lunes, 5 octubre
Documento del mes de octubre de 2026
Requena (05/10/26)- Archivo Municipal de Requena
«Alcalde de aldea / el que quiera que lo sea», dice el aserto comarcano en referencia a las responsabilidades y fatigas y escasa recompensa de los alcaldes de nuestras pedanías. Aunque esto no fue siempre así. Requena con sus veinticinco pedanías celebra elecciones cada cuatro años entre los vecinos en una fecha posterior a las elecciones municipales. En el documento del mes nos retrotraemos a las funciones y elecciones a pedáneos en la Edad Moderna.
Las primeras referencias a la aparición de los alcaldes pedáneos se remontan a los siglos X y XI en las merindades castellanas y las Comunidades de Villa y Tierra en las fronteras peligrosas con los musulmanes, con la existencia de los merinos o alcaldes pedáneos. Estos tenían funciones judiciales en causas que como máximo tuviesen penas de hasta 100 maravedíes. Hasta el siglo XIII, en todas las poblaciones que poseían fuero, los alcaldes pedáneos eran elegidos por los vecinos por el procedimiento de votación a mano alzada. Con la aparición del Fuero Real y de Las Partidas de Alfonso X se tendió a la desaparición del carácter electivo de esos cargos, que pasaron a ser nombrados por el Rey.
Las elecciones a alcaldes pedáneos en la Edad Moderna (s. XVI-XVIII) se extienden en la zona de realengo, como Requena, a mediados del siglo XVI, con la función principal de recaudar los onerosos tributos que imponían los Austrias para financiar las batallas del Imperio Español. Sobre todo, a partir de la instauración por parte de Felipe II en 1590 del impuesto de «millones». Es entonces cuando se establece que, en todos los lugares que cuenten con veinte o más vecinos, se nombrara por el concejo un alcalde, (aún no se denominan pedáneos), con la misión de repartir los impuestos y hacer los inventarios de los bienes de los vecinos de ese lugar fallecidos, para que la Hacienda Real pudiera recaudar la parte que le correspondía de la herencia que dejaba el fallecido, similar al actual impuesto de sucesiones.
Y, efectivamente, en 1593 los regidores perpetuos de Requena elegían por primera vez a los «alcaldes de las granjas» de Camporrobles, Villargordo, Caudete y Venta del Moro. En Fuenterrobles, debido a su escasa población, no se elegirá pedáneo hasta 1659. Por entonces, la gradación de las poblaciones de menor a mayor entidad era la de granja-aldea-villa. Requena fue muy reticente a considerar a sus pedanías como aldeas y las suele nombrar como granjas.
Los pedáneos solían nombrarse cuando un lugar tenía más de 20 vecinos (unos 100 habitantes). No tenían salario establecido, pero se llevaban el 1% de lo recaudado, siendo el cargo compatible con sus tareas diarias. Los diversos impuestos existentes hacían difícil su cobro por parte de los recaudadores de Requena, por lo que tenían que buscar otros en las distintas poblaciones del partido, que, a su vez, defendiesen los intereses que los regidores poseían en dichos lugares, por lo que era muy normal el enfrentamiento entre éstos a la hora de nombrar alcaldes de aldea.
Esto ocurrió en varias elecciones al alcalde de Camporrobles, población crecida. Los regidores perpetuos tenían diferentes candidatos que supuestamente respondían a sus intereses particulares. Así pasó en las elecciones a esta, por entonces, aldea en 1689 y 1690 con gran disparidad de criterios y acusaciones de corrupción.
Estos alcaldes pedáneos eran personas con una cierta posición económica, en algunos casos potentes terratenientes como los Lacárcel de Venta del Moro, pues debían responder con sus bienes a las multas que les pudiesen sobrevenir tras la celebración del Juicio de Residencia y, además, de esta manera defendían mejor sus intereses personales.
La otra misión del alcalde pedáneo era la de impartir justicia en su aldea en casos menores: peleas, insultos, asuntos de lindes…, pudiendo imponer pequeñas penas pecuniarias y derivando a Requena los asuntos de más fuste. Y, hasta la aparición del fiel de fechos, sortear a los mozos que debían ir al ejército.
