulos, asnos, burros, caballos…) eran habituales en las faenas agrícolas. La protección de todos estos animales que aseguraban la supervivencia familiar era algo muy pertinente en las sociedades rurales y concretamente en la venturreña.

El ritual se desarrolla en toda su primera fase en plena vinculación con el entorno forestal. El término municipal de Venta del Moro posee una extensísima masa forestal que ha sido una fuente muy importante de aprovechamiento para sus habitantes de recursos tan importantes como la madera, leña, teda, pasto, esparto, carbón, cal, yeso, agua, caza, fornilla, etc. El ritual recuerda este origen agrario-pecuario-silvícola de la población y supone un retorno al monte de la comunidad vecinal, un contacto que en el pasado fue muy estrecho con esa fuente casi inagotable de recursos.

El fuego ha estado y continúa estando presente en muchos de los rituales y festividades mediterráneas desde la época antigua. El carácter ambivalente de la llama como fuente de luz y calor y, a la vez, con el efecto devastador de la combustión que impide cualquier retorno a la materia original, le otorgan significados opuestos. En muchos casos, la hoguera es un ritual de renovación y purificación, que simboliza la apertura de una nueva etapa.

Además, en todas las iglesias del término se encuentra una talla de San Antón. La iconografía más habitual de San Antonio Abad es la de un santo anciano (vivió 105 años), barbado, apoyado en un báculo y con una esquila colgada al cuello, que sirve para ahuyentar a los espíritus malignos. Suele aparecer con un libro que indica el carácter sabio de quien fuera considerado “Padre Espiritual” (significado de la palabra “Abad”) de una de las principales corrientes monacales cristianas. Viste hábito largo, cuya forma puede variar, en ocasiones es negro, en relación con la Cofradía Hospitalaria de San Antonio y lleva la tau o cruz egipcia, que era el emblema de la orden.

(Casi todas las iglesias del término venturreño poseen una talla a San Antón con sus atributos clásicos: barba, báculo, esquirla al cuello, gorrinillo a los pies, libro abierto, la Tau… En la foto San Antón de la Iglesia de Venta del Moro).

A sus pies se coloca un cerdo para indicar que era dominador y protector de los animales; pero también puede estar relacionado con la idea que se tenía de este animal en el mundo antiguo: el cerdo era considerado un ser impuro, vinculado con la suciedad y el pecado. Colocarlo a los pies de San Antón puede significar el triunfo sobre la impureza y el pecado de San Antón. En la teología cristiana, situar animales a los pies de las figuras daba a entender que habían conseguido la perfección y la bienaventuranza, al dominar las fuerzas de la naturaleza y la materia. Así este cerdo al lado del santo podía indicar la protección que prestaba San Antonio a todos los animales y, especialmente, al cerdo, base de la alimentación rural. De hecho, en el municipio Venta del Moro la crianza y matanza del cerdo en cada casa ha sido hasta los años 70 del siglo XX fundamental en la dieta humana. De ahí el dicho comarcano: “Se muere el chino, luto para el intestino”.

Este cerdo que se ilustra al pie del Santo puede hacer referencia también a la leyenda de que San Antón sanó a una jabalina y sus jabatos de ceguera y desde entonces la madre no se separó del anacoreta.

Además, en Venta del Moro y sus aldeas hemos documentado la antigua tradición, ahora ya perdida y que al parecer pudo perdurar hasta los años 50, del gorrino de San Antón, por la cual cada año se criaba suelto por las calles un cerdo que alimentaban los vecinos y que vagaba con una campanilla atada al cuello. Finalmente, ya engordado este cerdo se rifaba y con el dinero obtenido se costeaba su fiesta. En Venta del Moro lo rifaba la Mayordomía de San Antón para costear el festejo del santo. La rifa era por subasta a la llana: con pujas a viva voz y en asamblea pública pregonada al efecto.

