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Cuaderno de Campo. La Naturaleza en la Meseta de Requena-Utiel

Javier Armero Iranzo   //   3 de marzo de 2020

Ermita y cumbre de El Remedio (Utiel)

La Sierra de Utiel, una de las unidades ambientales más importantes de la comarca tanto desde el punto de vista de su paisaje como de la biodiversidad que atesora. Su notable extensión y su considerable altura la convierten en un hito geográfico de primer orden también para el conjunto de tierras del interior valenciano. Una sugerente invitación para recorrerla y descubrir sus singularidades.

En realidad, lo que los lugareños conocen como Sierra de Utiel es el binomio de dos alineaciones montañosas del sistema Ibérico de clara dirección Noroeste-Sureste que arrancan desde prácticamente la localidad de Sinarcas hasta las inmediaciones de la pedanía requenense de Las Nogueras.

La más alta de ellas, y de disposición más septentrional, es la que los geógrafos denominan como Sierra del Negrete y cuyas mayores altitudes se alcanzan en el término municipal de Utiel. Sus vertientes de origen cretácico son coronadas por un sustrato jurásico que llega aflorar en la línea de cumbres de una manera característica. Hacia el sector norte apenas suponen unas lomas de suave pendiente que vierten hacia un valle del Turia que se adivina en la lejanía. Hacia su flanco suroccidental, sin embargo, la inclinación es mayor e incluso presenta zonas con ciertos escarpes rocosos.

Toda la cresta se encuentra prácticamente por encima de los 1.100 metros sobre el nivel del mar. De hecho son varios los montes que llegan a rebasar los 1.200 metros como el Cerro Tormillo (1.216), el Cerro Talayo (1.244), el Cerro Gordo (1.256), Marisancho (1.291), Negrete (1.292) o el Cerro Don Gil (1.243), siguiendo un orden de NO a SE, respectivamente. Pero incluso hay dos cumbres en las que se alcanzan los 1.300 metros; en concreto la Peña del Águila (1.304) y el Pico del Remedio (1.310) y que conforman el techo de la Meseta de Requena-Utiel, superando al Picarcho de Sinarcas que se queda unos pocos metros por debajo (1.301).

Extensos pinares de la Sierra de Utiel desde la Peña del Águila

Hacia el este la Sierra del Negrete desciende progresivamente en altitud. Aún así cuenta con elevaciones dignas de consideración, bien cercanas al Remedio como la Rampina (1.211) o el Cerro Rabosero (1.169), o ya más próximas a las aldeas requenenses de La Cañada y de Villar de Olmos como son los montes de Peralcoy (1.135) y la Pedriza (1.103), pertenecientes a la cuenca hidrológica del río Reatillo.

La otra línea montañosa que compone la sierra de Utiel tiene un trazado claro que se evidencia muy bien, precisamente, desde los puntos más altos del Negrete. Parte desde la carretera nacional N-330 en las mismas inmediaciones de la rambla de La Torre; denominación ésta que le viene por la aldea perteneciente al municipio de Utiel y que se sitúa junto al cauce. Cabe recordar que esta rambla acabará confluyendo con el río Madre, que baja de Caudete de las Fuentes, para formar el río Magro.

Pues bien, a partir de su margen occidental el monte va ganando rápidamente en altura hasta llegar a los 1.110 que tiene la Cabeza del Fraile, el punto más alto de la Peña de las Grajas. Aquí mismo, y en claro trazado sureste, va apareciendo una serie de cumbres que superan cómodamente los 1.000 metros sobre el nivel del mar y que llegarán a continuarse con la Juan Navarro al cruzar la rambla de Estenas.  Así aparecen cerros como el de la Calera (1.084), la Mazorra (1.086) o la curiosa formación de Las Cabezuelas, constituida por siete cimas seguidas de entre 1.014 y 1.045 metros de altura en apenas un cordal de tres kilómetros de longitud.

