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EL OBSERVATORIO DEL TEJO / JULIÁN SÁNCHEZ

Cuando escucho ciertos comentarios efectuados a los distintos medios de comunicación por diferentes próceres políticos actuales, no me dejan de causar asombro habida cuenta de lo rebuscado de los “soniquetes” más propios de una mentalidad pululante en las postrimerías del siglo XIX, que de unos dirigentes que pretendan una proyección directamente proporcional a los requerimientos del actual siglo de la tecnología.

Contabilizamos ya ocho meses sin gobierno, dos procesos electorales y otro próximo a la vista, y todavía estamos escuchando la diatriba de postureos a la antigua entre complejos de izquierdas y derechas, similares a los que nos cuenta Manuel Azaña en sus consabidas memorias. Escuchándoles aparenta que España no se ha movido del ajetreado 1936.

Nadie aparenta querer entenderse, pese a que el mandato ciudadano es primordialmente el entendimiento y la obligatoriedad del pacto, pero, que si quieres. Para esta gente lo único que aparenta importar es el puesto, la colocación lo más céntrica y visual en el Parlamento y salvaguardar sus propios prejuicios, el qué dirá el contrario y que la apariencia pretendida quede siempre al amparo. Todo ello es lo auténticamente importante para esta gente, que quede muy claro quién es de izquierdas y quien, de derechas, todo lo demás pasa al plano de lo secundario.

Los próximos a Pedro Sánchez, en lugar de intentar propiciar la consolidación de una política de progreso y regeneración democrática a la danesa, incitan al Partido Popular a negociar con separatistas de derechas, como sin importarles lo más mínimo las consecuencias de esta circunstancia, que la política social se endurezca y los recursos destinados a la mejora en general del estado de bienestar se designen a sofocar los ánimos separatistas mediante la absorción de sus reivindicaciones en el pozo sin fondo de su pretensión.

Exhortación baldía, habida cuenta que los catalanes ya demuestran no tener bastante con la luna y pretenden todo el firmamento, como consecuencia de que en la Cataluña actual no pintan nada las ideologías ante la mayor que es su más absoluta y radical reivindicación; la total desconexión del estado español.

Tampoco los vascos aparentan ser muy receptivos a la propuesta de Sánchez, simplemente porque su actual inmersión en un proceso electoral bastante peliagudo y con aberzales y populistas a dentelladas contra el poder de lo que ellos denominan burguesía manifest les hace andar con pies de plomo. No resulta extraño por ello el pronunciamiento del portavoz del grupo vasco en el Congreso de los Diputados Aitor Esteban quien ha devuelto la propuesta al PSOE como si se tratase de un auténtico boomerang australiano bajo la manifestación : «Parece que estamos en el foco, más que nada, porque al PSOE le apetece que estemos en el foco». Añadiendo a continuación en relación a los socialistas: «parece mentira que un partido de los que se supone que son el sustento del Estado, los grandes patriotas, los que han construido este país, se ponga de perfil y a aquellos a los que a ratos nos califican de peligrosos separatistas nos quieran echar encima la responsabilidad o no de que haya gobierno. Esta circunstancia no parece tener el menor sentido».

Lo cierto viene a ser que, llevamos ocho meses sin solución de continuidad en la paralización y los problemas parecen ser los mismos que acuciaban a nuestra nación en los años treinta. En la actualidad todavía las derechas siguen en el “Cara al sol” y las izquierdas “A las barricadas”, sin que nadie aparente tener en cuenta que la sociedad continental ha cambiado de raíz. Pese a que aún son la mayoría bastante jóvenes, están tan anticuados en las percepciones políticas actuales, que todavía no se han enterado de que la entelequia confrontación izquierdas-derechas deviene ya como concepto superado, y que, en consecuencia, la actual percepción pulula sobre la pervivencia consolidativa entre los antagonismos sistema-constitución vs caos-populismo, con todas sus confluencias y derivaciones. En consecuencia, y citando a Alfonso Guerra, o se está en un bando, o se está en el otro, en los dos a un tiempo es imposible.

