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«Cuaderno de campo. La naturaleza en Requena-Utiel» / Javier Armero

Requena (14/01/15)
En esta semana de mediados del mes de diciembre quería hablar de una de las aves más majestuosas de las que viven en nuestros montes: el búho real. Sin lugar a dudas, su gran tamaño, su característica silueta compacta y el peculiar diseño de su cabeza rematada con dos penachos de plumas muy evidentes, hacen del búho real un animal inconfundible.

¿Y por qué escribir ahora sobre esta rapaz nocturna? La respuesta es fácil; no hay más que salir al monte al anochecer, buscar un buen cantil rocoso, y esperar a que se ponga el sol. El ulular de una gran ave, encelada por su acusado comportamiento territorial en estas fechas, nos saca de dudas. Ahora, con los primeros fríos de la temporada, los búhos reales se hallan inmersos en un fascinante marcaje sonoro de sus dominios vitales y, especialmente, de sus áreas de cría. Los búhos reales han entrado en celo.

Los desfiladeros fluviales y los solitarios y silenciosos barrancos de tantos y tantos parajes de la comarca de Requena-Utiel, cobran vida. El búho real, invisible hasta ahora, anuncia con estrépito su presencia en estos apartados y remotos lugares. Un verdadero espectáculo de sonido y vivacidad colma la emoción del naturalista que, bien abrigado y con una buena dosis de paciencia, acude a estos predios dispuesto a empaparse de la sobria y, a la vez bella, puesta de sol de otro día otoñal que ya va poniendo fin.

Uhh-uhhh-uhhh, uhh-uhhh-uhhh retumba en las vallejadas. ¡Qué momento más espectacular! El búho real macho, está cantando. Al poco, en una peña cercana le contesta la hembra. Con una emisión algo más aguda y con menos empeño, la hembra entra en  juego. Así pasarán los días, o mejor dicho las noches hasta que la hembra se disponga a depositar los huevos en alguna covacha o repisa de alguno de los cintos rocosos tan abundantes en nuestros montes, cosa que suele ocurrir en los meses de enero o febrero. Para entonces, los reclamos sonoros dejan de ser tan frecuentes y la especie vuelve a pasar desapercibida; muy a menudo invisible para los habitantes de la montaña e incluso para el ser humano que la visita.

El búho real (Bubo bubo) es la más grande de las rapaces nocturnas de la comarca. Aquí se encuentran otras especies, pero todas de dimensiones más modestas: el búho chico (Asio otus), de formas y colores muy similares al del búho real pero mucho más pequeño; el cárabo (Strix aluco), quizás la rapaz nocturna forestal más habitual en la comarca;  la lechuza común (Tyto alba), bella, blanca y en grave peligro de desaparición en los medios agrícolas y periurbanos donde habita; el búho campestre (Asio flammeus), ave de presencia exclusivamente invernal y escasamente citada en la demarcación;  el mochuelo europeo (Athene noctua), de pequeño tamaño y habitante de linderos, olivares y  mosaicos agroforestales donde haya una cierta disponibilidad de oquedades que necesita para nidificar; y el autillo (Otus scops), el más diminuto de los búhos ibéricos y frecuente en los sotos fluviales y otras arboledas de campos y montes no muy cerrados.

En Requena-Utiel, hace ya algún año, la delegación comarcal de la Societat Valenciana d’Ornitologia realizó un exhaustivo censo de territorios de cría ocupados por el búho real. Se llevó a cabo en distintas temporadas ante la imposibilidad de poder recorrer en una sola la gran cantidad de lugares susceptibles de ser ocupados por esta especie a lo largo y ancho de esta enorme comarca, que cuenta con cerca de 1700 km2. Se muestrearon principalmente los tajos fluviales, llenos de escarpes rocosos de cierta entidad y por los que esta gran rapaz siente predilección para criar y ocultarse. Así, se fueron revisando en época de celo, como ahora, los cursos fluviales del Magro y del Cabriel, y los del Reatillo y del Regajo. Pero también los numerosos barrancos y cárcavas, e incluso canteras abandonadas, en busca de las emisiones sonoras de esta rapaz. La experiencia vivida bien mereció la pena, a pesar del frío que se pasa en esas esperas y las incomodidades lógicas que llevan consigo el moverse por quebradas y vericuetos de complicados accesos.

