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Requena, 13 enero 2017

LA BITÁCORA DE BRAUDEL/JCPG

¡Qué piernas las de Marlene Dietricht! Luce genial en Vencedores o Vencidos, la peli de Kramer, en la que comparte cartel con Spencer Tracy, Burt Lancaster y Monty Clift. Puede que hayan pasado los años por estas películas, pero la capacidad didáctica del film para analizar la situación de la postguerra con los juicios de Nuremberg no puede ser igualada hoy. La he puesto en una clase sobre los desastres genocidas del siglo XX. Durante dos meses analizares genocidios, tiempos, móviles y maldades para realizar finalmente una exposición que luzca las dos caras del ser humano.


Hemos empezado por el final, por una película que traza las cuestiones vitales de los juicios de Nuremberg: si es posible una justicia universal, que alcance a todos los rincones del mundo; si la culpabilidad del genocidio judío fue de unos pocos jerifaltes o de todo el pueblo alemán; si políticas como las de la esterilización fueron o no justas, etc.

El papel de Spencer Tracy, el juez de distrito norteamericano asignado a este proceso, es inamenso. Cualquiera que vea la película podrá comprobar que unos segundos de la mirada del actor valen por minutos de monólogos y actuaciones. Y el personaje de Marlene, atormentado por la ejecución de su marido, es conmovedor cuando confiesa que sólo pedía una muerte honorable, a lo militar, ante un pelotón de fusilamiento, de su esposo y general.
Se han roto muchos cauces. Los viejos sistemas educativos globales han quebrado. Los jóvenes estudiantes de hoy contemplan este cine de calidad con enorme distanciamiento, incluso espatarrados en sus pupitres comiendo clicle. Hasta las chicas sonríen cuando los planos de la cámara muestran a Marlene, ese ser al que jamás igualarán en inteligencia y, menos todavía, en la calidad de las piernas. Pero, claro, qué sabrán ellas de la protagonista de El Ángel Azul.

La sociedad no ha hecho su tarea. La tribu no ha educado, no ha hecho lo que le correspondía: proporcionar, a través de la televisión, una cierta educación cinematográfica. Corren tiempos duros para los profesores. Aunque parezca propio de funcionarios establecidos y llorones, no lo tenemos fácil ante un auditorio irreverente y con cierto tono de mala educación; pero mala educación de la de todos los días, de esa que lleva a muchos a no dejar pasar a una persona mayor o pasar a toda velocidad, rozándolo, a un anciano que anda tambaleante. Esa mala educación mamada durante largo tiempo y nunca enderezada. La misma mala educación que convierte a un chaval de 100 kilos en un mueble que no sabe más que consultar Instagram o Facebook. ¿Qué ocurrirá con ese trozo de carne el día de mañana si no conoce siquiera a Marlene?
En Los Ruices, a 12 de enero de 2017.

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