San Antonio también es un santo muy vinculado con el fuego. Su supuesta habilidad para reconocer y dominar a los espíritus o demonios, le atribuye un señorío especial sobre el mundo infernal y, en particular, sobre el fuego. Fue considerado el único santo capaz de engañar a los diablos. En Casas de Moya, la imagen del Santo posee un libro abierto con siguiente leyenda “Defendednos del demonio, mal, fuego, dolor”.

San Antonio era asimismo considerado sanador por excelencia del llamado ergotismo, “fuego sagrado” o “fuego de San Antonio” y, en general, con cualquier enfermedad de la piel que provocara una sensación de quemazón, lo que terminó asociándose con el ardor inflamatorio producido por la peste. La orden hospitalaria de los Antonianos llevaban como distintivo una Tau o cruz de San Antonio, cuya principal misión era paliar la peste, entre otras enfermedades que se relacionaban con el llamado fuego sagrado. Se dice que los religiosos de la orden se dedicaban principalmente a la crianza de cerdos que pastaban libremente con una campanilla al cuello y que eran mantenidos por la caridad pública. También a San Antonio se le atribuye poder para acabar con los incendios. En la comarca, en las pestes documentadas del siglo XVI se recurrió a San Roque.

En algunos pueblos españoles se marcaba a los animales (vacas preferentemente) con el llamado hierro o marco de San Antón, cuando surgían algunas epizootias. Era una forma de librarles de la enfermedad que estaban padeciendo. En la Meseta de Requena-Utiel se ponían estampas de San Antón en las cuadras como medida de protección a los animales.

Diseccionemos las características de estas hogueras de San Antón en el término por núcleos de población.

Las hogueras en Venta del Moro pueblo se realizan por calles y grupos de vecinos, familiares y amigos (foto autor).

En Venta del Moro pueblo, la gran hoguera comunal es la que se dedica a la Virgen de Loreto el 9 de diciembre (bien de relevancia local inmaterial desde 2022). En el caso de las hogueras de San Antón no hay hoguera comunal como ocurre en sus pedanías, sino que las piras se confeccionan por barrios y calles en reuniones de amigos, familiares y/o vecinos. Se prenden como unas diez o quince  hogueras de tamaño menor. Algunas de estas piras se encienden el propio día de víspera del santo, el 16 de enero, y otras hogueras se confeccionan acomodándose al día más próximo del fin de semana para facilitar la participación de amigos, familiares y vecinos que viven entre semana en otros núcleos.

Es una fiesta muy ligada a la pólvora que los participantes tiran durante y después de la hoguera. Es el Ayuntamiento de Venta del Moro quien reparte la pólvora (principalmente morteretes y anteriormente cohetes rateros o salidas) a cada cuadrilla de vecinos que realiza una hoguera.

San Antón es una fiesta muy ligada a la pólvora. Casas del Rey año 2018.

Son los participantes de cada hoguera de barrio o calle los que se encargan de recoger la leña y formar la hoguera, bien la misma mañana o tarde que se le prende fuego. La leña bien puede ser de pino, almendro, olivo o cepas de vides. Hacia las siete u ocho de la tarde se empiezan a prender las hogueras a la par que se prepara el condumio. Son momentos en los que se realiza un aperitivo de encurtidos y productos locales (“perro”, olivas con morquera, productos al aguasal, cortezas, piparras…) El asado se realiza cuando ya se han generado ascuas suficientes que se van apartando un poco de la pira central para poder elaborar el asado. Previamente, se queman las parrillas a llama viva para que no quede ninguna impureza. El asado suele consistir en embutidos locales (güeña, longaniza, morcilla, chorizos); oreja, careta y morro de cerdo y chuletas de cordero. Todo ello regado con vino de bobal y con dulces finales. Se juntan a comer, muchas veces de pie, sin sentarse, el grupo de vecinos, familiares o amigos. Los más aficionados a la pólvora tras la hoguera hacen estallar los morteretes. Hay grupos que convierten este acto en una pequeña “cordá”. Hace algunos años, muchos agricultores hacían una hoguera algo mayor y con mucha pólvora en el solar enfrente del Bar Ventamorino.