Tenemos gravísimos problemas de corrupción, déficit, endeudamiento, pensiones, reestructuración administrativa, educación, sanidad, empleo, justicia y régimen electoral, pero aquí lo que parecen importar vienen a ser las apariencias posturistas. Si eres de derechas has de serlo más que D. Pelayo. Si por el contrario eres de izquierdas has de serlo más que el Lenin del 17, todo lo demás nimiedades, y mantener la propia postura es para ellos lo que debe primar, el diálogo y la negociación con el competidor, ni considerarla, y si para ello hay que preconizar que el nuevo gobierno salga procedente una amalgama de derechas irreconciliables que deje en mantillas a la propia CEDA, pues se preconiza, porque lo importante no es establecer las políticas que España necesita es estos momentos, lo único significativo debe consistir en que los postureos sigan firmes y demostrar que en lo propio se es más macho que nadie. Pero, eso sí, cobrando todos los meses y una sustanciosa cantidad, funcione el país, o no funcione.

España necesita urgentemente un gobierno. Necesitamos adecuar nuestro sistema fiscal, pero a la europea, no a la mentalidad asistencialista y demagógica que nuestros políticos elucubran, sino a la necesidad de disponer el régimen impositivo entendiendo la actual estructura empresarial y financiera del país, poniendo énfasis en lo que es hoy en este sentido nuestro sistema de cara a Europa, no lo que apuntan los politólogos partidistas.

Nuestro régimen educativo es un auténtico desbarajuste. Actualmente España viene destinando una cantidad próxima a los 9.600 dólares de gasto público al año por alumno, que supone un 15% más que la media de la OCDE y de la propia Unión Europea en todos los niveles educativos. En cambio, en el ranking de la OCDE, nuestros alumnos ocupan el lugar 27º, por lo que el resultado global del rendimiento académico sigue situado muy por debajo del promedio de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencias.

En materia laboral, es preciso y muy urgente el reducir la dualidad contractual y su incidencia en la temporalidad y precariedad en el mercado laboral, pero para ello será más que necesario, entre otras medidas de carácter impositivo, reducir el complicado entramado burocrático existente en nuestro actual sistema que preconiza la creación de empresas.

La semana anterior ya comentamos el actual estado de quiebra técnica en el que se encuentra nuestro sistema de pensiones, sin que se encuentre otra solución que la de esquilmar su ya escuálido fondo de reserva.

Nada de esto parece importar más a nuestros próceres que su propio postureo, sus apariencias y sus circunstancias. El boom del ladrillo les hizo creer que el dinero brotaba de entre las propias piedras y la crisis les ha dejado en evidencia mostrando el parecido de sus comportamientos. Da lo mismo su ideología o fundamento, al menor descuido ya están en los papeles, sean de derechas, de izquierdas, separatistas o populistas, todas las particularidades vienen estando en el objetivo de la más estricta investigación.

No sé si en las virtudes existen parecidos entre ellos, porque la verdad se les conocen pocas, pero lo que viene a ser en los defectos, calcados como en papel cebolla. Desprecian la ley, huyen de los pactos y las alianzas que ellos denominan “contranatura”, critican en los demás lo que tienen ellos mismos en el armario, y patentizan en todo momento el enfoque individualista y partidista de todos los problemas que acucian a la sociedad en general, actitud que les retrotrae a los momentos más lamentables y tenebrosos de nuestra historia.

Si ofreciésemos otra imagen, España podría atraer muchísimo más capital e inversión a medio y largo plazo que multiplicase significativamente el empleo y mejorase nuestro nivel de vida, pero para ello se deben ofrecer garantías de respeto y salvaguarda al concepto de seguridad inversora, no tratar como ahora viene sucediendo al inversor como alguien que llega siempre con intención de aprovecharse, habida cuenta que esta actitud es la forma más directa de arruinar las propias perspectivas.

Pero nada, seguiremos igual, con la demagogia de la oferta del asistencialismo parasitario y trasnochado, el vender el producto antes que enseñar a fabricarlo, todo ello en lugar de fomentar acuerdos y perspectivas enriquecedoras que dignifiquen nuestro panorama social, seguir en los postureos y en el yo soy diferente a ti. Irá pasando el tiempo hasta desembocar en unas terceras elecciones que sigan bloqueando necesidades y expectativas del país, simplemente para que, tras los nuevos comicios volver a la demagogia, el postureo, la apariencia, la incompetencia, la inactividad y el callejón sin salida, pero eso sí, ellos seguirán cobrando todos los meses la sustanciosa cantidad estipulada y su única función seguirá siendo hablarnos de las diferencias entre izquierdas y derechas, si el gato es blanco o si es negro, funcione el país, o no funcione. Lo dicho, la España de los años 30, nada nuevo en el frente, no evolucionamos.

Julián Sánchez

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