La figura del teniente de alcalde pedáneo surgió a finales del siglo XVII, sustituyendo al alcalde en el caso de que éste se viese imposibilitado de ejercer sus funciones por enfermedad o viaje. Además, ejercía la autoridad delegada del pedáneo en los lugares o caseríos de cierta entidad poblacional. Carecían de salario, excepto el que les pudiera asignar el alcalde, pero el cargo suponía un reconocimiento social. En algunas ocasiones los alcaldes y los tenientes alternaban sus cargos.
El cargo del fiel de fechos aparecerá en el siglo XVIII en las aldeas, con la misión de ejercer como una especie de escribano y contable, aunque también estaban encargados de custodiar a los vecinos que fuesen prendidos, hasta que las autoridades de Requena enviasen alguaciles para su traslado. Asimismo, debían reconocer cadáveres y hacer el sorteo de quintas del ejército. No cobraron remuneración alguna hasta las reformas administrativas de Carlos III en las que les fueron asignados 180 reales anuales.
Todos estos cargos tenían una duración anual y, en teoría, no podían repetir durante los tres años posteriores, hasta que se celebrase el juicio de residencia que auditaba su periodo de ejercicio. Pero la lectura de las actas nos depara como muchas veces se incumplía la norma y se repetían los nombramientos, a veces por la imposibilidad de obtener candidatos adecuados. El nombramiento lo efectuaba el Concejo de Requena en una sesión especial celebrada el 1 de enero de cada año. Un regidor proponía un nombre para el cargo; si todos los demás estaban de acuerdo, se le nombraba y se le tomaba juramento en días posteriores. Si no había consenso, cada regidor proponía un nombre y el que más votos sacase era el nombrado. El Corregidor no intervenía en el nombramiento, a no ser que hubiese empate a votos en sucesivas votaciones, teniendo en este caso poder decisorio. El cargo no podía ser rechazado, bajo pena de multa de 50 ducados, a no ser por enfermedad grave o vejez.
Conforme se fueron independizando las aldeas, ya en el siglo XIX, aparecen los alcaldes de barrio en lugares como Jaraguas, San Juan, Sardineros y Albosa, río Cabriel… que son el germen de las actuales aldeas de la comarca.
El documento del mes se retrotrae al acta de 1 de enero de 1724 en que el Ayuntamiento de Requena elige a los alcaldes pedáneos y encargados de los abastos de aceite, jabón, alcabala del viento, borra y almotazanía (pesos y medidas). Así pues, se nombró a los alcaldes y tenientes alcaldes de Venta del Moro, Caudete, Villargordo, Fuenterrobles y Camporrobles.
No obstante, el regidor perpetuo y decano don Alonso Carcajona y Londoño habló posteriormente, indicando los «grandes inconvenientes, disensiones y quimeras» que se producían entre los regidores en la elección del alcalde y mayordomo del pósito de Camporrobles. Por lo visto, en este caso, los potencialmente hábiles para servir estos oficios no lo querían hacer por lo gravoso que era y se excusaban y evadían valiéndose de sus «padrinos» en el Ayuntamiento de Requena que discutían por librarlos de la carga de la alcaldía y pósito. Así pues, Carcajona propuso y consiguió cambiar el sistema de elección, realizándose a sorteo entre diez personas propuestas «los más beneméritos» para Camporrobles y ocho para cada una del resto de aldeas, excepto Caudete que quedaba a voluntad de la Villa por sólo haber tres personas posibles. Además, se aprobó que en Camporrobles el que saliera de alcalde no se sorteara para mayordomo del pósito y viceversa.
Y efectivamente, los regidores pasaron a nombrar a los sorteables en cada aldea. Este sistema se volvió a repetir en 1725, pero no posteriormente.
Para saber más:
HORTELANO IRANZO, José Luis. “Los alcaldes pedáneos de Requena entre los siglos XVI y XIX”. Oleana, 2010, n. 25, p. 55-83.
HORTELANO IRANZO, José Luis. “Los alcaldes de Venta del Moro durante los siglos XVI y XVII”. El Lebrillo Cultural, n. 27, agosto 2010, p. 13-14.