La fiesta es intergeneracional, pues congrega a niños, jóvenes, adultos y gente mayor. Es habitual que los jóvenes hagan sus propias hogueras por grupo de edad.

. En Casas de Moya es además una fiesta patronal por lo que su hoguera es una pira en loor de la advocación titular de la parroquia. Antiguamente se bendecía la hoguera antes de prenderla. La hoguera comunal se monta en la amplia plaza de la iglesia y es de gran envergadura, pues participa la vecindad con algunos tractores bien cargados de leña. La madera se acondiciona cuidadosamente quedando una bonita imagen de la plaza. Se suele coronar la hoguera con un pino pequeño erguido denominado “capota” o “capotilla”.

Aunque en la confección de la hoguera se concentra una veintena de participantes, en el resto de actos del ritual (prendimiento de hogueras, comida comunal, misa, procesión, etc.) participa casi toda la comunidad vecinal que se reúne para festejar al patrón.

Los casamoyeros creen que antes de la construcción de la Iglesia en 1924, San Antón ya era el patrón de la aldea y se realizaba su hoguera. De hecho, en Casas de Moya siempre ha habido mucho ganado por ser una aldea cercana al bosque.

La hoguera se realiza el mismo 16 de enero, víspera de la festividad de San Antón, sin acomodarse al fin de semana (sólo unos dos años la acomodaron al fin de semana). Independientemente de la meteorología del día (lluvia, nieve), el ritual se lleva a cabo.

Los que elaboran la hoguera, que son una veintena de hombres, quedan en el bar a las 9 de la mañana. Se dirigen con unos cuatro tractores al monte, en el área señalada por el forestal. No hay agrupación o cofradía intermedia que rija u organice el ritual, aunque sí interviene la alcaldía pedánea. El colectivo es masculino, casi todos de edad avanzada por haber pocos jóvenes en la aldea.

Durante la mañana se afanan en cortar los pinos carrascos, desligarlos y subir la madera a los tractores durante unas tres horas. Cargados los tractores almuerzan todos juntos en el mismo sitio de corta con bollos de tajás típicos. Después se dirigen a la aldea para formar la hoguera en la plaza de la Iglesia donde previamente se ha dispuesto una capa de arena. Una vez montada la pira, los participantes se toman un refresco en el bar. Antiguamente, la hora de salida a por la leña era por la tarde. Tras comer se reunían los hombres que iban a por la leña y la hoguera se montaba ya casi sin luz.

Hacia las ocho de la noche se prende la hoguera. Se tiran algunos petardos. Por la mañana, algunos vecinos aprovechan las brasas para asar.

Al día siguiente, 17 de enero, se realiza la misa y procesión al patrón y después una comida comunal. Antiguamente en el día del Santo, se realizaban tres sesiones de bailes, mañana, tarde y noche, con famosos acordeonistas de la comarca y pueblos conquenses (Carboneras, Campillo de Altobuey, etc.): Maíllo, Emilio, Cámara, Lagarto, Rufo, Eladio, Amelia… Tras la misa se repartía pan bendito en la misma Iglesia y se tomaban magdalenas, tortillas, suspiros, etc.

En Casas de Moya se confecciona una hoguera comunal y patronal de grandes dimensiones que congrega a todos los hijos de la aldea (año 2016, foto Paco Monteagudo).

En el caso de Casas de Pradas, como en Casas de Moya, la hoguera es comunal y la del propio patrón de la aldea. Es en 1883 (fecha que se encuentra en la puerta de la Iglesia) cuando se edificó una ermita-iglesia en la propia aldea, trasladando la imagen de san Gregorio de Casa lo Alto, donde antiguamente acudían los casapreños a los oficios religiosos, y comprando un san Antonio Abad que pasó a ser el patrón de la aldea junto con san Gregorio. La advocación a San Antonio Abad está presente en una talla y en una pintura realizada en la propia portada de la Iglesia donde San Antón es acompañado por un gorrino y un perro.