Entre ambas alineaciones montañosas aparece un valle. Al principio, en su zona más noroccidental, apenas supone una vaguada entre montes con alguna finca dispersa como Casas Royas, Casas de Iñíguez o incluso las Casas de Medina, convertida hoy en urbanización residencial. El vallejo, todavía estrecho y de marcado carácter forestal, se continúa siguiendo la rambla de La Chula, junto a Las Cabezuelas. Sin embargo, a la altura de la fuente de Los Mancebones, y más concretamente de la pedanía de Estenas, el valle se abre mucho más permitiendo un asentamiento humano en forma de caserío y una mayor superficie dedicada al cultivo de la vid y del almendro, principalmente. Por último, otro pequeño valle agrícola, el de Las Nogueras, separa las últimas estribaciones del Negrete al norte, con las de la Juan Navarro, al sur.

Bonita y completa excursión de montaña a uno de los rincones valencianos más bellos: la Sierra de Utiel. Bonita pero también valiosa por lo que contribuye al conjunto de la biodiversidad europea. Gran parte de su territorio, por los excelentes argumentos naturales que presenta, fue reconocido en 2017 con la declaración de Zona de Especial Conservación (ZEC). Cabe recordar que estos espacios los designa los estados miembros de la Unión Europea para integrarse, junto con las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), en la Red Natura 2000 por su interés medioambiental para la conservación de la diversidad biológica. Su finalidad es la de asegurar la supervivencia a largo plazo de las especies y los tipos de hábitats naturales en Europa, contribuyendo a detener la pérdida de biodiversidad.

Pinares de negral en las partes altas de la sierra de Utiel

Concretamente en el Decreto 116/2017 de 1 de septiembre del Consell Valencià aparece publicado oficialmente la declaración de la Zona de Especial Conservación de la Sierra del Negrete (ES5233009). Además en ese documento aparecen también publicadas las normas de gestión dirigidas a la conservación futura del propio espacio natural protegido y las medidas de necesarias para evitar el deterioro de los distintos hábitats que lo integran.

Aunque desde luego su declaración oficial fue una magnífica noticia, la ZEC no abarca todo el ámbito de la sierra de Utiel, ya que deja fuera el sector que se extiende desde la Cabeza del Fraile a las Casas de Medina e incluso algunas zonas de las solanas de Las Cabezuelas y de la Juan Navarro (sierra esta última que en gran parte también está incluida en el ámbito territorial de protección). A pesar de ello hay que reconocer que los municipios afectados por esta ZEC son muchos (Benagéber, Chelva, Chera, Chulilla, Domeño, Loriguilla, Requena, Siete Aguas, Sinarcas, Sot de Chera y Utiel), y que por tanto se extiende mucho más allá de lo que propiamente se considera Sierra del Negrete (especialmente en lo que hace referencia a los montes que se encuadran en la fosa tectónica de Chera).

El paisaje vegetal de la sierra de Utiel es ciertamente similar al que se presentó en el Cuaderno de Campo anterior dedicado a la sierra de Juan Navarro. Como en aquella, sobresale la presencia de buenos rodales de carrascal Quercus ilex situados, principalmente, en la umbría de la Sierra del Negrete. Pero además, cabe destacar una extensa superficie de pinar de pino negro Pinus nigra que recorre el cordal de cumbres a partir de 1.100, y sobre todo, de 1.200 metros de altura y que supone el mejor y más extenso de toda la comarca.

Muchos de estos pinos, sin duda, son producto de repoblaciones forestales efectuadas a lo largo del siglo XX. Aún así se sabe de la presencia de bosquetes de negrales que bien pudieran ser autóctonos en la sierra en base a las edades estimadas en algunos ejemplares que sugieren que debieron nacer, posiblemente de manera natural, hacia finales del XIX.