Los resultados obtenidos fueron mejores de los que en un principio se pensaba. Se creía que el búho real era una especie más bien rara y escasamente distribuida en el ámbito comarcal, a tenor de las escasas observaciones directas o referencias de terceras personas que se tenían previamente. Pero a raíz del trabajo de campo desarrollado por la SVO se confirmó que, aunque no es un ave abundante (por su lógica posición de superpredador en la pirámide alimentaria local), sí que, sin embargo, era frecuente y bien repartida por los principales ambientes rupícolas de la contornada. Se pudieron detectar nada menos que entre 44 y 50  parejas en los distintos términos municipales de la comarca.

Hay que recordar que el búho real presenta dos condicionantes a la hora de establecerse en un territorio. Por un lado, y como ya se ha dicho, busca paisajes de montaña, con abundantes cantiles y roquedos donde guarecerse y ubicar sus nidos. Y por otro, necesita de una mínima disponibilidad alimentaria con la que poder sacar adelante a su pollada. El conejo (Oryctolagus cuniculus), tradicionalmente y a lo largo de su historia evolutiva, ha sido su recurso trófico básico; en este sentido, la creciente población de conejos en las áreas agrícolas del centro y oeste de la comarca posibilitan un aporte proteico de primer orden para esta gran rapaz. Sin embargo, en otras zonas donde este lagomorfo no es tan abundante, los búhos reales diversifican su dieta y consumen entonces otras especies de diferentes taxones: ratas, córvidos, patos y otras aves medianas, erizos, etc.

Hay que hacer constar, en este sentido el papel que tiene el búho real de controlador de las poblaciones de ratas en los paisajes agrarios a donde acude a alimentarse con frecuencia desde las sierras cercanas. Tanto la rata negra (Rattus rattus), muy campestre, como la rata parda (Rattus norvegicus), mucho más urbana, son especies alóctonas en la Península Ibérica ya que fueron traídas aquí por los seres humanos en distintos períodos de su historia; en el Neolítico para el primer caso y durante el siglo XIX para el segundo.

A pesar de su aparente buen estado numérico en Requena-Utiel, los búhos reales presentan aquí distintos problemas de conservación que pueden afectar a su dinámica poblacional en el futuro. He podido aportar aquí un listado de ejemplares de búho real que han sido llevados por diversos motivos al Centro de Recuperación de Fauna de El Saler, dependiente de la Generalitat Valenciana, y que fueron encontrados en montes y campos de los dos municipios más poblados de la comarca, Requena y Utiel, en un intervalo de 10 años aproximadamente (enero de 2001 a mayo de 2011). En él se detallan las distintas causas por las que fueron atendidos y que reflejan muy bien las diferentes problemáticas que los amenazan, y que en su mayoría tienen origen humano.

De un total de 27 individuos registrados (14 en Requena y 13 en Utiel), la casuística se distribuye así: electrocución (7), traumatismo por tendido eléctrico (3), disparo (5), golpe indeterminado (3), atropello (2), desnutrición (2), otras causas (1) y causas indeterminadas (4).

Este listado es orientativo en lo que se refiere a los factores que afectan directamente la mortalidad de este majestuoso animal, pero sin duda se queda corto en relación al número real de bajas que debieron producirse en el intervalo de años considerado, pues aquí sólo aparecen aquellos búhos que fueron encontrados en el medio natural y llevados al citado centro de recuperación, y no aquellos que, seguramente, causaron bajas por estos mismos motivos y que no pudieron ser localizados. Sin duda, esto es una punta de iceberg que nos debe hacer reflexionar sobre el verdadero impacto del ser humano con esta especie en nuestro entorno.

Estos pensamientos me venían a la cabeza mientras realizaba esperas en las noches frías de diciembre enriscado en lo alto de un cantil con el objetivo de poder confirmar que el magnífico búho real que pude ver la temporada pasada en aquel inaccesible paraje seguía allí mismo, ensimismado en los calores del celo reproductor.

Uhhh- uhhhh-uhhh le decía a la noche. Sigo aquí…decía.

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