La hoguera se realizaba el 16 de enero, víspera de la festividad de San Antón, pero actualmente se acomoda al sábado inmediatamente posterior al día del santo, para facilitar la participación de amigos, vecinos y familiares que entresemana residen fuera de la aldea.

Quienes confeccionan la hoguera, que son entre veinte-veinticinco personas, con predominio de jóvenes, quedan entre las nueve y diez de la mañana para salir a cortar pinos para la hoguera. La comisión que organiza las fiestas les facilita el almuerzo comunal (generalmente bollos) y la bebida que bien ingieren en la misma aldea o ya en el monte. Se dirigen con unos tres o cuatro tractores al monte, en el área señalada por el forestal o a la parcela de un particular si ha donado los pinos.

Durante la mañana se afanan en cortar los pinos, desligarlos y subir la madera a los tractores. Almorzados se dirigen a la aldea para formar la hoguera en la plaza de la Iglesia. Previamente, el centro de la plaza se prepara con una capa de arena para que la hoguera no perjudique el asfalto.

Junto a la hoguera comunal de madera de pino se realiza otra más pequeña de cepas para poder asar, mientras la otra pira de mayor magnitud va ardiendo. Hacia las ocho de la noche se prende la hoguera. Previamente se ha decorado el santo que es sacado a la puerta para que vea su hoguera. Se tiran tracas y morteretes aportados por el Ayuntamiento y se voltean manualmente las campanas de la Iglesia. Antiguamente el cura bendecía la hoguera.

La comisión que se encarga de la fiesta reparte a las cuadrillas el condumio para asar compuesto principalmente por embutidos locales y carne. Además se da vino, olivas, cacaos, etcétera. Hay particulares que aportan dulces locales como torrijas. La cena se realiza por grupos de amigos, familiares o vecinos asando en la hoguera pequeña de cepas donde ya hay ascuas útiles. Algunos grupos lo hacen junto a la hoguera, en la propia plaza, otros lo hacen en otra plaza junto al bar local. Tras cenar se realiza una fiesta de baile.

Al día siguiente de la hoguera se oficia la misa y procesión al patrón. Antaño se repartía pan bendito.

En las hogueras de San Antón es muy importante la participación de los jóvenes. Confeccionadores de la hoguera en Casas de Pradas en 2023 (foto autor).

En Las Monjas, aunque no sea patrón, también se realiza una gran hoguera comunal a San Antón. Se elige un sábado cercano a la fiesta para que se congregue a los residentes y los monjeños que viven fuera de la pedanía. La confección también se realiza conjuntamente yendo a la corta de la leña quince o veinte personas con de tres a cinco tractores. Cortada la leña por la mañana, antes era por la tarde, almuerzan juntos en el bar, condumio que paga la aldea y la Sociedad de Cazadores. La pira se erige en la plaza de la iglesia, delante del caserón de doña Lucía Garrido y de su bonito templo que está dedicado a otro San Antonio, el de Padua. Hay una talla en la Iglesia de San Antón Abad barbado, con báculo, libro, campanilla al cuello y el gorrinillo a sus pies. Al igual que en Casas de Pradas, concentra su prendimiento a muchos monjeños que, posteriormente, se aprestan a asar y deglutir las sabrosas viandas cárnicas. La cena la organiza la Sociedad de Cazadores a base de embutido, panceta y caldereta de jabalí. Antes se tiraban muchas carretillas, ahora son cohetes. Como curiosidad, la actual alcaldesa pedánea ha instaurado la costumbre de que le “pegue” a la hoguera la persona de más edad de la pedanía. Es la única hoguera comunal que se realiza actualmente.