En cuanto a la fauna de la Sierra de Utiel, la lista de especies se dispara por varias razones principales: la amplia extensión del paraje, su buen estado de conservación general y la diversidad de hábitats que presenta. Hay que recordar, en este último sentido, que la diferencia altitudinal es amplia (desde poco más de 800 metros en La Torre de Utiel hasta los 1.300 de algunas cumbres), igualmente son muy dispares las características de la vegetación entre las distintas orientaciones de ladera. Por otro lado, la existencia de roquedos, ramblas y campos de cultivo, entre otros microambientes, acaban por aumentar la presencia de animales distintos en la sierra.

Sapo partero.

Desde luego que la descripción de la fauna de la sierra daría para mucho más que un artículo divulgativo de estas características. Aun así merece la pena comentar algunos animales que por unos motivos u otros son referencias importantes a nivel comarcal, o incluso provincial.

Empezando por los anfibios cabe decir que salvo el sapo de espuelas o el gallipato se presentan aquí todas las especies de la Meseta de Requena-Utiel, siendo especialmente comunes  aquellos más típicos de los medios forestales o de montaña como son el sapillo moteado o el sapo partero, por ejemplo. Incluso se conoce un paraje en el entorno de Las Nogueras y Villar de Olmos donde la Generalitat Valenciana hace unos años hizo una suelta de ejemplares juveniles de sapillo pintojo, especie en gravísimo peligro de extinción a nivel valenciano y de la que apenas se tiene información de su aclimatación aquí.

En cuanto a los reptiles la lista de especies es muy completa destacando el grupo de los ofidios, con presencia de hasta siete especies diferentes. Entre todos ellos aparece uno que sobresale por su soberbia estampa y que aún es relativamente frecuente en aquellos mosaicos forestales donde se combinan matorrales y pedrizas: la víbora hocicuda. Un privilegio viviente para estos montes.

Los mamíferos también están muy bien representados en la sierra de Utiel. La verdad es que un gran número de especies adscritas a diferentes grupos taxonómicos se pueden citar aquí, incluso algunas de las más raras a nivel comarcal. Así, por ejemplo, es destacable la existencia de un roedor endémico de la península Ibérica: el topillo de Cabrera. De hecho, parte de la zona oriental de la sierra se ha propuesto como Zona Importante para los Mamíferos (ZIM) por presentar poblaciones numerosas de este animal.

El topillo busca unos tipos de hábitats muy concretos como son aquellas vaguadas donde el nivel freático subterráneo no está muy lejos de la superficie y que permiten la existencia de juncales y herbazales más o menos húmedos. Un valioso animal que ha podido llegar hasta nuestros días. Sin embargo, el hecho de habitar unos paisajes muy sensibles a la acción del hombre en cuanto son susceptibles de ser pastoreados por el ganado o roturados en favor de una mayor superficie cultivada lo convierten en una especie continuamente amenazada.

La sierra también ofrece ambientes adecuados para que otros mamíferos de mayor tamaño lleguen a prosperar aquí. Así por ejemplo aparece una nutrida comunidad de ungulados forestales como son los jabalíes, los ciervos y los corzos. Éstos últimos son unos fascinantes y discretos animales que se mueven por las umbrías de pinar y carrascal. Su observación al natural constituye un merecido premio para el amante de la naturaleza que no duda en hacer esperas de varias horas al amanecer o al atardecer con la simple intención de verlos.

Hembra de corzo en la espesura del bosque. José Ventura.

El corzo, un pequeño cérvido propio de ambientes forestales. Animal elegante y bonito como pocos. Pero también necesario para el buen funcionamiento de las cadenas alimentarias del ecosistema. Y lo mismo pasa con esa cohorte de pequeños y medianos carnívoros que afortunadamente siguen distribuyéndose por aquellos parajes propicios de la montaña. Gatos monteses y zorros; ginetas y tejones; comadrejas y garduñas. Su presencia en estos montes es una buena señal de su estado de conservación; y esperemos que así lo sea por mucho tiempo.

