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LA BITÁCORA DE BRAUDEL / [JCPG]
La exposición de España al yihadismo terrorista, sangriento, es de 7 entre 10. Palabra de ministro el otro día en el programa de Évole. El fantasma del terror yihadista recorre Europa. Ha llegado a la Dinamarca de la paz, la voz pausada y el sosiego. Al menos estos son adjetivos que suelen describir lo que en otro tiempo eran las sociedades nórdicas, modelos en las que muchos querían mirarse. El paraíso danés, violado. De terrorismo, y de diferente cariz, sabemos en España un rato. Pero siempre es lo mismo.

Por una parte, para algunos, la sangre derramada evidencia que las víctimas no son tan inocentes como creen. Así, de acuerdo con este razonamiento, Francia, que ha acogido a una colonia musulmana enorme, no ha sabido tratarlos y han realizado una inclusión muy imperfecta de estas comunidades. ¿Qué decir de los daneses? Tanto bombo con la sociedad nórdica, igualitaria y altamente desarrollada, pero, en el fondo, no serían tan abiertos como nos hacen creer.

Existe una creencia ingenua que resulta al final escandalosa y apestosa. ¡Lanzar la sospecha sobre la sangre de inocentes! Se dedican a situar la excelencia fuera de lo nuestro, al margen de nuestro sistema de convivencia. Los yihadistas-terroristas sí que saben qué es lo que quieren: acabar con el sistema de libertades e imponer leyes anacrónicas e injustas; por eso actúan matando gente. ¿No han gozado de la libertad en Francia, en Dinamarca y en toda Europa? Nos tiene que entrar en la cabeza que el sistema democrático, fuerte o frágil –esto lo determinarán seguramente las circunstancias históricas de cada instante- está siempre amenazado.

Lo que es inconcebible es acusar a la democracia de no asumir la diversidad o de no ser capaz de aceptar a ciertos grupos cuyas prácticas culturales son diferentes a las de otros. Es evidente que cada grupo humano realiza distintas lecturas de la realidad y la vida cotidiana, es decir, cuenta con perfiles distintos en su concepción del mundo.

Nuestros valores están siendo puestos en duda cuando cierta prensa habla de fracaso de la inclusión. El tema de Charlie Hebdo nos ha puesto ante nuestras narices una realidad: la incomprensión del radicalismo. Millones de personas han salido a la calle para protestar contra los asesinatos de 12 personas en la revista francesa; también en defensa de la libertad de expresión, que el radicalismo yihadista quiere ahogar en sangre. Muchos musulmanes también han salido a la calle a protestar contra las caricaturas de Mahoma, pero también contra algunos sectores occidentales que repudian y denigran unas creencias religiosas que corresponden a una de las religiones monoteístas más importantes del mundo.

Para algunos musulmanes no existe una división tajante entre religión, política, sociedad y prácticas culturales; en algunos casos, más aún, la religión rige todo lo demás y lo que les da identidad como individuos dentro de una colectividad.

El problema no son las caricaturas. El caricaturista ha sido siempre un venerable personaje de las redacciones que ha conseguido diseccionar el alma de cada sociedad, de cada acontecimiento. Piénsese en el caricaturismo inglés del XIX, las caricaturas españolas de la misma centuria, nuestro Bagaria o los actuales caricaturistas de nuestra prensa. En su mayoría, los mensajes emitidos por estas imágenes son claros y aprehensibles para diversos públicos.  El problema es que las caricaturas de la revista francesa tiene una carga racista de gran peso.

Miles de franceses manifestaron contra los ataques terroristas a ‘Charlie Hebdo’ en el Palacio Real en Nantes. / Fuente:  AFP-GEORGES GOBET

El problema con las caricaturas de Charlie Hebdo es la carga racista que poseen, lo que legitima un discurso político antiinmigrantes y, particularmente, contra de los musulmanes, cayendo en la ridiculización y en lo grotesco. Como consecuencia, la imagen que se proyecta del musulmán es cada vez más lejana a nosotros, menos comprensible y por consiguiente, blanco fácil de una serie de prejuicios.

Estamos asistiendo a la extensión de un fantasma peligrosísimo: la intolerancia y la radicalización islámica y occidental. Desde luego, no se puede negar el principio sacrosanto de la libertad. Pero ¿se es más libre cuanto más se humilla y se ridiculiza el Islam?

De manera colateral, crece, al parecer el antisemitismo. Y no sólo en Francia. El antisemitismo actual europeo puede que esté más bien generado por el antisionismo europeo que finalmente se vuelve contra todo lo que huele a judaísmo. Indudablemente una parte de los inmigrantes musulmanes establecidos en Europa manifiestan este antisionismo y, en consecuencia, estimulan un antisemitismo viejo, pero dormido que subsiste en las catacumbas de la “civilizada” Europa. Ha ocurrido incluso –otra vez- en el paradisíaco ambiente nórdico: en la ciudad sueca de Malmö. El ataque a los templos es lo más inmediato, porque son el símbolo de una cultura.

Manifestaciones en Pakistán contra las caricaturas de Charlie Hebdo./ Fuente: Televisa.

Mientras tanto, cada uno arrimando el ascua a su sardina. Netanyahu, el primer ministro israelí, que se enfrenta a unas elecciones pronto con su partido de derechas, el Likud, trata de capitalizar los focos antisemitas europeos y llama a todos los judíos a regresar a su patria de Israel. No sé si sirve de mucho que el primer ministro francés, para atajar el reguero de noticias de ataques antisemitas en Francia, diga que la patria de los judíos franceses es Francia.  Si masivamente los judíos comienzan su éxodo hacia Israel,  podremos seguir indignándonos con el genocidio nazi o la expulsión de 1492 y sintiéndonos muy bien. De los cristianos egipcios degollados el otro día por los asesinos del autodenominado estado islámico nadie habla; normal, porque oiga, recordemos las cruzadas, el expolio occidental a las riquezas naturales del Próximo Oriente, las relaciones inmejorables de nuestros gobiernos con regímenes dictatoriales, etc. Me pregunto si como individuos seguiremos aceptando y sustentando las lecturas que unos cuantos hacen de la realidad, si insistiremos en ver al musulmán, o al judío a partir de lo que somos, o si seremos capaces de verlo de manera más crítica y serena para entender en su contexto a otras culturas, pero enorgulleciéndonos de que, al menos, aquí respetamos otros modos de vida.
En Los Ruices, a 17 de febrero de 2015.

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