En Casas del Rey también se realiza la hoguera de San Antón, aun no siendo patrón. Es comunal y la pira se emplaza en el campo de fútbol que está en la parte sur de la aldea. Hacia las ocho de la mañana se concentran en el bar los participantes en la hoguera con bastante participación de jóvenes y también de mujeres. Se desplazan hacia el área de tala y carga de pinos. Se almuerza en el campo con bollos y vino. En la misma mañana se carga, se transporta la madera entre petardos y se erige la pira. Una vez instalada, los participantes vuelven al bar a tomar el café o copa. Se “pega” a la hoguera hacia las siete de la tarde y después se cena comunalmente, a veces en el bar. En la iglesia hay una pequeña talla de San Antón con sus atributos clásicos: barba, báculo con campanilla, libro y gorrinete…

Hoguera de San Antón de Casas del Rey 2023 (foto autor).

En Los Marcos la hoguera suele ser más modesta y se realiza en los últimos años cerca del centro social. Se reúnen varios vecinos y recogen cepas arrancadas y restos de poda que se traen en tractores a la aldea. Algún año, con permiso del forestal, se quita madera que sale a los caminos. Se compra embutido y carne, se asa y se lleva al centro social donde cenan unas sesenta personas. Antiguamente, parece que la hoguera se situaba en un sitio más central y era de mayores dimensiones. Aún queda memoria del gorrino de San Antón.

En Jaraguas, la realización de la hoguera comunal de San Francisco Javier parece disuadir la realización de otras hogueras comunales o por barrios, aunque algunas veces sí hay pequeñas hogueras de amigos o familiares. Antiguamente se llegaron a encender alrededor de veinte hogueras vecinales y tanto en la noche de la hoguera, como en la tarde de la festividad del 17 de enero, se solía hacer baile para la juventud.

Las hogueras de San Antón son rituales que la población tiene muy interiorizados y que forman parte indisoluble de la comunidad que se esfuerza por perpetuarlos, a la vez, que genera una importante y cohesionada identidad de grupo. De hecho, es una tradición que sigue con vigor y renovados bríos en nuestro término.

Es interesante que todo este ingente y singular patrimonio inmaterial sea inventariado, catalogado y protegido con las figuras administrativas más pertinentes. En ello estamos.

Informantes: . Ricardo Yeves, Enrique Guaita, José Martínez, Diego Monteagudo Montés, Teo Monteagudo, Eduardo Vázquez García, Hugo Cañas Medina, Victoria García, Paco Monteagudo.

 

Bibliografía:

. ARIÑO VILLAROYA, Antoni, El foc i la roda del temps. Figures d’una festa mediterrània del cicle agrari, La Pobla Llarga, 1991.

. FERNÁNDEZ PEÑA, María Rosa. “San Antonio Abad un santo antiguo, pero muy actual”. En: El culto a los santos: cofradías, devoción, fiestas y arte, 2008, p. 677-690.

. LATORRE ZACARÉS, Ignacio. “Hogueras rituales en el término municipal de Venta del Moro”. Libro de fiestas en honor de la Stma. Virgen de Loreto. Venta del Moro, diciembre 2015, [10] p.

. LIMÓN PONS, Miquel Àngel. “Historia y ritual de la fiesta de San Antonio Abad en la isla de Menorca”. Narria: Estudios de artes y costumbres populares 109-110-111-112, año 2005, p. 59-65.

. PARDO PARDO, Fermín. “Hogueras y cohetes en el Campo de Requena-Utiel”. La Tierra, enero 2001, n. 89. P. 4.

. TAUSIET, María. “Fuego festivo, humo sagrado: Las luminarias de San Antón en Tierra de Pinares (Ávila)”. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, julio-diciembre 2011, vol. LXVI, n.o 2, pp. 327-354.

. YEVES DESCALZO, Feliciano Antonio. Cuentos y leyendas de mi pueblo: Venta del Moro. Venta del Moro, Ayuntamiento, 1997, 305 p.

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