Pero quizás de entre todos los grupos de animales sea el de las aves el que mayor volumen de taxones aporta a la biodiversidad de estas montañas. Realmente la sierra de Utiel es una maravilla desde el punto de vista de su ornitofauna. Tanto en época de reproducción como durante la invernada. Pero también durante las fechas típicas del paso migratorio, no hay paraje de la sierra que impida descubrir alguna de sus especies más interesantes.

Sin lugar a dudas estos montes conforman uno de los lugares más valiosos para las aves de toda la Comunitat Valenciana, especialmente en lo que se refiere a las especies más típicas de la montaña o bien de aquellas que presentan unos requerimientos forestales más acusados.

Recorrer la sierra en busca de sus aves más características no es tarea fácil, especialmente para aquellos profanos en la ornitología o para aquellos visitantes que no conocen bien el terreno. Se sugieren, pues, algunos itinerarios que facilitarán adentrarse en todo un mundo de sensaciones. Sensaciones que colocarán a las aves en el escalafón más visible de un compendio de diversidad animal que muchas veces queda demasiado oculto ante nuestros ojos. Veamos.

La aldea de Estenas podría ser un buen punto de partida. Una pequeña población junto a una rambla de escaso caudal, pero que ofrece un paisaje de lo más variado en su entorno inmediato. Pinares, choperas, zarzales, huertos, secanos y el propio caserío que hacen posible que muchas especies de pájaros tanto de monte como de ambientes más agrarios habiten la zona. Abubillas, abejarucos, torcecuellos, golondrinas comunes, ruiseñores, zarceros comunes, currucas capirotadas, escribanos soteños o gorriones molineros a la cabeza de una miríada de bonitos pájaros en época de cría.

Zorzal real, ave invernante en la Sierra de Utiel. José Ventura

En paso migratorio las citas se multiplican al recalar allí aves propias de la Europa central como el bisbita arbóreo, el colirrojo real, la tarabilla norteña, la curruca mosquitera, la curruca zarcera o el mosquitero musical, entre otros. Pero son otros los que interesan al naturalista ahora, todavía a finales del invierno: pinzones reales, escribanos cerillos, lúganos, o incluso los raros zorzales reales se llegan a descubrir en sus campos cercanos. Un inicio de ruta realmente espectacular.

Otra parada de interés, y más en la época del año en que nos encontramos, se podría hacer en la misma ermita del Remedio y en sus alrededores. El visitante no solamente disfrutará de un magnífico ejemplo de arquitectura religiosa único en el ámbito de Requena-Utiel sino también de unas aves muy interesantes.

En la arboleda caducifolia compuesta principalmente por almeces y olmos aparecen durante la invernada aves poco habituales en otros montes valencianos. Picogordos, mirlos capiblancos y zorzales alirrojos, por ejemplo, acuden a comer las almezas y también los botones florales y las yemas de otros árboles y arbustos que crecen por allí. En verano, sin embargo, son otras las especies las que colman la satisfacción del naturalista que huye del calor excesivo de la meseta agraria. Aquí, a 1.100 metros de altura y a la sombra de este arbolado, se han llegado a citar un extenso grupo de aves nidificantes, algunas tan raras en Valencia en esa época como el mosquitero común. Además, criaturas tan llamativas como las oropéndolas, los pitos reales, los picos picapinos o los arrendajos ponen una nota de vivacidad en los pinares y la incipiente rambla que parte de allí.

Y si seguimos ascendiendo en altura podremos emprender un paseo realmente valioso, pero ya no sólo por sus aves más características sino también por las espectaculares vistas que se llegan a alcanzar desde allí. La propuesta consiste en coronar la sierra por su parte parte de umbría siguiendo la pista que sale de la carretera del Remedio a Villar de Tejas. Haciendo continuas paradas en el pinar-carrascal aledaño al camino, el naturalista tendrá oportunidad de toparse con muchos tipos de pájaros forestales entretenidos en la búsqueda de alimento entre el estrato arbóreo.

Reyezuelo sencillo en la umbría del Negrete.

