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LA BITÁCORA//JCPG

He aquí el anuncio de lo que vendrá. La primavera se instala. El tiempo pasa. Quedan atrás los inviernos, y también Filomena. Es placentero contemplar estos almendros floridos. No es la explosión de color. Es la manifestación misma de la idea del cambio. Al tiempo, que del eterno retorno, de resabio filosófico.

1 Hay en esta tierra una granja pegada a un pueblo. Nada raro, entonces, porque muchas granjas lo están. Más que una granja, son muchas granjas. Es un pueblo de granjeros. La cría de animales constituye la base del sustento. Incluso es el fundamento de la vida del pueblo, al mantener su población en un tiempo poco propicio a las pequeñas aglomaraciones de población. Alguien aprovechó los malos aires de estos tiempos para eliminar el tren; y todavía sigue cortado en Utiel. He aquí la palpable realidad de nuestra política: bajo el inmenso ruido, terremoto lo quieren llamar los medios de incomunicación, se priva a una comunidad de un sistema de comunicación. Un cordón menos con sus congéneres de Cuenca. no se dan puntadas sin hilo.

2. La despoblación, el vaciamiento, términos hoy en boga y utilizados como sinónimo, no son fácilmente aplicables a Fuenterrobles. En la plaza, los viejos toman el sol. Y contemplan a recién llegados, a forasteros. Emprendemos un camino. Un camino a ratos paradisíaco, pues está preñado de almendros en flor. Termina febrero (es el momento en que se escribieron estos apresurados renglones) y, con él, se va también el mejor momento de las flores del almendro, pues pronto empieza su conversión en el almendro destinado a producir el suculento fruto que se recolectará en otoño. Flores blancas, sonrosadas, un ramillete de diversidad colorista, un mar almendrado que se puede contemplar desde la cumbre del Telégrafo, hacia donde nos dirigimos.

Buscando la sencillez y el aire puro, caminamos entre almendros. Entrar bajo las ramas de uno de ellos y abrir los oídos. Es un acontecimiento: el de abejas en manada realizando su trabajo. El ronroneo de las mismas es espectacular. Hay una sensación de satisfacción al oírlas volcadas en la faena. No pararán de hacer su trabajo, nada las detiene. Se queda uno más tranquilo; se prosigue el camino y se sube junto a La Peladilla, atisbando ciertos testigos de un pasado remoto y prominente. El camino es asequible, incluso para un individuo con ciertos problemas como yo.

La tarde está marcada por una temperatura primaveral. La primavera se está abriendo paso, y la flor de los almendros es un contundente aperitivo de la misma. Puede que alguna helada los asuste, pero será ya esporádica en un tiempo que ha acelerado para llegar a las mieles de la segunda estación. Una luz solar esplendorosa protagoniza la tarde. San Juan de la Cruz y Kafka son dos modelos canónicos para lo que hace a la luz y a las sombras de un día. En el Cántico, la luz solar adquiere el carácter de simiente:

“Mil gracias derramado,

pasó por estos sotos con presura,

y yéndolos mirando, con sola su figura

vestidos los dejó de hermosura …”

No voy a revivir ahora a Gregorio Samsa para las partes más sombrías del día. No me incumben las sombras. Prefiero la luz y los olores intensos de las flores y el tímido calor que esta primavera en ciernes nos proporciona.

Caminamos entre enebros y sabinas, mientras dejamos atrás los almendros en flor. Se dice que la madera del enebro es incorruptible, tiene vetas y manchones negros; pero, en general, es de un color amarillento. Este tono áureo ha significado que haya sido utilizada innumerables veces para realizar cruces. Aquí, en esta ladera, el enebro yace en estruendosa concupiscencia con las sabinas.

3. Ahí está la torre del Telégrafo, testigo de una época de cambios, volcada al optimismo, pero plagada de arduos conflictos. Un aspecto de fortificación, eso es lo que tiene. Los enemigos eran los carlistas, en lucha con los liberales instalados en las poltronas de Madrid y de las capitales de provincia. Se construía a conciencia en aquellos tiempos, con cuidado, trabajando cada sillar, incluso preparando las claves en cada vano. A pocos metros, un banco urbano, de los de aposentar los venerables huesos. Hay que tener delito, para transportarlo hasta la ladera de este monte.

4. ¿Será el nuevo tiempo que pregonan los almendros la antesala de una reapertura cultural? En otro tiempo, antes de la pandemia y de sus derivados políticos, Requena tuvo un nervio cultural enérgico. Era una ciudad saludable, con su cine semanal, sus presentaciones de libros, sus conferencias y charlas, sus cursos impulsados desde la biblioteca. Fue llegar el maldito bicho, y todo se torció. Aquí comenzó el asesinato de lo que se estaba convirtiendo en las señas de identidad de una tierra rica, repleta de vino pero llena a rebosar de energía cultural. La pandemia la ha privado de gran parte de su vida.

¿Sólo la pandemia? Una interpretación rigorista de las normas impide cualquier celebración cultural, ni cumpliendo con aforos y normas que son habituales en otras ciudades. Una catástrofe cultural, que significa la pérdida de una identidad ahora únicamente restringida al vino. El crimen se ha consumado y, lo peor, es que la nueva cultura: la de los medios de incomunicación de masas, sacan a la gente de las bibliotecas para encerrarlos ante un ordenador, ante un móvil. La manipulación de masas nunca fue más sencilla de realizar.

5. El crimen no ha podido ser completo. Algo ha sobrevivido. Por ello aún tiene más mérito y sus promotores merecen un aplauso cerrado. Se trata de una impresionante exposición sobre

Hemos dicho lo recomendable que es visitar esta exposición. Nos queda subrayar el enorme esfuerzo, el interés, el conocimiento y la generosidad de la gente implicada en este gran acontecimiento de la cultura

indumentaria masculina hasta los tiempos casi actuales. La muestra es descomunal, por la cantidad de prendas exhibidas, por la extraordinaria información del catálogo, por la calidad de los comentarios que la acompañan en paneles. Podría seguir porque salgo impresionado de ella. Hemos tenido la suerte de ser guiados en la misma por Pablo, quien posee un caudal de conocimientos sobre estas temáticas que lo han convertido ya, siendo tan joven, en un verdadero experto. Dicen que los pueblos son afortunados cuando poseen gentes de valor, por tanto Pablo es un valor muy positivo para esta tierra.

Una exposición así no se improvisa. Cuatro cositas de aquí, dos de allá… Ni mucho menos. Los organizadores han protagonizado una experiencia de conocimiento, de investigación y de exposición sencillamente monumental. El tema tiene tal complejidad que es muy difícil dominarlo si no se entra en profundidad en él. Esto es lo que los organizadores han conseguido. Llevan ya unas cuantas exposiciones de esta naturaleza, pero aquí se adentran en un tema, el del vestir del hombre, muy denso y complejo. Es preciso que la comarca entera pase por Santa María para empaparse de la sabiduría, de la complejidad, de la multitud de elementos que se dan cita en el conocimiento de la sociedad de nuestros abuelos. Nos va una parte de nuestro ser en ello. También hay que cuidar el alma, quizás una de las pocas cosas que merecen la pena en este tiempo.

6. El lector comprueba que, aunque esto se publique en abril, lleva escrito dos meses. Entonces, los almendros empezaban a relucir, el sol campeaba en el cielo derritiendo el invierno y se iniciaba la exposición. Me he tomado unas vacaciones en esto de escribir la columna, porque era necesario y porque, cuando uno tiene pocas cosas que decir, es mejor callar.

En Los Ruices, a 20 de febrero de 2021.

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