Así en estas fechas cabe destacar todavía los numerosos bandos mixtos de herrerillos capuchinos, carboneros garrapinos, carboneros comunes, mitos, agateadores comunes, reyezuelos listados e incluso reyezuelos sencillos, pájaros estos últimos ciertamente habituales por aquí a diferencia de lo que pasa en otras montañas valencianas.

Los piquituertos son fáciles de descubrir tanto por sus bellos y potentes cantos como por sus robustas siluetas bien visibles en lo más alto de los pinos. E incluso, pero esto es ya más raro, se pueden llegar a ver otros fringílidos propios de otras localidades situadas a mayor altitud del Sistema Ibérico o incluso de los Pirineos y que ahora en invierno llegan a aparecer en estas montañas: los verderones serranos.

Ni éstos últimos ni los reyezuelos sencillos estarán por aquí en primavera. Son otros los pájaros los que ocupan entonces el arbolado. Sería el caso, sobretodo, del mosquitero papialbo, ciertamente abundante en esta zona. Además cabe destacar otra especie muy común, aunque de presencia continua durante todo el año: el herrerillo común. Seguramente alcance aquí, en estas umbrías repletas de carrascas, sus mayores densidades de toda la comarca.

Y ya en la cumbre, complementando el premio de una panorámica espectacular, se pueden ver con cierta facilidad dos especies del mayor interés ornitológico provincial por la distribución tan localizada que presentan sus poblaciones: el acentor alpino en otoño e invierno, y el roquero rojo durante la primavera y el verano. Un regalo a la constancia y al interés del ornitólogo aficionado; y una referencia natural dotada de elegantes diseños y coloridos a disposición del excursionista acostumbrado a subir a las cumbres.

No es raro ver volar por aquí algunos aviones roqueros. Crían en los cantiles de la zona, pero también, y eso es una noticia ornitológica ciertamente curiosa, en la misma ermita del Remedio, situada unos cientos de metros más abajo. No es nada habitual que esta especie llegue a utilizar las construcciones humanas para emplazar sus nidos. De hecho apenas se conoce algún ejemplo en la provincia de Valencia. A pesar de ello, y lamentablemente, en una reciente vista al santuario pude comprobar como los cinco nidos que se situaban allí en los últimos años habían sido

Avión roquero. José Ventura

destruidos por alguna persona, quizás con la intención de salvaguardar la porchada donde estaban de la suciedad de sus deyecciones. La verdad es que el problema se hubiera solucionado fácilmente colocando debajo de ellos una bandeja tal y como se viene haciendo en cada vez más edificios urbanos para los aviones comunes, cuya tipología de nido es muy similar.

Termina la ruta en otra parte de la sierra. En este caso en la Peña de las Grajas. Un breve paseo por la pista que recorre las zonas altas nos facilitará descubrir, especialmente en primavera y verano, a las mayores y probablemente más valiosas aves forestales: las rapaces. No son pocas las especies que crían aquí y sus números, además, son de los más altos de todo el ámbito valenciano.

Con cierta facilidad se llegan a detectar culebreras europeas, águilas calzadas, ratoneros, azores y gavilanes. Incluso también aparece por aquí la enorme silueta del águila real surcando el cielo.

Por si fuera poco. Esta línea de cumbres, en su sector más occidental, se convierte en una magnífica atalaya para descubrir el paso migratorio de un elevado número de rapaces más, en especial hacia finales del verano y principios del otoño. Cuando enfilan hacia el sur en dirección al continente africano. Destacan entonces en el cielo los buenos bandos de milano negro, y sobre todo de abejero europeo, entre otras especies.

Una vez la noche se nos ha echado encima otras criaturas, desapercibidas hasta entonces, emergen entre las tinieblas. Extraños reclamos como los de los chotacabras cuellirrojos y europeos, o potentes ululares como los del bonito cárabo o los del gran búho real anuncian a la noche que esos montes tienen dueño.

. Culebrera europea. José Ventura

Aves y más aves. Un verdadero lujo natural.

La sierra de Utiel, una Zona de Especial Importancia para las Aves. Para todos. Para el sentido común… menos para la Administración Valenciana.

Hace unos años, concretamente el 9 de junio de 2009, se publicó en el Diario Oficial de la Comunitat Valenciana el Acuerdo del Consell, del 5 de junio, por el que se amplía la Red de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la Comunitat Valenciana. Se trataba de un documento que esperaba yo con mucho interés desde hacía años ya que estaba convencido del reconocimiento como tal de esta sierra utielana. Y qué decepción más absoluta cuando se publicó formalmente la decisión tomada.

Se declaraba la ZEPA del Alto Turia y de la sierra del Negrete. Pero enseguida comprobé lo que parecía una broma de mal gusto. Esa ZEPA, y con esa denominación, excluía la totalidad de la sierra del Negrete. La ZEPA de la sierra del Negrete no protegía la sierra del Negrete. Sí; lo que están leyendo. Ni un metro cuadrado.

Una tomadura de pelo. Incomprensible. Intolerable. Un grave error que tras 10 años todavía se mantiene. ¿La razón? La designación como zona número 9 del Plan Eólico Valenciano y el propósito de instalar allí filas y filas de enormes aerogeneradores. “Si en la Sierra del Negrete había intereses en que se instalaran aerogeneradores pues decidamos no declararlo como ZEPA; así ya no hay problema.”

Primaron entonces otros intereses que los propiamente ambientales en aquella absurda declaración de ZEPA. Hay que recordar que las zonas designadas como potenciales para acoger estas infraestructuras eléctricas no han de situarse dentro de los límites de las ZEPA.

Y años después esa amenaza todavía se mantiene latente, incluso con más fuerza que nunca, una vez que ha pasado lo más duro de la crisis económica que llegó a aparcar temporalmente ese proyecto.

Desgraciadamente, todo apunta a que se llegue a ejecutar en breve. Si eso fuera así nos abocaríamos a un desastre medioambiental de proporciones tremendas. Se perdería la Sierra de Utiel para siempre por un modelo de desarrollo que desde luego no tiene nada de sostenible.

Sería una catástrofe ambiental ireversible llenar de aerogeneradores las cumbres de la sierra de Utiel

No se puede consentir que hileras de aerogeneradores de 70 metros de altura revienten nuestras montañas. Pistas y carreteras de acceso. Ruidos y pérdida de tranquilidad. Desaparición  de hábitats singulares y de territorios para las aves. Paisanos y visitantes que verán destrozados los únicos paisajes naturales que quedan ya en un aceptable estado de conservación: las montañas.

El valor ambiental y paisajístico de la sierra es indiscutible y su preservación está en serio riesgo para nuestras generaciones futuras. Es necesario que la sociedad reclame lo mejor para sus intereses. Y que lo haga con racionalidad, defendiendo un legado que no les pertenece en exclusiva sino que también es propio de los que aún están por venir.

Los beneficios que puede reportar la instalación de un parque eólico en la sierra de Utiel para el conjunto de los vecinos del municipio no pueden supeditarse al deterioro ambiental del magnífico patrimonio que aún poseen. Y eso la sociedad civil, y con sus representantes públicos a la cabeza, debe tenerlo presente. Por ello mismo, y desde estas líneas, se solicita la mayor responsabilidad posible de cara a proteger esta magnífica sierra, orgullo de toda una comarca entera.

Ojalá que estas líneas sirvan para valorar un poco más lo que tenemos. Ojalá que nuestros hijos puedan disfrutar de estas montañas tanto como lo hemos hecho nosotros.

Sierra del Negrete, un espacio natural seriamente amenazado.

La Sierra de Utiel, un orgullo para todos. Una responsabilidad de todos.

JAVIER ARMERO IRANZO

Dedicados a todos ellos que son capaces de emocionarse al ver las montañas; al sentir la naturaleza.

Agradezco a José Ventura y a Iván Moya la generosa cesión de sus fotografías.

 

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